EL AUTISMO Y LOS AUTISTAS, DEL LABORARTORIO A LA CLÍNICA Y DE LA CLÍNICA AL LABORATORIO

Contenido principal del artículo

Marcela Menasse

Resumen


"El autismo y los autistas” hace referencia a la necesaria diferenciación entre el diagnóstico de trastorno del espectro autista y cada sujeto en particular que cumple con
los criterios para recibir dicho diagnóstico. Por otro lado “Del laboratorio a clínica y de la clínica al laboratorio” intenta reflexionar sobre la a veces cuestionada utilidad de  la investigación en neurociencias y la práctica clínica, en este caso específicamente en relación al tratamiento de los niños con diagnóstico de autismo.


Palabras clave: Autismo, diagnóstico, sujeto, neurociencias, clínica


Fecha de recepción: 5/7/19


Fecha de aceptación: 30/7/19


 


El Autismo y los autistas y Del laboratorio a la clínica y de la clínica al laboratorio fue el título que encontré para la charla que, en octubre de 2018, me invitaron a dar en el Hospital Zonal  Bariloche en el marco de las Jornadas de Concientización sobre Autismo.


Fueron tres hechos sucedidos en nuestra ciudad (Bariloche, Provincia de Rio Negro) en los últimos años, los que nos motivaron a plantear así la cuestión, cuestión que aún hoy nos preocupa. Dos de ellos, se refieren a la –llamémosla por ahora así- tensión entre el diagnóstico y el sujeto, el tercero está vinculado a otra tensiónque se plantea entre la investigación en neurociencias  y el cuestionamiento por algunos autores de sus implicancias y utilidad tanto en el ámbito de la salud mental , como  en el de la educación.


El primer suceso tiene que ver con una propuesta realizada a la Supervisión de los jardines de infantes de la Provincia–hace dos años-,  una evaluación de neurodesarrollo a todos los niños de 3 años. Iba a enmarcarse en una investigación a nivel nacional de validación de un cuestionario para el diagnóstico de autismo. Nuestra propuesta trascendía este objetivo  ya que realizaríamos una evaluación  precoz de signos de alarma relacionados no solo con el diagnóstico de autismo sino con  otros trastornos del neurodesarrollo que se manifiestan a esa edad[1]. Esta propuesta no pudo concretarse. Nos preguntábamos las razones, hasta que otros profesionales que se dedican a la investigación en autismo a nivel nacional, nos comentaron que probablemente no saliera porque no había interés en que diagnostiquemos. Ingenuamente no habíamos pensado en esa posibilidad: diagnosticar estaba  mal visto por un amplio sector con el que parecían identificarse.  Fue entonces que nos pareció necesario detenerse en la relación entre sujeto y diagnóstico ya que si ésta era la traba para nuestra propuesta, había algo que se estaba entendiendo mal. 
Una cosa es el diagnóstico de autismo, por ejemplo, y más precisamente el diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA), y otra cosa cada sujeto, cada persona, que en la evaluación clínica que realizamos cumple con los criterios para recibir dicho diagnóstico como diagnóstico principal. Por eso el título “El Autismo y los autistas”, y dicho así “los autistas” porque si leemos qué dicen los sujetos  adultos diagnosticados con TEA sobre sí mismos, en general prefieren identificarse como “autistas”  porque decir personas “con autismo” les parece que así llamado se considera al autismo como una enfermedad. Se definen desde la perspectiva de la “neurodiversidad”, para ellos “ser autista” es una identidad. Varios investigadores consideran al autismo desde esa perspectiva:


Por ejemplo, Laurent Mottron, que trabaja en el Centro  de  Excelencia  en  Autismo  de  la  Universidad  de  Montreal  Hopital Rivière  des  Praries, Canadá, en el artículo "El autismo: una diferencia más que una enfermedad(Mottron2012) comenta: “El cerebro autista se adapta al mundo a su manera, procesa la información, siente las emociones, aprende, pero de una manera diferente a lo normotípico. Se trata de una organización cerebral diferente y no de una enfermedad,  esta diferencia según el contexto puede tener efectos desfavorables pero también favorables” (pp21-24).


Por su parte Christopher Gillberg  (GillbergNeuropsychiatry Center, University of Gothenburg, Suecia) en la conferencia que dictó en el Encuentro Internacional de Investigación en Autismo (IMFAR 2013) que tituló¿Cuán severo es el autismo realmente?”nos dice: “El autismo en sí probablemente no sea un trastorno muy grave, sino que hace a las personas “diferentes”. No hay límites claros entre los TEA y los rasgos autistas ni entre los rasgos autistas y la “normalidad”. No se puede salir del autismo pero la discapacidad puede aumentar o disminuir y habitualmente es  'efecto' de las co-morbilidades”.


Por último, Simon Baron Cohen (Profesor en Psicopatología del Desarrollo en la Universidad de Cambrige y Director de AutismResearch Centre) opina que es beneficioso tratar de ayudar a las personas con condiciones del espectro autista en las áreas de dificultad como es el reconocimiento de las emociones, pero hablar de la cura del autismo puede tener un efecto arrollador: se corre el riesgo que en el proceso de aliviar las áreas de dificultad, las cualidades que son especiales, como la notable atención al detalle y la capacidad de concentrarse durante largos períodos en un pequeño tema en profundidad, se pierda. El autismo es una discapacidad y una diferencia. Tenemos que encontrar maneras de aliviar la discapacidad dentro del respeto y la valoración de la diferencia. Prefiere hablar de Condiciones del Espectro Autista”.


Podríamos entonces definir al autismo por sus condiciones “positivas” y no por sus décit y definirlo así:


- Pensamiento  predominantemente visual.
- Capacidad de hiperfocalización.
- Especiales capacidades en los procesos de sistematización que permiten procesar simultáneamente gran cantidad de información perceptual y recuperarla instantánea y correctamente.
- Particularidades en los procesos de categorización.
- Hiperlexia, sinestesia, oído absoluto  ya que varios trabajos reportan que estas particularidades sensoriales  se encuentran presentes en los autistas con una frecuencia bastante mayor que en la población en general.


Por ejemplo,  S. Baron Cohen en Issynaesthesia more common in autism (Cohen 2013), publicado en Molecular Autism, sostiene que la sinestesia, que es el fenómeno por el cual la estimulación de un sentido despierta irreprimiblemente la percepción de un sentido que no fue estimulado (grafema-color, número-color; color-gusto, etc), es tres veces más frecuente en los autistas. La hiperlexia es un fenómeno que se observa en algunos niños que se sienten fuertemente atraídos por las letras y los números a una edad muy temprana, antes de los 2 años. Se caracteriza  por una temprana adquisición de las habilidades lectoras sin una enseñanza explícita y por una ventaja de las habilidades lectoras en comparación con las habililidades de comprensión o en comparación con el nivel general de inteligencia. La prevalencia de hiperlexia en autismo de acuerdo a diferentes autores oscila entre un 6% a un 21%, pero es de destacar que, de los hiperléxicos, el 84% cumple con crtiterios diagnósticos para TEA (OstrolenkAlexia, 2017). El oído absoluto, que es la habilidad de nombrar y reconocer estímulos auditivos aislados sobre la base de la nota misma sin ninguna referencia externa, también se reporta más frecuente en autismo, como se comenta en Do Musicians with Perfect Pitch Have More AutismTraitstha nMusicians without Perfect Pitch? An Empirical Study (Anders Dohn, Eduardo A. Garza-Villarreal, Pamela Heaton, Peter Vuust) (2012)y en Absolute Pitch in Autism: A Case Study (L. Mottron, Peretz, S. Belleville and N. Rouleau,1999).


Pero ¿podríamos usar esta caracterización de las particularidades cognitivas de los autistas como un constructo diagnóstico? Yo creo que no. Aquí se enlaza el segundo hecho que nos llevó a hablar de la tensión sujeto- diagnóstico. Cuando en 2018 nos consultaron en relación a la reglamentación de la Ley Provincial de autismo,  nos quedamos muy sorprendidos por la letra de esta ley que pone en evidencia esta tensión. Sin duda intentando rescatar al sujeto del peso del diagnóstico, propone una definición de Trastorno del Espectro Autista “sui generis”, propia. Tratandode salvar al sujeto, se enredan y como si viviéramos en Francia (porque en 2012 la Autoridad de Salud Francesa, HAS,  desaconsejó al psicoanálisis como terapia para el autismo), contraataca explicitando al psicoanálisis  y a las psicoterapias como prácticas apropiadas para el tratamiento de los TEA. En este rescate se olvida de todas las prácticas que estos niños habitualmente reciben como musicoterapia, terapia ocupacional, fonoaudiología, equinoterapia, por nombrar solo algunas.
Así figura en el Articulo 10 de la Ley 5124


Artículo 10.- CREACION. OBJETO.


Se crea en el ámbito de la Provincia de Río Negro, el Sistema de Protección Integral de personas afectadas por el Trastorno de Espectro Autista (TEA), Síndrome de Asperger o todas aquellas personas con características compatibles con el Espectro Autista con el objetivo de procurarles asistencia médica, psicoterapéutica, psicoanalítica, en todas sus orientaciones, protección social, educación y capacitación para su eventual formación profesional e inserción laboral y social.


Por otro lado, intentando ser supuestamente también muy inclusivos,enumera diecisiete criterios para la definición del cuadro,que vuelven al mismo muy impreciso ya que son también signos - sintomatologías presentes en muchos otros cuadros de alteraciones del neurodesarrllo. Así se muestra en el artículo 9.


Artículo 9°.- DEFINICIONES.


Se entiende por Trastorno del Espectro Autista y Síndrome de Asperger lo siguiente:


1. El espectro autista es un estado psiconeurobiológico que, asociado o no a causas orgánicas, es reconocible por los síntomas que impiden o dificultan el proceso de entrada de un niño en el lenguaje, la comunicación y el vínculo social. Siendo los principales síntomas los siguientes:


1.1 Aislamiento del mundo exterior y rechazo del contacto con los otros. (Tanto al nivel de la voz como de la mirada).
1.2. Detención en la entrada en el lenguaje verbal y no verbal.
1.3. Alteraciones de lenguaje.
1.4. Ausencia de juego simbólico.
1.5. Estereotipias.
1.6. Rituales.
1.7. Temor a los cambios e insistencia en mantener una inmovilidad de lo que le rodea.
1.8. Ausencia de sonrisa.
1.9. Ausencia de demandas.
1.10. Aparición de la angustia en situaciones aparentemente normales.
1.11. Dificultad en aceptar los cambios y el no.
1.12. Manipulación estereotipada de los objetos y fijación exclusiva a algunos en concreto.
1.13. Poca expresión del dolor.
1.14. Agresión a sí mismo o a otros.
1.15. Problemas gastrointestinales.
1.16. Nutricionales.
1.17. Toxicológicos.


Si queremos participar en la letra de una ley para las personas dentro del Espectro del Autismo, deberíamos recurrir a la mejor definición consensuada que se tenga hasta el presente. Esta definición, desde nuestro punto de vista, y hasta nuevo aviso, es la que está en los Manuales Diagnósticos DSM 5 y el próximo a publicarse CIE 11 que establecen dos criterios imprescindibles para el diagnóstico de TEA: Deficiencias persistentes en la comunicación social y en la interacción social en múltiples contextos ypatrones restringidos, repetitivos de comportamiento, intereses o actividades (dentro de los que se incluye hiper o hiporeactividad a estímulos sensoriales o interés inusual sobre aspectos sensoriales del ambiente).
En la introducción de los DSM, los autores  aclaran cuestiones importantes: los Manuales Diagnósticos y estadísticos de los trastornos mentales, no tienen la pretensión de explicar las diversas patologías, no quieren proponer líneas de tratamiento farmacológico o psicoterapéutico, no se adscriben a una teoría o corriente específica dentro de la psicología o de la psiquiatríayno clasifican a las personas.Es probable que en la definición de TEA del CIE 11 no estén entre los criterios diagnóstico el criterio de hipo-hipersensibilidad que se  incluyó en el DSM 5.
Resulta que los criterios van cambiando con el tiempo, con lo que se va conociendo, descubriendo. Por ejemplo, si tomamos el caso del autismo y como se lo considera en los DSM desde la primera a la última edición vemos que: En el DSM I, en 1952 el autismo no existe. 
En relación con los niños “raros” encontramos:Reacción esquizofrénica de tipo infantil”. En el DSM II  de 1968, elautismo aparece como un síntoma de la esquizofrenia infantil, en el DSM III de 1980 por primera vez aparece el autismo con nombre propio Autismo infantil”, y como “Trastorno Autista”en la revisión de 1987. En el DSM IV publicado en 1994 se llamará con el confuso nombre de Trastorno Generalizado del Desarrollo,TGD. Dentro del que se distinguían:El trastorno autista, el trastorno de Rett, el Trastorno desintegrativo infantil, elSíndrome de Asperger y el Trastorno Generalizado del Desarrollo no especificado.
Finalmente en el DSM 5, publicado en 2013 se lo nombra: Trastorno del Espectro Autista, TEA. Espectro muestra que se ha priorizado un criterio dimensional más que categorial. Las razones para el cambio de nombre en la última edición son más que justificadas. El autismo no es un trastorno “generalizado” del desarrollo, ya que en un autismo típico el desarrollo motor, por ejemplo, generalmente se presenta en los tiempos esperables y a veces algunas adquisiciones como la lectura se producen más tempranamente que en el desarrollo normotípico, como más arriba vimos con la hiperlexia. En el tiempo que transcurrió entre una edición y otra, se descubrió que el trastorno de Rett se debe a una mutación específica en determinado gen (Mecp2), que los síntomas autistas que presentan las niñas (se presenta prevalentemente en niñas) son sólo algunos signos de la enfermedad que tiene una evolución particular. Para las otras categorías no se encontraron marcadores genéticos específicos: la entidad del trastorno desintegrativo infantil está en duda y aunque haya traído muchas polémicas tampoco los editores consideraron que el Síndrome de Aspeger presentase la suficiente especificidad como para mantener una categoría diferente.


En Unstrangeminds, remaping the World of autism, Richard Grinker que es antropólogo y padre de una niña autista, desarrolla específicamente la intersección entre cultura y enfermedad, cómo la cultura afecta la manera en que definimos y clasificamos las enfermedades y en particular cómo la cultura afecta los modos de ver el autismo. (Grinker 2007) Dice:


"El autismo parece haber existido entre los humanos al menos desde hace cientos de años, pero hasta hace no mucho a nadie se le había ocurrido crear una categoría especial porque nuestra cultura, nuestra sociedad no estaba preparada para eso. Fue definido en 1940, pero necesitó 40 años más para que la Asociación Americana de Psiquiatras lo reconociese como algo distinto que una psicosis infantil. Y recién en 2004 la psiquiatría francesa lo reconoció como un trastorno distinto de una clase de esquizofrenia. La ciencia no cambió nuestra cultura tanto como nuestra cultura cambió a la ciencia". (pp13-14)


En la simpleza de las polarizaciones, en un polo el  sujeto sucumbe bajo el peso del  diagnóstico que cosifica (para todos igual), en fin, que anula al sujeto y en el otro polo se lo atiborra de tests y cuestionarios, intentando cuantificarlo,  clasificarlo, ubicarlo dentro de una categoría diagnóstica determinada, incluso a edades muy tempranas, simplificación necesaria tal vez para la investigación pero también necesariamente imprecisa y diversa en nuestra clínica diaria.


Christopher Gillberg psiquiatra sueco citado más arriba, sostiene que en los trastornos del neurodesarrollo la co-morbilidad es la regla y no la excepción y uno no pude más que acordar con él cuando en el trabajo de coordinación de equipos interdisciplinarios  terapéuticos nos encontramos continuamente re-pensando los diagnósticos, descubriendo en cada niño la particular manera en que, ya sea el déficit atencional,  el autismo, la dislexia,  el trastorno de la coordinación motora, o el trastornos del lenguaje,  en conjunto o no, se manifiestan en cada uno. Y también aclara Gillberg, producto de sus largos años de experiencia, que es muy difícil realizar un diagnóstico preciso antes de los 5 años.Pero entonces, ¿no diagnosticamos? Al revés, nuestros diagnósticos deberían tender, a pesar de todo y justamente por su complejidad, a ser cada vez más precisos, porque es  eso lo que nos va a permitir  elegir las estrategias terapéuticas adecuadas y cambiarlas si es necesario.


Podremos acompañar mejor a cada niño si establecemos entre el sujeto y el diagnóstico una relación dinámica, expectante, abierta. No debemos tener miedo de confundir diagnóstico con sujeto. Esta relación , que debe siempre mantener  una adecuada distancia, es también un diálogo con la ciencia dura.


Nos adentramos ahora en esta otra tensión, la que llamamos “Del laboratorio a la clínica y de la clínica al laboratorio”. El punto de partida para abordarlaes el posicionamiento de algunos autores como José Antonio Castorina (2016)“La relación problemática entre neurociencias y educación. Condiciones y análisis crítico,o Bowers, J. S. (2016) “The Practical and Principled Problems With Educational Neuroscience”, donde  se cuestiona la utilidad de la investigación en neurociencias para la práctica clínica.Tuvimos la oportunidad de escuchar a Castorina el año pasado en nuestra ciudad donde brindó una charla abierta que tituló: “Las Neurociencias y su impacto en educación y salud mental” (5 de julio 2018 UNCo, Bariloche).


Podemos entender y acordar con que es necesario ser cuidadosos en aplicar en la práctica clínica directamente conclusiones de investigaciones realizadas en laboratorios, porque sabemos que los resultados de estos minuciosos trabajos son siempre parciales y provisorios, pero al mismo tiempo no podemos dejar de encontrar en muchos de ellos interesantes lineamientos que nos permiten entender mejor el complejo campo que nos ocupa y nos ayudan así a precisar orientaciones terapéuticas adecuadas y a comprender la heterogeneidad en la evolución de cada sujeto.


Por ejemplo, y sólo por nombrar algunas de  estas investigaciones por cuestión de espacio,Patricia Khul que trabaja en el Institute for Learning&Brain Sciences, University of Washington, Seattle,publica en 2013, Brain Responses toWords in 2-Year-Olds with Autism Predict Developmental Outcomes at Age 6(Khul2103). En este trabajo se muestra que una medida cerebral ERPs (potenciales relacionados con eventos), que permite medir el procesamiento de las palabras a los 2 años, es un buen predictor del lenguaje receptivo, de las habilidades cognitivas y de las conductas adapativas a los 4 y a los 6 años de edad, mas allá de la intensidad de las intervenciones recibidas durante los primeros años.


Este trabajo nos resulta especialmente interesante porque nos aproxima una respuesta a un interrogante que muchas veces enfrentamos en la clínica con niños pequeños: ¿por qué algunos niños que diagnosticamos tempranamente con TEA desarrollan tardía pero adecuadamente el lenguaje hablado y otros no a pesar de recibir las mismas intervenciones? Khul y colaboradores nos muestran que el trazado electroencefalográfico de aquellos niños autistas que tardiamente logran el lenguaje, ya a los 2 años es muy parecido al de los niños normotípicos mientras que el trazado de los que permanecerán no verbales o mínimamente verbales es bien diferente. 


Otro trabajo publicado en 2016 por el mismo equipo también nos resultainteresante :“Musical interventionenhancesinfants’ neural processing of temporal structure in music and speech(T. Christina Zhao, Patricia K. Kuhl, 2016)  porque nos orienta en relación a quéintervenciones terapéuticas sugerir.


Los resultados -concluyen las autoras- muestran que con un mes de intervención musical focalizándose en el aprendizaje de un ritmo, mejoran los procesos neurales en bebés de 9 meses no sólo para la música sino también para el lenguaje. Si bien este trabajo se realizó en bebés normotípicos y no en niños autistas, los resultados sugieren que las experiencias de enriquecimiento auditivo en niños pequeños mejoran el procesamiento auditivo en general, mostrando la habilidad de detección de patrones y la sensibilidad a la información fonética. Es decir que la exposición en niños pequeños a una segunda lengua, pero también al estímulo musical (en este caso se utiliza un ritmo de vals), mejora la detección de patrones por lo tanto la detección de la diferenciación fonemática imprescindible para el aprendizaje del lenguaje.


Sabemos que el procesamiento de diferenciación fonemática está complicado en los niños con diagnóstico de autismo pero muy especialmente en los que presentan también trastornos específicos del lenguaje. Otro trabajo anterior a éste, realizado por otro equipoNeural systemforspeech and song in autism (Grace Lai, Spiro P. Pantazatos, Harry Schneider and Joy Hirsh, 2012) apoya también la pertinencia de la intervención de musicoterapia.


Estos investigadores nos muestran con técnicas de Resonancia Magnética Funcional y de anisotropía fraccional - que permite visualizar las conectividades neuronales - que aunque en el autismo las dificultades del lenguaje estén presentes (trabajan con niños autistas no verbales), las habilidades musicales están frecuentemente preservadas. La activación en el giro frontal inferior izquierdo se encuentra reducida en los niños autistas en relación con los niños control durante la estimulación del lenguaje, pero es mayor que los controles durante la estimulación musical. La conectividad funcional de la música en relación con la conectividad funcional en el lenguaje se encuentra también aumentada entre el giro frontal inferior izquierdo y el giro temporal superior en autismo y se observa una gran conectividad entre las conexiones fronto-posteriores.Concluyen que estos resultados muestran que en autismo, los sistemas fucionales que procesan música y lenguaje están mucho más activos para la música que para el lenguaje, pero que los caminos estructurales asociados con estas funciones no se distinguen de los controles.


No es que no supiésemos del gusto de los niños autistas por la música pero estas investigaciones nos dan fundamentos importantes para el trazado de estrategias de intervención. Son muchos los trabajos que nos gustaría comentar pero solo tomaremos uno más por cuestiones de espacio: “Subcortical Brain and Behavior Phenotypes Differentiate Infants With Autism Versus Language Delay (Meghan R. Swanson,2017), sus resultados sugieren que existen diferentes mecanismos cerebrales que influencian en el desarrollo del lenguaje en niños con TEA y en niños con Trastorno específico del lenguaje (TEL), mostrando que estos dos grupos posiblemente presenten diferentes factores de riesgo tanto genéticos como ambientales. Estos investigadores analizan el volumen de diferentes estructuras subcorticales (tálamo, amígdala y núcleo caudado) y los fenotipos conductuales de niños con TEA y con TEL, encontrando que ambos grupos presentan a los 12 meses un retraso en la adquisición del lenguaje pero con perfiles distintos. Los niños con TEA presentan un desarrollo atípico tanto en el lenguaje receptivo como en el expresivo,  pero con mayores dificultades en la comprensión, mientras que los niños con TEL presentan un perfil más parecido al desarrollo típico exhibiendo mayores dificultades en el lenguaje expresivo que en el receptivo.Este trabajo resulta muy interesante porque es una diferencia claramente observable en la clínica.


Por último y para concluir quisiéramos  hacerlo con las palabras de Alexander Luria (1902-1977), neuropsicólogo ruso que reflexiona así sobre el trabajo clínico en comparación con  la ciencia dura (Luria1979):


"En el trabajo experimental se empieza por elegir un problema específico, se construye  una  hipótesis y luego se eligen los métodos paratestear esa hipótesis.(…) En el trabajo clínico en cambio, el comienzo no es un problema claramente definido sino un desconocido conjunto de problemas y recursos: el paciente. (…) El investigador clínico comienza por hacer una cuidadosa observación del paciente en un esfuerzo por descubrir los problemas cruciales(…) Los procesos y los razonamientos para esta investigación se parecen más a los usados por los detectives para resolver un caso que los que usan frecuentemente los psicólogos y fisiólogos (pp132-133 ) (…) Tratamiento y diagnóstico no están tan separados como parece. En el curso de intentar tratar una particular perturbación a menudo modificamos nuestro diagnóstico (pp143) (…) La observación científica no es la mera descripción de hechos separados. Su objetivo principal es el de analizar un evento desde todas las perspectivas posibles" (pp177).


Bariloche, abril 2019


[1]Se calcula que un 10% de la población en edad escolar presenta algún trastorno delneurodesarrollo. En mayo de 2019 pudimos comenzar  la investigación en los Centros de Desarrollo infantil(CDI) que dependen de la Municpalidad de S.C. de Bariloche y no de la Provincia de Río Negro.


Bibliografía


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Articulos Cientificos
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Marcela Menasse

marcelamenasse@yahoo.com.ar

Marcela Menassé es psicóloga clínica recibida en la Universidad Nacional de Buenos Aires en 1976 con diploma de honor. Reside en Bariloche hace 30 años, se dedica al trabajo con niños y especialmente con niños dentro del espectro del autismo. Coordina equipos  terapéuticos interdisciplinarios.  Ha publicado en 2018 el libro “Los autismos, una ventana a la neurodiversidad” y diversos artículos : “La máquina del tiempo” 2003, “Autismo y Psicoanálisis, un recorrido posible”, 2008, “Autismo y Psicoanálisis, una vuelta más”, 2009 y “ Sobre la Batalla del Autismo” 2013.