EL PUESTO DE LA LENGUA EN LA COMUNIDAD, EL ESTADO Y LA SOCIEDAD CIVIL II PARTE

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Juan Samaja

La Semiótica se presenta, entonces, como la ciencia de un vasto sistema complejo, cuyos fenómenos presentan los siguientes rasgos principales:
i) una índole representacional, es decir, una estructura imputativa entre dos planos mediados por una interfaz interpretante o dominio de validez de una regla;
ii) su estructura jerárquica, por la cual toda significancia se manifiesta fenoménicamente como una relación funcional de parte a todo;
iii) la realización del rasgo de la autosemejanza, en el sentido de los conjuntos fractales (es decir, en todas sus escalas se encuentra una misma operación de significancia;
iv) un carácter evolutivo o histórico formativo, por el cual todo dominio de validez implica un proceso de formación de una comunidad de intérpretes que han construido los encastramientos imputativos; es decir,  de una inicial independencia de sus respectivas formas, han hecho emerger un orden formal que necesariamente implica la supresión, pero también la conservación y la superación de las formas anteriores. Es decir, una operación de Aufhebung.


Ahora bien, ¿cómo se construyen (y aprenden) las reglas de un dominio de validez? ¿Cómo se progresa a un nuevo sistema semiótico? Ya lo he anticipado. Adopto, al respecto, un enfoque análogo al de Piaget en el estudio de las estructuras cognitivas, es decir, no preguntar por el origen absoluto de la semiosis, sino por el paso de un nivel de semiosis a otro de nivel superior. Después de todo, Benveniste mismo ha expresado su adhesión a perspectiva de “la 
arquitectura singular de las partes y el todo”, empleando de manera explícita la metáfora de los “sistemas orgánicos”, como perspectiva de
análisis de los signos (cfr. Benveniste, 1999:I,118).
El estructuralconstructivismo piagetiano tiene razón en este punto: no se ingresa a la lengua ni a ningún otro sistema semiótico por contrato; por sumatoria, o por acoplamiento de partes (por ejemplo, aprendiendo primero palabras,  con su semántica, y luego asociándolos en sintagmas y en frases...). Se ingresa a toda nueva estructura semiótica o cognitiva como resultado de una reconfiguración súbita de alguna otra situación semiótica previa (por ejemplo, el sistema de la semiosis gestual o kinésica, etc., respecto del lenguaje verbal).
Todo nuevo dominio de validez emerge como resultado de la crisis y la desestructuración (desequilibración, dice Piaget) de un sistema previo, y el paso, mediante una reestructuración, con nuevos mediadores comunicacionales... y con consecuencias resignificadoras de los anteriores significados. Es decir, todo sistema semiótico está abierto por su base a una historia formativa que se reproduce en su actualidad estructural.
No hay formación de un TODO por mera sumatoria de partes que existieron previamente en estado de aislamiento. Eso no se puede pensar.
Pero sí es posible pensar que se forma un nuevo todo cuando un todo anterior es destotalizado (y por ende, se abre a nuevas formas de reequilibración posibles) y luego se retotaliza (reequilibra) en nuevas condiciones de existencia y con nuevas propiedades emergentes, pero que conservan al sistema anterior, sólo que suprimido y resignificado.
Como corolario de estas hipótesis diré, entonces, que no se ingresa a la comunicación desde la incomunicación. Se ingresa a la comunicación desde otras formas de comunicación más simples o primitivas. 
Podríamos decir, a modo de sentencia: en el principio fue el Todo; pero el todo se destotalizó y retotalizó tantas veces que fue generando así innumerables totalidades de distintos niveles de integración, por medio de un proceso escalonado (epigenético). En todo sistema semiótico actual, hay una historia olvidada en el que las partes de un viejo todo se separaron, y parecieron vagar a la deriva, aisladamente... Pero estas partes aisladas no fueron un punto de partida, sino una transición hacia un nuevo todo. Las partes (eso que llamamos “partes”) son siempre, parafraseando a Pirandello: “partes en busca de un todo perdido”. Lo que es “parte”, es, por ende, parte de un todo perdido en busca de un nuevo todo que la restituya al mundo de la comunicación.


El puesto de la Lengua en la comunidad, en el Estado y en la Sociedad Civil


La conclusión sobre la cuestión de este artículo está ahora a la vista. En un sentido estricto, la Lengua es la semiótica inherente a las comunidades primitivas. En ellas, la lengua ocupa el más alto puesto en la jerarquía de las macrosemióticas conquistadas y allí ella es el principio organizar mitopoético de la cultura, tal como lo descubrió J.B. Vico. Pero, cuando las formaciones sociales ingresan al modo de existencia estatalizado (civilizado), la lengua queda suprimida,
conservada y superada en la semiótica escritural. La primacía en la producción de significancia la ejerce ahora la escritura, la letra o, en un sentido más amplio, los códigos registrales. “Lo que no existe en autos –reza una máxima jurídica- no existe en la tierra, ni en el cielo, ni en parte alguna.”


Es común seguir pensando que el órgano comunicacional, por antonomasia, es la lengua, porque ella nos sigue acompañando en la mayoría de nuestras actuaciones comunicacionales. Pero, con igual razón podríamos decir que esa primacía le toca a la gestualidad y a la kinésca, porque, a la postre, nuestro cuerpo y nuestros gestos siempre nos acompañan (y nos acompañarán). Sin embargo, basta enfrentar cualquier trámite cotidiano en un aeropuerto para constatar que esa supuesta primacía es sólo una forma residual de analfabetismo. La lengua es una de la muchas semióticas suprimidas, conservadas y superadas en la escritura, tal que un pasajero que no hable una lengua de uso entre los agentes aeroportuarios, podría perfectamente pasar todos los trámites, si los códigos registrales son satisfechos. Y, por la contraria, no lo lograría en una situación invertida, a saber, hablando una lengua perfectamente
entendida, pero sin las emisiones registrales apropiadas que documenten su situación: si el pasajero no está registrado, no vale ninguna proferencia verbal en contrario.
En una comunidad hablante, oral vale decir: “yo soy fulano”. En una transcomunidad estatal, no vale decir lo mismo si no lo acompaño con un documento. El dominio de validez de la palabra queda suprimido, conservado y superado en el dominio de validez de la letra documental. Aunque los grandes lingüistas no parecieran advertirlo, la Lingüista que cultivan no  es una producción lingüística, sino transligüística.
No hay reflexión ni teorización oral. Sólo puede haber teoría de objetos textualizados, escrituralizados, es decir, transpuestos al código de la letra documental. Sólo así pueden valer las virtudes teóricas de la coherencia  lógica y la exhaustividad. 
Pero, algo enteramente análogo ha comenzado a suceder hace ya algunos siglos con la escritura, aunque no lo advirtiéramos: ella, ha sido suprimida, conservada y superada en la semiótica de los objetos diseñados. La industria del libro (junto con todas las demás industrias que ha creado el mundo de la Sociedad Civil o Sociedad Burguesa) ha producido algo enormemente más complejo que la letra documental. El dominio de validez de los signos dominantes
ha dejado de ser la letra registral, para ser ahora el de la operación universal de las técnicas. El mismo ejemplo dado anteriormente sobre el trámite aeroportuario sólo queda completo si se le agregan las operaciones semióticas de las tecnologías comunicacionales dominantes (la telemática, entre otras).
Lo que he llamado “la macrosemiótica de la vida societal” o “de la operación universal de las técnicas” es un acontecimiento tan reciente, tan envolvente, tan omnipresente... que aún no llegado a ser percibido y objetivado lo suficiente como para merecer un esfuerzo científico especializado. No digo que no haya
descollantes intelectos que lo hayan presentido y proclamado, con mayor o menor claridad. Pero, si los hay (¡y los hay!) son pocos y siguen siendo aún “voces que claman en el desierto”.
La ignorancia de esta situación se pone de manifiesto en hechos como el reciente Congreso de la Lengua, celebrado en la ciudad de Rosario, en Argentina. El foco de la atención  de la frase de convocatoria estuvo centrado en la Lengua, pero el verdadero objeto dominante del evento fue el de la industria del
libro y de la literaturalidad. La llamada “lengua española” a la cual se cree celebrar, es en verdad un nombre que encubre a la Literatura de los países que tienen a las letras castellanas como código documental oficial, y que por esa razón, poseen un mercado cautivo de crucial interés para la circulación de los libros que produce la industria literaria. 


La ciencia Semiótica tiene, entre sus muchas tareas pendientes, una cuya importancia corre pareja con su enorme dificultad para recortar su objeto y definir sus rasgos semióticos particulares: la macrosemiótica de la operación universal de la técnica o de los objetos diseñados. Las mismísimas ciencias positivas y el
vasto mundo de las experiencias literarias son semióticas particulares de este nuevo género semiótico, inherente a las sociedades científico- técnicas.
Entre tanto, las lenguas no sólo existen como formaciones semióticas suprimidas, conservadas y superadas en el contexto de las dos macrosemióticas posteriores a las sociedades gentilicias, sino, también existen como formaciones supervivientes y marginales a la historia oficial de las sociedades civiles dominantes. 
Simultáneamente con el Congreso de la Lengua, sesionó en la misma ciudad de Rosario, otro bajo el nombre “Congreso de las Lenguas”. Obligadamente, dicha convocatoria no podía menos que inducir en los convocados planteos reivindicatorios asociados a los procesos político-sociales por los cuales la llamada
“Lengua Española” era la pantalla tras la cual se ocultaba el vasto conjunto de comunidades hablantes avasalladas por una cierta formación estatal (el Imperio Español) y, posteriormente, olvidadas por el mercado globalizado. En este artículo he querido aportar una conceptualización teórica a la comprensión de esta
cuestión político-social en la perspectiva de una Semiótica General, dialécticamente concebida.


Bibliografia 


Benveniste, Emile Editorial siglo XXI. México DF. 1999. Greimas, Argildas J. En torno al sentido. Ensayos semióticos. Editorial Fragua. Madrid. 1983.
Greimas, A.J. y Courtés, J. Semiótica. Diccionario razonado de la teoría del lenguaje. Editorial Gredos. Madrid. 1990.
Hjelmslev, Louis Prolegómenos a una teoría del lenguaje. Editorial Gredos. 1980.
Gellner, Ernest El arado, la espada y el libro. La estructura de la historia humana. Ediciones Península. 1994.
Piaget, Jean Estudios Sociológicos. Editorial Ariel. Barcelona. 1977.
Samaja, Juan Proceso, Diseño y Proyecto. Editorial JVE. Bs. As. 2004
Saussure, Ferdinand de Curso General de Lingüística. Editorial Losada. Buenos Aires. 1957.
Searle, John Actos de habla.Editorial Cátedra. Madrid.1990.

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Sección
Articulos Cientificos