REVISIÓN DE NOVEDADES BIBLIOGRÁFICAS PSICOANALISIS Y GENERO. Escritos sobre el amor, el trabajo, la sexualidad y la violencia

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Resumen

El texto del que nos ocupamos en este volumen de Diagnosis, Psicoanálisis y género. Escritos sobre el amor, el trabajo, la sexualidad y la violencia, es producto de una compilación hecha por Irene Meler de trabajos realizados por especialistas en el tema: Facundo Blestcher, Mabel Burín, Pilar Errázuriz Vidal, Ana María Fernández, Irene Fridman, Eva Giberti, Irene Meler, Martha I. Rosenberg, Débora Tajer y Juan Carlos Volnovich. Está prologado por Irene Meler, quien reflexiona sobre el carácter interdisciplinario del campo, que se nutre de los aportes de distintas corrientes psicoanalíticas que dialogan con los feminismos, y de disciplinas como la antropología, la sociología, la filosofía -entre otras-. Señala que este debate “constituye un magma” que enriquece las diferentes producciones. En este espíritu de enriquecimiento mutuo cada artículo del libro está seguido por un comentario realizado por otrx participante, con excepción del trabajo de Eva Giberti, por ser la descripción de un programa de asistencia a víctimas de violencia. En el prólogo, Meler señala que existe un núcleo de supuestos teóricos compartidos: el carácter socio-histórico y contingente de las subjetividades y el compromiso político de lograr la paridad de género deconstruyendo las jerarquías sociales construidas en torno a las diferencias sexuales.


Facundo Blestcher inicia el libro con su trabajo sobre “Infancias trans y destinos de la diferencia sexual: nuevos existenciarios, renovadas teorías”. Señala la necesidad de replantearse las hipótesis freudianas en torno a la sexualidad porque están impregnadas de un recorte cultural producido por un imaginario socio-histórico. Cuestiona la centralidad de la diferencia sexual en las teorías sexuales del psicoanálisis y refiere que la teoría de la castración ha sido elevada como pilar estructural de la conformación del sujeto; de este modo el reconocimiento de la diferencia de los sexos se convierte en decisivo para posicionar al sujeto en relación a la castración. Debate acerca de la reflexión foucaultiana de pretender establecer un sexo verdadero y la insistencia en la patologización de los procesos de sexuación que contradicen los socialmente establecidos. Plantea la puja entre dos posturas antagónicas en el psicoanálisis, un estructuralismo ahistoricista y un relativismo historicista que conducen a un callejón sin salida. Propone que es necesario diferenciar la teoría psicoanalítica de la sexualidad y las teorías sexuales infantiles. Revisa los sistemas clasificatorios. Sugiere seguir a Silvia Bleichmar cuando diferencia entre producción de subjetividad y constitución del psiquismo. Señala la necesidad de deconstruir los reforzamientos teóricos del binarismo, al que considera “una distinción material y simbólicamente producida en función de discursos que la construyen como diferencia”, la cual se expresa en representaciones sociales de lo femenino y lo masculino en cada período histórico. Asimismo, sostiene que este punto plantea las mayores “disputas epistemológicas, políticas y éticas”. Plantea la necesidad de resituar las problemáticas de la constitución sexual infantil para comprender los fenómenos clínicos. Ubica la identidad de género como correspondiente a la tópica del yo. Sostiene que “la asunción de género como elemento estructurante opera con anterioridad al reconocimiento de la diferencia anatómica de los sexos y queda resignificada cuando se produce su inscripción”. Propone examinar las teorías sobre la conformación de la identidad sexual en la infancia evitando su ideologización, a fin de comprender las diversidades sexuales sin patologizarlas. Analiza el transexualismo y el travestismo infantil. Diferencia los travestismos infantiles primarios y secundarios distinguiendo los casos en los que se trata de una restitución ante una falla en la organización del yo y los que son producto de una estabilización identitaria. Sostiene la necesidad de deconstruir aquellos contenidos teóricos que garantizan la dominación de la figura paterna. Cuestiona categorías como Nombre del Padre y Ley del Padre para poner eje en la “función terciaria que impone al adulto la renuncia a la apropiación gozosa del niño”. Finaliza con una reflexión sobre la ética del analista y su posicionamiento frente a los nuevos problemas que nos plantea la clínica.


El trabajo de Facundo Blescher es comentado por Débora Tajer.


Continúa Mabel Burín con su trabajo “A veinte años del Foro de Psicoanálisis y Género: mis aportes a la construcción de un campo complejo”. La autora realiza una mirada crítica sobre avances, marchas y contramarchas de su producción intentando articular los temas a los que se ha dedicado en los últimos veinte años. Aborda cuestiones sobre la salud mental de mujeres, tales como el vínculo madre-hija, utiliza el concepto “muro de cristal” para dar cuenta de las problemáticas existentes desde una perspectiva de género en este vínculo. Reflexiona sobre lo que describió como “malestar” a fin de referir “estados depresivos en mujeres de mediana edad asociados al desempeño de roles tradicionales del género y a la prescripción y consumo abusivo de psicofármacos”. Se refiere a su investigación sobre salud mental masculina en relación con las crisis de masculinidad, generadas por la precariedad y exclusión laboral. En cuanto a la inserción laboral femenina analiza, desde las categorías “techo de cristal” y “laberintos de cristal”, los conflictos que atraviesan las mujeres en su trayectoria. Puntualiza observaciones sobre formas de inclusión juveniles por fuera del ámbito laboral en movimientos sociales. Sostiene que hay mucho por hacer y señala la deuda que existe en relación con la investigación sobre la construcción de las subjetividades diversas.


El artículo de Mabel Burín es comentado por Pilar Errázuriz Vidal.


Prosigue el trabajo de Pilar Errázuriz Vidal, “Una mirada a la historia desde una perspectiva de psicoanálisis y género. Algunos trámites pulsionales de hombres y mujeres en la Edad Media europea”.La autora comienza citando a los historiadores franceses Duby y Perrot, quienes sostienen que las mujeres se las han ingeniado a lo largo de los siglos para situarse como sujetos de la  historia, a pesar de la inequidad. Se pregunta por el contexto que les permitió desarrollar sus deseos de poder y saber, a pesar de la dominación masculina. Errázuriz Vidal infiere de estudios históricos, antropológicos y arqueológicos que la división sexual del trabajo en el Neolítico en Europa permitía la participación activa de la mujer en actividades sociopolíticas. Esta participación habría disminuido con la instalación de grupos patriarcales seminómades entre los años 4500 a 2500 a.C. La patrilinealidad se habría generalizado en Europa hacia el año 1100 a.C. La subsunción progresiva de las mujeres al Sistema Simbólico Patriarcal obligó a reprimir pulsiones pero no las suprimió. Desde esta perspectiva indaga el lugar de la mujer en la alta Edad Media en el marco del cristianismo y los modos de resistencia a la dominación masculina. Asimismo analiza la amistad homoerótica entre los varones, permitida primero y perseguida cuando se consolida la dominación de la Iglesia Católica en el siglo XIV, exaltando la institución de la familia, reforzando el mito del amor romántico y promoviendo el amor heterosexual. Sostiene que la homosocialidad perdura hasta nuestros días en diversas formas de complicidad entre varones. A lo largo del texto enlaza desarrollos psicoanalíticos con datos históricos para argumentar sobre sus hipótesis.


Refiere que en la primera mitad del siglo XX las mujeres recuperan la palabra y los deseos de poder. Sostiene que el colectivo de mujeres es un sujeto indiscutible de la historia pero se lo ha invisibilizado en los documentos, relatos y enseñanzas, y que presenta facetas de construcción de subjetividad política y deseante. Finaliza señalando que “corresponde al psicoanálisis dar testimonio de la subjetividad sustantiva de las mujeres (…) especialmente del deseo hostil, del deseo de saber y del deseo de poder –como sostiene Mabel Burín–” y que “corresponde a los y las historiadores/as (…) visibilizar los momentos en que las mujeres han demostrado los aspectos deseantes de su subjetividad”.


El trabajo de Pilar Errázuriz Vidal es comentado por Mabel Burín. 


Ana María Fernández presenta “Las lógicas sexuales actuales y sus com-posiciones identitarias”. Trata sobre los desajustes que se observan en el orden sexual moderno preguntándose por las “naturalizaciones heteronormativas respecto de la sexualidad”. En esta dirección formula la pregunta que guía su trabajo: “¿Es posible establecer articulaciones entre las lógicas colectivas referidas a la sexualidad hoy en aceleradas transformaciones y las lógicas de la sexuación, específicas del psicoanálisis?”. Destaca la utilidad de haber realizado un análisis crítico de la “categoría diferencia sexual” para poder pensar en la “categoría diversidades”,  resaltando sus implicancias clínicas, políticas y éticas. Cuestiona la operatoria que define la identidad sexual por el rasgo dado que se accionaría en el orden del ser. Sostiene que en la primera modernidad las lógicas colectivas de la sexualidad han operado en clave identitaria, binaria y jerárquica. Expone la relevancia de distinguir entre “existenciarios” e “identidades”, “estoy” versus “soy”. La tensión que predomina es “ser-estar” en lugar de “ser-tener”. Analiza las formas actuales de configurar los existenciarios de las minorías sexuales y el deslizamiento a lo que Paul Preciado llama “multitudes queer” como modo de construcción política.  Interroga acerca de la riqueza de preguntarse desde las diversidades más que desde la diferencia y considera que “los psicoanálisis se encuentran inmersos en estas dificultades tanto en sus abordajes clínicos como en la eventual revisión de sus categorías conceptuales y de sus fundamentos epistémicos”.


El trabajo de Ana María Fernández es comentado por Martha I. Rosemberg.


Irene Fridman continúa con su artículo: “Mujeres y varones frente a las condiciones políticas del amor. Entre la autonomía y la soledad”. La autora alude a mujeres heterosexuales de sectores medios urbanos. Señala los cambios que se han producido para estas mujeres a partir de la segunda ola del feminismo, como producto de la interpelación a la construcción subjetiva de la femineidad en el orden simbólico. La revolución feminista desnaturalizó los modos esperables de la femineidad y la masculinidad, impactando en la construcción mujer/madre, visibilizando la violencia de género, permitiendo el acceso de la mujer al mundo económico, a la Academia y a la política. Sin embargo, señala, no se ha logrado la misma equidad en las relaciones amorosas entre los géneros. Esta situación se percibe en el sufrimiento expresado por algunas pacientes en tratamientos psicoterapéuticos en cuanto a las relaciones sin compromiso así como a sentimientos de soledad; se observan efectos depresógenos que exceden la historia personal. Refiere que el campo de las relaciones sexo-amorosas entre géneros está regido por relaciones de poder y, mientras la mujer tiene tendencia a constituirse como ser para el otro, los varones se constituyen como  ser para sí.Se pregunta qué sucede con la puesta en práctica de las capacidades amorosas y el modo en que la diferencia por género lleva a que las mujeres sean explotadas  extrayendo plusvalía, la cual es naturalizada y desmentida.


El trabajo de Irene Fridman es comentado por Irene Meler.


Eva Giberti  presenta “Violencia denominada familiar: equipos móviles que actúan en urgencia y emergencia. Modificaciones en la subjetividad de sus profesionales”. En este trabajo la autora describe el funcionamiento de un equipo del programa “Las Víctimas contra las Violencias”, del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, que se crea en marzo de 2006. “La filosofía del Programa postula, como horizonte utópico, la emancipación de las víctimas en relación con las violencias padecidas y reconoce a las mujeres ejerciendo el poder de la palabra” cuando solicitan auxilio. Resalta la importancia de la preparación específica de las mujeres que conforman el equipo, la necesidad de reconocer a la víctima como ser humano y rescatarla del oprobio. Profundiza en la ética del cuidado. Analiza el concepto de “affidamento”, diferenciándolo  de sororidad, utilizándolo para dar cuenta del proceso del trabajo en terreno con víctimas de violencia familiar.


A continuación Irene Meler  presenta “Relaciones amorosas en el Occidente contemporáneo: encuentros y desencuentros entre los géneros”. La autora refiere que las relaciones amorosas ocupan un lugar central en la vida de los sujetos, existiendo una gran variabilidad social y subjetiva, pero amor y dominación han estado siempre vinculados. “Esta asociación entre amor y dominación ha sido el eje de la crítica feminista respecto de lo que fue caracterizado como la mistificación del amor, y considerado como la argucia suprema del patriarcado para establecer la dominación masculina sobre las mujeres”. Analiza esta asociación entre amor y dominación en la Antigua Grecia, en el amor cortés y  en el amor romántico. Se interesa por la propuesta de Anthony  Giddens acerca de la tendencia de los sujetos hacia la reflexividad y lo que denomina “sexualidad plástica” que permitiría relaciones amorosas más igualitarias. Pero no pierde de vista las teorías feministas inspiradas en el socialismo que marcan la relación entre deseo y poder con sólidas bases materiales. Utiliza este marco para reflexionar sobre “observaciones clínicas e investigaciones sistemáticas sobre relaciones amorosas, la constitución de familias, sus cismas y recomposiciones”. Se refiere a la ilusión amorosa y el desencuentro actual, sosteniendo que la construcción deseante se transforma lentamente y arrastra huellas transgeneracionales profundas. Se necesitan varias generaciones para la elaboración de otros guiones eróticos. Analiza los modos de posicionarse frente a las relaciones amorosas de varones y mujeres. Considera que estamos frente a “un conflicto entre las necesidades de apego y el carácter evanescente y errático del deseo erótico”. Se interroga sobre la posibilidad de instituir amores compartidos dado que disponer del amor de la pareja con exclusividad es una aspiración en la que participan varones y mujeres. Analiza alternativas y formas de divorcialidad. Señala que en la posmodernidad se constituyen subjetividades menos polarizadas en torno al género, lo cual favorecería la autonomía. Reflexiona sobre el surgimiento de “identidades líquidas y deseos nómades” sosteniendo que plantean un desafío para los operadores en el campo de la salud mental porque se carece de modelos validados para intervenir. Aconseja, como Michel Tort, acompañar sin patologizar “la creación de significados sobre su condición minoritaria”. Finaliza con una reflexión sobre las presiones hacia la conformidad social, que recrean los modelos tradicionales, y “la posibilidad de construir nuevas formas de amar, ya sea entre mujeres y varones o entre personas del mismo sexo. El amor en paridad acompañaría la actual tendencia hacia la democratización social”.


El trabajo de Irene Meler es comentado por Juan Carlos Volnovich.


Marta I. Rosenberg desarrolla su escrito, “La práctica del aborto, sus agentes, sus efectos”. Inicia su reflexión planteándose el siguiente interrogante: “Si la construcción de género se da a través de actos individuales performativos que materializan las normas instituidas como ideales o mandatos, ¿por qué no pensar el aborto como una práctica des-identificatoria del ideal femenino tradicional, que construye una forma de femineidad diferente a través de la transgresión del mandato maternal maternizante como destino irrenunciable de todas las mujeres?”. Sostiene que la decisión de abortar o no es un momento crucial dado que se ponen a prueba el plan y el proyecto de vida. Reflexiona sobre los discursos que condenan el aborto porque desnaturaliza y seculariza la reproducción, saliendo del orden disciplinario de género heteropatriarcal. Refiere que la llamada Revolución Anticonceptiva operó cambios en la subjetividad femenina  dado que permitió gozar de la sexualidad sin el fantasma del embarazo. De este modo la mujer comenzó a organizar su fecundidad de modo autónomo y eficaz. Asimismo, analiza los aspectos oscuros de la tecnología anticonceptiva de poder. Sostiene que el poder de la tecnología hormonal brinda libertades pero refuerza los estereotipos de género. Analiza modos de nombrar y estigmatizar prácticas y resalta la labor semiótica transformadora sobre el lenguaje de las Socorristas en Red. Señala que el inconsciente patriarcal mina las experiencias de poder de las mujeres y que es necesario liberarse de la idealización de la maternidad. Marca la importancia de que el derecho al aborto haya sido reconocido como un tema de derechos humanos y derechos sexuales.


El trabajo de Marta I. Rosenberg es comentado por Ana María Fernández.


Débora Tajer presenta su artículo “Algunas consideraciones éticas y clínicas sobre las infancias trans”. Propone asociar la “emergencia de infancias trans que demandan ser escuchadas tempranamente  con el nuevo marco de prácticas sociales y legitimidad legal”, lo que posibilita ser alojadas como infancias posibles, y cómo esta aparición temprana impone desafíos a la clínica. Se plantea la necesidad de indagar modos históricos de la identidad y la psicosexualidad desde una perspectiva pospatriarcal, opina que es necesario  reflexionar sobre los criterios de normalidad. Analiza la  incidencia de “los deseos parentales en la  constitución del psiquismo temprano y en la conformación de la identidad de género en el marco de un contexto socio-histórico”. Refiere que las realidades jurídicas de otros países -menciona Estados Unidos y Francia específicamente, donde el cambio de identidad es posterior al diagnóstico psiquiátrico y a la reasignación quirúrgica de género-  presentan otros imaginarios posibles,  lo cual impacta en los desarrollos de la psiquiatría y del psicoanálisis. Hace hincapié en la necesidad de diferenciar las condiciones de  producción científica en las “metrópolis culturales” y el modo en que es recibido en la “periferia”, preguntándose por la validez de conceptos extrapolados de un contexto cultural, social, geográfico a otro en el mismo  momento histórico. Reflexiona sobre identidad de género, a  la que define, en palabras de Emilce Dio Bleichmar, como “uno de los atributos constitutivos del yo desde el origen”, señalando la diferencia con los modos de sexuación y elección de objeto. Desde esta perspectiva marca los desafíos para pensar las identidades de género en la clínica de las infancias trans, sin patologizar  y “poder distinguir qué es lo apropiado en cada situación".


El trabajo de Débora Tájer es comentado por Facundo Blestcher.


Finaliza el libro un artículo de Juan Carlos Volnovich, “Aquellos vientos trajeron estos lodos…”.Rescata la unión fructífera de los feminismos con los psicoanálisis en la visibilización de injusticias, discriminaciones y desigualdades. Señala que en los últimos años  l@s profesionales de la salud están prestando mayor atención a los efectos del ASI (abuso sexual infantil) señalando que el relato de las víctimas genera gran angustia en l@s terapeutas provocando ambivalencia, agrega que ha sido un tema difícil de abordar por la resistencia que produce. Se pregunta por las razones que llevaron a Freud a postular la teoría de la seducción, que fuera posteriormente desmentida. Analiza exhaustivamente  las condiciones históricas, culturales y políticas del contexto de la creación del psicoanálisis, articulándolas con aspectos personales de Freud, describiendo el modo en que estaba involucrado emocionalmente. Alerta sobre “los peligros siempre presentes de ceder ante la angustia que desata la proximidad al abuso sexual (…) este tema hace más de un siglo que anda  dando vueltas, recién en nuestros días estamos comenzando a visualizar la densidad del conflicto y la magnitud del problema".


Finaliza el libro un artículo de Juan Carlos Volnovich, “Aquellos vientos trajeron estos lodos…”.Rescata la unión fructífera de los feminismos con los psicoanálisis en la visibilización de injusticias, discriminaciones y desigualdades. Señala que en los últimos años  l@s profesionales de la salud están prestando mayor atención a los efectos del ASI (abuso sexual infantil) señalando que el relato de las víctimas genera gran angustia en l@s terapeutas provocando ambivalencia, agrega que ha sido un tema difícil de abordar por la resistencia que produce. Se pregunta por las razones que llevaron a Freud a postular la teoría de la seducción, que fuera posteriormente desmentida. Analiza exhaustivamente  las condiciones históricas, culturales y políticas del contexto de la creación del psicoanálisis, articulándolas con aspectos personales de Freud, describiendo el modo en que estaba involucrado emocionalmente. Alerta sobre “los peligros siempre presentes de ceder ante la angustia que desata la proximidad al abuso sexual (…) este tema hace más de un siglo que anda  dando vueltas, recién en nuestros días estamos comenzando a visualizar la densidad del conflicto y la magnitud del problema”. 


El trabajo de Juan Carlos Volnovich es comentado por Irene Fridman.


En definitiva, Psicoanálisis y género. Escritos sobre el amor, el trabajo, la sexualidad y la violencia  es un texto ineludible para lxs interesadxs en el tema. Distintxs pensadorxs desde diferentes posiciones dialogan e interpelan las teorías y las prácticas ampliando y enriqueciendo el campo de los estudios de género y diversidad y su articulación con los psicoanálisis. Señalan la involucración subjetiva de lxs profesionales de la salud y alertan a permanecer atentxs a sus propias resistencias para poder visibilizar lo invisibilizado.

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Sección
Comentarios y Novedades
Biografía del autor/a

adrianabersi@hotmail.com

Psicóloga UBA, Especialista en Metodología de la Investigación Científica y Técnica UNER, Diplomada en Estudios de Género UCES,  Docencia UBA, UCES, CAECE. Directora Editorial revista Diagnosis. Terapeuta Familia, Pareja y Adultos Fundación PROSAM. 

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