Notas sobre la belleza y el exilio Tiempos, fragmentos, lógicas de análisis

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Gustavo Dessal

Comentario sobre:


Notas sobre la belleza y el exilio. Tiempos, fragmentos, lógicas de análisis. Andrea Cucagna de Carnevale. Letra Viva, 2019.


Es todo un desafío escribir un ensayo de psicoanálisis desde una perspectiva que no se sume a la serie constante de publicaciones. Los psicoanalistas cada vez producen más y mejor, de ello no hay duda, pero como sucede en todo ámbito de escritura se requiere un esfuerzo y una inspiración singular para transmitir un plus de invención y de poesía. Sin alienarse tampoco al imperativo de la novedad, al menos de vez en cuando es grato tropezar con una obra que causa un efecto de discontinuidad.


No resulta sencillo comentar este nuevo libro de Andrea Cucagna. Es mucho más fácil entregarse a su lectura, dejarse llevar por la cadencia de su escritura, por la musicalidad de las pequeñas historias, por la belleza de unas letras que componen una obra singular, puesto que no es exactamente un ensayo, ni una ficción, ni un poema, y a la vez es todo eso junto, pero sabiamente escandido como para que el lector no olvide en ningún momento que la autora es una psicoanalista que practica el análisis, y que sus elaboraciones se sostienen en lo real analítico. Trenzar la clínica, la posición de analizante y analista, con el decir poético y la ficción es una tarea arriesgada, pero en este caso fecunda.


Tampoco se trata de un conjunto de textos que pudieran calificarse como testimonios de pase, aunque es indudable que para la autora estos fragmentos articulados por la lógica analítica y la belleza de lo poético tienen un valor de pase. Al menos es así como yo los leo, como un testimonio que no ha sido validado por un cártel del pase, pero que aguarda el veredicto de cada lector, que sin duda será distinto para cada uno. 


La sublimación no es una salida ni deseable ni exitosa para todo analizante. Una razón para abandonar la idea –que alguna vez fue moda– de que la mejor manera de resolver un impasse en el análisis de alguien era alentar en él o en ella la escritura. La escritura no es algo que se enseña ni se sugiere ni se estimula. Es algo que ciertos sujetos pueden practicar de tal manera que eso los rescata, los saca a la superficie, los redime de la caída. En el caso de Andrea, el psicoanálisis y la escritura conforman una trama en la que ella urde su propia experiencia del inconsciente, su práctica analítica, y un goce que se insinúa entre las líneas. El libro posee un orden de lectura, pero casi me atrevo a decir que –al estilo de 62 Modelo para armar de Cortázar– cada lector puede organizar su propio plan de lectura, que no tiene necesariamente que ser el que la autora nos propone, puesto que las piezas que componen la obra admiten secuencias diferentes, combinatorias que le dan al conjunto una virtud caleidoscópica. 


Fragmentos de la experiencia del propio análisis, lecturas, sueños, evocaciones de la historia edípica, diálogos imaginarios entre novelas, cartas escritas a destinatarios que no las leerán porque no llegarán nunca a ser enviadas, todo ello, de una manera verdaderamente inédita, que no admite acomodación en ningún género establecido, confluye finalmente para mostrar hasta qué punto el acto analítico, la acción concreta de una praxis clínica, se alimenta de un saber que muy poco o nada tiene que ver con el conocimiento de los textos, aunque tampoco se podría haber conquistado sin ellos. 


Curiosamente, para desembrollarse del síntoma, del propio, la autora se interna en la escritura como otra, adoptando un nombre ficticio que se convierte en el protagonista de lo que se escribe. Darse un nuevo nombre es el corolario de una lógica que se deduce del proceso del análisis: para escribir, así como para ejercer la función analítica, ella necesita “vaciarse” de sí misma, de allí que aquella que surge de esa alquimia reciba un nombre diferente, puesto que será en tanto otra, que la escucha analítica cambie para la Andrea su modo de dirigir una cura. 


En el libro no encontramos una abundancia de datos biográficos e históricos. Tan solo unas mínimas pinceladas que nos permiten hacernos una idea del contexto subjetivo de la autora, las coordenadas de algunos significantes fundamentales. Deducimos que la angustia y un duelo imposible fueron malestares que exigieron un análisis y un recorrido esforzado. Pero no sabremos mucho más sobre sus síntomas. Andrea ha puesto más empeño en mostrar cómo la intertextualidad es su modo de crear una salida, de tender un puente, de sortear un vacío. Una intertextualidad que todo el tiempo se nutre de la belleza, de lo estético, conceptos que la autora trabaja de un modo singular, sin el apoyo de referentes académicos, sino más bien sustentados en lo que va encontrando en el recorrido de su propio análisis. Los sueños ocupan un lugar privilegiado, algo que no le sucede a todo el mundo. Hay análisis cuya lógica se ordena fundamentalmente a partir de los sueños, mientras que en otros los sueños apenas ocupan un pequeño lugar en el trayecto de la cura. Para Andrea los sueños han sido acontecimientos claves, cuyo desciframiento nos entrega por momentos de un modo misterioso, sin prodigarse en explicaciones ni detallarnos la procedencia de la interpretación, que en algunos es dada por el propio analista. Este acento puesto en los sueños da el tono lírico del libro, es la vía regia a la escritura como sinthoma esencial.


Todo es en este libro más sugerido que mostrado, entrevisto que exhibido. La experiencia analítica, la relación con lo literario y lo poético, las soluciones sintomáticas, algunos fragmentos de casos clínicos, se entregan como pinceladas, puesto que la caligrafía de la obra tiene tanto valor como su contenido.


El libro se prolonga con una serie de entrevistas realizadas a Antoni Vicens, Miquel Bassols, Alexandre Stevens, Ana Lucía Lutterbach Holck, Aníbal Leserre, Paula Borsoi, Blanca Musachi, Liliana Avola, Gabriela Rost, Pablo de Cruz, Matías de Cruz. Yo mismo estoy también incluido en esa serie, respondiendo a la amable invitación de la autora. Esas entrevistas son en verdad las respuestas que cada uno de los nombres citados dan a tres preguntas que nuestra autora les formula. Las mismas tres preguntas para todos ellos, quienes habrán de interpretarlas conforme a lo que en cada sujeto resuena. Una pregunta sobre “los equilibrios inestables” que un análisis nos ayuda a conquistar; otra pregunta sobre el modo en que cada uno asume la vivencia del exilio y la distancia como división irreductible, y finalmente una pregunta sobre la belleza, centrada en la experiencia que de ella hacemos en el recorrido de un análisis. 


No es nada frecuente que en un número no muy extenso de páginas nos encontremos con tanto sobre lo que releer, reflexionar y buscar. El libro de Andrea Cucagna es una invitación a quien así lo lea, para proseguir una indagación sobre las formas en que la clínica, lo poético y la experiencia del inconsciente se encuentran sin fundirse ni confundirse. Se encuentran para dialogar en un tiempo finito pero sostenido.

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Gustavo Dessal

g.dess.esp@cop.es

Gustavo Dessal psicoanalista y escritor. Vive en Madrid desde 1982. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y del Instituto del Campo Freudiano. Ha dictado seminarios y conferencias en varios países, y publicado libros de psicoanálisis y de ficción. Ha sido traducido al portugués, francés, inglés, italiano y rumano.