HONRAR LA VIDA. Comentario del film “Ciudad de Dios”

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Susana Hidalgo

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La película Cidade de Deus traducida como Ciudad de Dios fue dirigida por Fernando Meirelles, en Brasil,  está basada en la novela del mismo nombre escrita por Paolo Lins quien a su vez se basara en hechos reales. Se estrenó en 2002 y fue galardonada con 48 premios y 21 nominaciones.
Los protagonistas son presentados en una situación actual, luego un flashback retrocede tres décadas para relatar sus vidas estrechamente ligadas al espacio en el que transcurren: la favela llamada Ciudad de dios.
El flashback se inicia a fines de los 60, y avanza por capítulos titulados. Esta estrategia narrativa permite que el espectador conozca y vaya tramando las historias de los personajes principales. Para empezar, se nos presenta al "Trío Ternura ” formado por  Cabellera, Alicate y Pato, quienes  asaltaban y saqueaban  tanto a camiones de gas como a desprevenidos clientes de un hotel alojamiento. Eran acompañados por un grupo de chicos: Daditos hermano y admirador de Cabellera, inspirado en él sueña con ser el criminal más peligroso de Río de Janeiro,  lo sigue su inseparable amigo de Bené ,  también lo acompaña Cohete: hermano de Pato y  contrapunto de Daditos, quien observa a los duros de su barrio sin involucrarse en sus robos, peleas y enfrentamientos diarios con la policía, él sueña con ser fotógrafo y de hecho es a través de su mirada y de su voz que conocemos  la vida, el amor y la muerte de los personajes que la película nos muestra.
Con el tiempo y corriendo ya los 70, el Trío Ternura se deshace, pues Cabellera se enamora y apuesta a escapar de la favela, proyecto que se trunca al ser asesinado en una emboscada,  Alicate se hace religioso y Pato quien, bajo la influencia  de su padre, había empezado a trabajar honradamente con él, es asesinado por Daditos. De esa manera los inseparables Daditos y Bené crecen y se empoderan perpetrando crímenes, violaciones y robos. Daditos llega a ser líder de su propia banda y en el camino de realizar sus ambiciones descubre que el tráfico de cocaína es muchísimo más rentable que el robo.  Así, llega a monopolizar el comercio de droga en la favela después de matar a todos los dueños de locales de venta, exceptuando el de Cenoura, pues es amigo de Bené. La organización de esta actividad permite al  director mostrarnos el surgimiento y "modus operandi" del negocio de la droga a gran escala.  Por su parte Cohete sigue estudiando, trabaja de vez en cuando, y  se las arregla para caminar por el borde que separa el crimen de la vida legal.
A principios de lo 80, tras unos intentos de robo fallidos, Cohete  consigue la cámara fotográfica anhelada en su infancia. Daditos también realiza su sueño: a los 18 años es conocido como Zé Pequeño, el narcotraficante más temido y respetado de Río. Su palabra es ley en Ciudad de dios. Rodeado por sus amigos de la infancia y protegido por un ejército de niños de entre 9 a 14 años, nadie le disputa el poder. Hasta que aparece Manu Galinha: un cobrador de autobús que fuera testigo de la violación de su novia, que ha decidido vengarse matando a Zé Pequeño. Con el correr de la noticia y por la misma voluntad de venganza, rápidamente cientos de niños se alistan en un ejército armado que persigue idéntico propósito. Así estalla la guerra sanguinaria entre las dos bandas en Ciudad de dios. 
Los medios de comunicación, más ávidos por vender que por informar, han privilegiado en sus notas la acción de la banda de Manu Galinha, provocando los celos de Ze Pequeño, quien entonces se deja fotografiar por  Cohete junto a los cabecillas de su banda.  Las fotos son robadas por una reportera de periódico  y resultan la noticia principal  de los medios que buscan lucrar con la violencia desatada en la favela. 
En el cierre el director anuda los hilos narrativos y nos informa el destino final de los personajes. Ze Pequeño es asesinado por un grupo de niños que pasean, ríen y charlan por la favela a con armas poderosas.

Apuntes para pensar la película Ciudad de Dios


La película consiste en el despliegue de su primera escena. Se trata de un episodio cotidiano, una encerrona en la que uno de sus protagonistas  (Cohete el fotógrafo) - cercado entre bandas enemigas y la policía- nos cuenta que en Ciudad de dios, si corres para un lado te matan, pero si corres para cualquier otro, también te matan. Este  incidente puntual, revelador de una ineludible lógica perdedora, es el nudo que testimonia las condiciones de vida en la favela y permite presentar el dilema y la “milagrosa” solución que el film plantea en términos de: ¿Cómo vivir allí y salvarse?
Nuestro protagonista se salva. Se salva a partir de un acto que parece mágico, de realismo mágico, pues en un instante, un flash milagroso, una foto descomprime y resuelve una tensión en la que se juega, literalmente, toda la vida. Pero ese acto, no es milagroso, es un preciso montaje, que al desmontarse permite desentrañar cómo se llegó a esa foto y a ese brete. 
Ese desmontaje exige al relator “hacer historia”, contar otras historias que se encadenan: Hechos que  funcionan unos como motor de otros; deseos que apenas dichos, pasan al acto y van revelando una  lógica dual de acción-  reacción, de dominación- venganza.
Como espectadores, organizamos la historia en dos tiempos (infancia y adolescencia) y en dos personajes antagonistas: Cohete y Daditos o Tzé  Pequeño. Se parecen en que residen en la misma villa, son y anhelan ser reconocidos por su inteligencia. Sus hermanos mayores –Pato y Cabellera-  son delincuentes. Se distinguen en que  representan opciones contrapuestas de vida, a conjugar con otro rasgo diferencial que en tal caso asumiría una importancia decisiva: Pato preserva a su hermano y aunque se burle del valor que el padre concede al trabajo, estimula al hermano, como el mismo padre lo hace, a estudiar, trabajar y  mantenerse alejado  del delito. No hay referencias de vida familiar para el caso de Cabellera  y Daditos, pero es notorio el valor que ambos atribuyen a la hombría, virtud que  al servicio del delito constituye el único camino para conseguir lo más valorado: dominio, dinero y reconocimiento. Esta valoración vacilará y se estrellará para Cabellera cuando seducido y auxiliado por una mujer advierta, intente y pierda la posibilidad de otro camino, una familia lejos de la villa. La narración nos presenta lo que fue de Cohete y Tzé Pequeño una vez muertos sus hermanos, y no es un dato menor que este último mate al hermano de Cohete, pues toda la película insiste en el tema de luchas y venganzas  fratricidas como motor de esa violencia cebada, circular, que evoca la zaga de Padrinos de Francis Ford Coppola. 
Entonces, estas dos historias que parecen ofrecer posiciones subjetivas complementarias o alternativas, referidas una a la otra en sus semejanzas y en sus diferencias, atraen la mirada psicoanalítica, ya sea que se interese en deducir sobre los hechos consumados, o qué intervenciones tuvieron fuerza determinante en cada caso, o bien que se interese en anticipar  las intervenciones que hubieran evitado su consumación. Es desde esta perspectiva preocupada en discernir y calcular la intervención eficaz, aquella que pueda tener fuerza de cambio,  que retorna el problema y la solución que el film plantea ¿Cómo vivir allí y salvarse? 
Conviene, en esta vuelta, advertir y aclarar la redundancia implícita  que hay en esa pregunta: pues si salvarse no es simplemente continuar existiendo, tampoco vivir puede ser reducido a la subsistencia del cuerpo o a la residencia en algún lugar. De modo que salvarse incluye vivir y agrega a ese vivir una serie de valores: estar asegurado en algún punto, haber vencido dificultades, riesgos y dolores, haber retenido algo de una pérdida inevitable, haber enmendado errores, incluso haber sabido pelear, huir o fingir cuando era necesario. Valores que dan sentido personal a una existencia, o como lo dice  Winnicott valores que hacen que alguien sienta que la vida vale la pena de ser vivida, que es honorable, digna de ser vivida.
Con esta aclaración podemos fijar la mirada en la cuestión práctica y ética del fin de un tratamiento en relación con cierta idea impuesta y convencional de salud. Winnicott no admite que tal idea -o ideal- se centre en el  levantamiento de síntomas o la eliminación de penas, sino más bien en “salvar” la vida de cualquier maquinaria pulsional o social que la reduzca al acatamiento, sea como reacción compulsiva o como obediente adaptación de órdenes ajenas. 
En el marco de estas reflexiones quisiera sugerir algunas ideas en torno a  tres temas que fueron objeto de controversia entre analistas de niños, y que son cuestiones medulares de la película. 1) Qué es un niño, 2) qué es jugar y 3) qué es, y qué función cumple, el ambiente en la constitución subjetiva y en la construcción de la realidad.
Desde cierta perspectiva psicológica (Ana Freud, 1926) se ha sostenido que el niño es –respecto del adulto- un ser deficitario, pues carece de la conciencia moral que le permitiría regular sus tendencias en consonancia con las normas externas que estipulan lo que está bien y mal. Esa carencia debe ser “ortopédicamente corregida” por los adultos que lo auxilian en su crecimiento, quienes deben funcionar como “la ley” hasta tanto se internalicen las normas y valores compartidos por su grupo cultural inmediato. Mientras tanto, el niño, al jugar repite y ejercita roles que desempeñará luego como adulto. Desde esta perspectiva, podemos pensar que la mayoría de los niños de Ciudad de dios se adaptan, comprenden y reproducen los valores compartidos por su comunidad. 
El punto de vista opuesto (Melanie Klein, 1927) considera que no hay grandes diferencias entre niños y adultos, pues el conocimiento de lo que está bien y lo que está mal es arcaico, ya que bueno y malo son atribuciones derivadas de experiencias pulsionales satisfactorias  y frustrantes  al comienzo mismo de la vida. Melanie Klein instruida por el juego de sus pequeños pacientes, deduce que mucho  antes de que la voz de la conciencia haga oír desde el interior sus críticas, denuncias y recriminaciones, un superyó temprano ejerce una influencia muda y feroz que obliga a realizar actos violentos y destructivos,  que colocan al yo en situación de padecer y necesitar castigos igualmente violentos y destructivos. Esta instancia, es -en su núcleo radical e indestructible- pura pulsión de muerte, y lejos de ser adaptativa o contrapuesta a las tendencias antisociales, las encarna, las ordena. Acceder a la responsabilidad personal, al establecimiento de lazos sociales y a lo que se nombra como adaptación a las normas, exige el dolor de aceptar como propios deseos sádicos de destrucción. Los juegos de dominación, los cuentos infantiles clásicos, las pesadillas y pavores infantiles expresan y tramitan singularmente esos deseos fundantes del psiquismo humano. Klein no especificó la colaboración del ambiente en este proceso aunque dio dos indicaciones, uno: el pasaje de la primacía de Tánatos a la de Eros tiene como precondición el aporte real de un objeto bueno, salvado y preservado del sadismo; y dos: si bien un ambiente realmente cariñoso y comprensivo no impide la virulencia de las fantasías y actos sádicos, un ambiente materialmente desfavorable, sanciona y retroalimenta las compulsiones e impide el acceso al dolor, la culpa y los lazos libidinales. Desde esta perspectiva, la mayoría de los niños de Ciudad de dios están apresados en un círculo vicioso, porque  las exigencias pulsionales superyoicas les generan excitación y angustia, los fuerzan a aniquilar realmente su mundo y retorna a ellos como venganza, generándose más angustia y nuevos ataques defensivo- destructivos. 
Winnicott, desde una tercera posición,  niega que cualquier  preexistencia, cultural o pulsional -o su interacción- sean determinantes.  Rechaza la idea de pulsión de muerte, ubica la raíz de toda agresión en la vida misma e imputa a un persistente fracaso ambiental, todo lo que a Tánatos se le atribuye. Este fracaso en la adaptación del ambiente a las necesidades del crecimiento, en momentos cruciales del desarrollo psíquico, activa mecanismos reactivos muy tempranos que impedirán a quien los padece, abastecerse del mundo, crear y abrir la zona de juego que permite fundar, diferenciar y mantener separadas y articuladas la realidad psíquica interna y la realidad exterior. De ocurrir esto, resulta superfluo  pensar la diferencia niño – adulto por un lado o definir el juego como ejercicio de roles o como expresión de fantasías pulsionales, por otro; pues lo importante es la instalación y vigencia de la zona en la que es posible jugar y crear.
Winnicott la llama transicional y la caracteriza como neutral  -libre de ataques por su posesión o dominio, ni de uno ni de otro-, se trata de un espacio saludable, donde es posible compartir el placer, alojar y guardar experiencias específicamente humanas: el jugar,  la amistad, la invención artística, científica y el hacer cultural. Zona donde la vida adquiere un sentido personal y un valor social. 
Elijo esta perspectiva para observar en la película lo que hacen los niños ¿repiten roles adultos o actúan singularmente universales fantasías sádicas? ¿Eso que hacen puede considerarse experiencia o es acatamiento a imposiciones? Tal vez deberíamos concluir que es la zona de experiencia lo que parece precisamente erradicado de Ciudad de dios. Sin embargo hay allí amistad, el anhelo de amor, el dolor por la muerte de seres queridos, el baile, está la foto… y eso que hacen los chicos con sus armas en ese borde extraño, en ese puente endeble, vacilante sobre el abismo de la muerte. Eso que hacen ¿puede llamarse juego? ¿Juegan a ser hombres, a ser grandes? ¿Son sólo niños solos, atrapados en un juego aterrador? ¿O como dice uno de ellos son hombres definidos por la arrogancia de sus actos: fumar, drogarse, fornicar, matar; hombres excluidos por siempre de la zona en que es disfrutable ser niño y jugar? 
Efectivamente, Tzé Pequeño exhibe un  personaje huérfano de experiencias hogareñas, haciéndose a sí mismo, de su propio deseo de vengarse de la peor de las ofensas: ser tratado por chicos apenas mayores, como un niño; la degradación que siente por ese tratamiento, lo lleva a idealizar, no a los adultos –seres insignificantes- sino al Hombre con mayúsculas, sinónimo de grande y todopoderoso. Ese ideal, construido por negación y en oposición al sentimiento de su minúscula existencia, lo arroja al vértigo de múltiples asesinatos que lejos de procurarle placer o culpa, potencian una excitación megalómana que reivindica el sentimiento de estar vivo, de ser dueño de su vida… de todas las vidas. Para que esta apropiación forzada resulte satisfactoria es preciso aniquilar penas y miedos y exaltar al triunfo como valor superlativo, permanente y absoluto. Así la vida se vive en el borde mismo que la separa de la muerte y se siente en la adrenalina, en los sobresaltos, en las conmociones, en los humores que el riesgo o las drogas promueven. Desalojada de la zona neutral, que es su lugar de residencia, la vida se atrinchera y resiste en un  implacable, en un incesante, en un necesario campo de batalla.
Y entonces otra vez ¿Cómo vivir allí y salvarse?, pero para sintonizar ahora el ‘’allí”, que suena como un lugar muy lejano del aquí, donde habitaríamos los que tuvimos la suerte de salvarnos de esa guerra enloquecida y atroz.  
Pero es que esa guerra, de la que hay pocas posibilidades de mantenerse neutral, ¿sólo se da allí? Podría ser que esa guerra no sea más que la amplificación de un estado larvado y amenazante siempre activo en lo más recóndito del psiquismo humano y en lo más acusado de la vida social.  Quizá ese allí, mantenido a la fuerza lejos  del yo y del mi, lejos en el tiempo, en otra geografía, en otro contexto económico- social, o en las profundidades de lo inconsciente, deba ser pensado como lo más íntimo y lo más próximo. Y entonces no haya tanta diferencia entre las leyes que la película plantea, idénticas a las que nos mostró Francis Ford Coppola en sus Padrinos, y las leyes de nuestro consumido sistema global que tiene como valores supremos de salud, bienestar e inclusión cultural a la acumulación de dinero como modo de acopiar poder y monopolizar la dominación.
En algún sentido todos vivimos en Ciudad de dios y la cuestión que el film plantea es válida para todos ¿Cómo vivir aquí y salvarnos? Esto más allá de lo inquietante, alberga una esperanza: la favela, el sistema o la pulsión de muerte pueden ser, pero no son necesariamente el ambiente, éste se define como intervenciones específicas tendientes a facilitar la percepción objetiva del mundo, capaces de sobrevivir a la destructividad que esa percepción genera. Logrados estos objetivos es posible, pese a la globalización y a Tánatos,  tener ese mínimo margen de elección que nos permita  sacar una foto o sentir que la vida vale la pena.

BIBLIOGRAF IA
Klein, M.
(1983) (1927 ) “Simposium sobre análisis infantil” en Obras
Completas Tomo II Editorial Paidos.
_______ (1983)(1933) “El desarrollo de la conciencia temprana
en el niño” en Obras Completas. Tomo 1. Editorial
Paidos.
_______ (1983) (1929) “La personificacion en el juego de
los niños” en Obras completas. Tomo II. Editorial
Paidos.
Winnicott, D
(1971) Capítulos 2 y 3 en Realidad y Juego. Barcelona Reimpresión.
Buenos Aires. Guedisa. 1986.
__________ (1998) (1956) “La tendencia antisocial”
en Deprivación y delincuencia. Editorial Paidós.
Segunda Edición. Barcelona. México. Buenos Aires
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Curriculum del autor/a

Susana Hidalgo

susanahidalgo56@gmail.com

Licenciada en Psicología. Docente Cátedra Psicoanálisis Escuela Inglesa I de UBA. Docente Cátedra Psicología CBC. Investigadora en distintos Proyectos de UBACyT sobre Deprivación y Delincuencia. Adicciones, Duelo y época, entre otros. 
Coordinadora de encuentros de dialogo entre manifestaciones culturales y psicoanálisis.