REVISIÓN DE NOVEDADES BIBLIOGRÁFICAS

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Verónica Buchanan
DELEUZE & GUATTARI
EL DESEO Y LO SOCIAL


Manuel Murillo
Ed. Brueghel, enero 2019

Comentario de Verónica Buchanan
Psicoanalista. Lic. en Psicología (UBA). Maestranda en Psicoanálisis (Facultad. de Psicología, UBA). Jefa de Trabajos Prácticos
de la cátedra II de Psicopatología, Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Docente de Maestría y Doctorado,
Facultad. de Psicología, UBA. Miembro del Comité Editorial de la revista Huellas. Psicoanálisis y territorio. Ex Psicóloga
residente del Hospital B. Rivadavia. Investigadora UBACyT y PROINPSI. Terapeuta de la Fundación PROSAM.


 


Hay libros por donde conviene conocer a un autor. Esta ocasión me permite invitarlos a la lectura de uno de esos libros: Deleuze&Guattari. El deseo y lo social, escrito por Manuel Murillo y editado por Brueghel.
Manuel Murillo es Psicoanalista, Lic. en Psicología, Magister en Psicoanálisis y Doctor en Psicología por la Universidad de Buenos Aires, Docente de grado y posgrado de la misma universidad. Realizó su concurrencia en el Centro de Salud Mental Nº3 Dr. Arturo A. Ameghino. Además, es Miembro del Comité Editorial de la revista Huellas. Psicoanálisis y territorio y coordina junto a Juan Pablo Pinto Venegas -quien escribió el prólogo del libro que estamos presentando- el blog Psicoanálisis y no psicoanálisis.
Éste es su cuarto libro, luego de ¿Qué son los tres registros? Genealogía de una hipótesis de J. Lacan (2017), ¿Qué es la época? Psicoanálisis, historia y subjetividad (2018) y ¿Qué es el acto analítico? Deseo y técnica en Psicoanálisis (2018).
Con Deleuze&Guattari. El deseo y lo social, Manuel Murillo continúa un trabajo que orienta su escritura, recoge de los bordes del campo del psicoanálisis, de las orillas de un campo de saber, aquellos elementos que el movimiento de las olas no define si acerca o aleja, si incorpora o rechaza. Pescador de estos elementos que la marea no termina de traer ni de llevarse, se toma el trabajo de recogerlos, leerlos, escribirlos para señalar su movimiento y para decir, bien-decir, los efectos de estos elementos en la práctica del psicoanálisis.
El movimiento de esta escritura señala, cuando no descubre, que aquello que está en esos bordes abiertos participa de la sustancia nuclear de nuestra práctica. Que el psicoanálisis no es un saber que se produzca, necesariamente ni de manera especial, en las instituciones de psicoanálisis. Que ese saber tiene la textura del encuentro clínico, que toma y se teje con los elementos, a veces inesperados, que le van acercando las mareas. Es en este sentido que el libro se orienta en un movimiento que no arma un complejo de Edipo… pero tampoco de anti-edipo (Murillo, M. 2019. p23).
Ya desde la introducción, el libro abre las puertas a esos invitados algo inquietantes al psicoanálisis y se propone de modo explícito la tarea de seguir pensando,de poder seguir pensando. Es que no es posible sostener un saber vivo, abierto, si no hay tal apertura a la contingencia de un encuentro. Encuentro en  que no se evita la incomodidad ¿entendieron Deleuze y Guattari el psicoanálisis? ¿No lo entendieron? ¿Qué dicen de nuestra práctica, de nuestros puntos ciegos, las críticas que nos dirigen? ¿Las dirigen desde adentro? ¿Desde fuera? ¿Desde dónde? El libro no ahorra esa incomodidad, decide sostener esa tensión para poder seguir pensando. Seguir pensando, con esa conjugación temporal que convoca a la potencia de lo lúdico, como señala Manuel“Esta diferencia es la que permite un juego entre ellas, y el despliegue de una potencia de lecturas” (Murillo, M. 2019. p22). 
Leo dos preguntas que empujan el libro, en el sentido freudiano del término, drang. Por un lado la pregunta ¿qué relación guardan el deseo y lo social? Y por otro lado, la pregunta que se lee a lo largo del libro ¿es posible escribir un borde[1], una forma de la castración, al capitalismo?
Esta última, que es una pregunta clínica, encuentra respuestas a lo largo libro en, por ejemplo, los epígrafes que acompañan los capítulos: lo comunal impide que el capital se totalice (Tzul), el drama del Edipo encuentra su sentido afuera (Rozitchner), porque el afuera está adentro y no hay adentro más que exterior. Encuentra la potencia de una salida en la esquizofrenia como una mirada diferente (Mamet) y como una abertura (breakthrough). Recupera una ética en las alusiones a la tristeza (Foucault) y a la alegría como otras formas de felicidad (Segato). Encuentra un desarrollo en el capítulo “Capitalismo” en donde trabaja la esclarecedora diferencia, en el recorrido de Deleuze y Guattari, entre la codificación de los flujos que producen y recorren las máquinas deseantes, y la axiomática del capitalismo en donde se postulan reglas de funcionamiento vaciadas de contenido pero que definen relaciones y no pueden ser cuestionadas.
Parecen reglas de juego, pero, hay que decir, la dimensión vital de lo lúdico está ahí omitida porque lo único que ahí juega es el funcionamiento de la regla axiomática. La codificación o descodificación de flujos que realizan las máquinas deseantes tiene como soporte al cuerpo sin órganos, no sólo en oposición a organismo sino también a organización (Murillo, M. 2019. p50). La axiomatización del capitalismo, en cambio, promociona en pseudo-libertad, que se soporta en la moneda como cantidad abstracta y en la libertad del hombre para disponer de su fuerza de trabajo. Esta axiomática de la máquina capitalista realiza de una forma extrema la referencia a Lewis Mumford que el autortoma en el capítulo “Genealogía de la máquina”, cuando afirma que los hombres, en tanto reducidos a máquinas, llevan a que los seres humanos se traten con la misma brutalidad que tratan al paisaje (Murillo, M. 2019. p37). “Minimizar los costos para maximizar las ganancias. Cuantos más códigos tenga la máquina, más límites encuentra la minimización de los costos, en términos de derechos y cuidados, no sólo de las personas -que representan una variable de la máquina, el trabajo- sino también de los animales, la naturaleza y el medio ambiente. Pero si no hay códigos, una axiomática puede minimizar los costos a extremos insospechados: reducir la persona a una relación de servidumbre, y tratarla como desechable, envenenar la comida, contaminar el aire, dañar de manera irreparable el medio ambiente, etc.” (Murillo, M. 2019 p58).


Señalé que la pregunta es clínica, esto no se hace esperar en la articulación que Murillo lee de la máquina capitalista y su axiomática, con el superyó como empuje a gozar. Pero no sólo en esta articulación con un concepto del psicoanálisis, también se hace presente el sesgo clínico de este abordaje cuando se formula que la axiomática capitalista se produce en instituciones, vínculos y afectos heterogéneos pero que de igual modo están sujetados a este funcionamiento axiomático. En este sentido, ¿cómo escribir el dispositivo analítico? Como montaje de una máquina deseante, como corte y codificación de flujos que, vale la pena destacarlo cada vez, no son los flujos o el deseo de quien consulta, sino de la máquina deseante que se constituye por los elementos que participan de ese encuentro. Manuel, junto con Deleuze y Guattari, escriben en esta dimensión de encuentro, la potencia del acontecimiento como esperanza[2].


La primera pregunta, se soporta de la referencia a Lucrecia Martel “Lo único real es el deseo. Y el deseo es una sopa, un caldo, donde estamos todos metidos”. Por lo demás, encuentra a lo largo del libro múltiples abordajes y recorridos posibles de esta afirmación tan poética como misteriosamente taxativa. Me refiero fundamentalmente al recorrido, al movimiento propio del libro, ya señalado al comienzo de esta reseña. Y es que el libro mismo soporta la pregunta por las máquinas deseantes, se constituye como un elemento que establece conexiones con situaciones clínicas, con preguntas políticas, con campos de saber, con el gusto por la lectura. Este libro no parte del yo, aunque la voz del autor se escuche en la lectura, ni se dirige al yo, aunque la experiencia de la lectura se reencuentre en diversas ocasiones. Es en este sentido, que el libro concluyeque el deseo no es individual ni colectivo, sino que se produce en cuerpos deseantes que en sus conexiones constituyen máquinas deseantes.


Por otro lado, un capítulo fundamental del libro es el que aborda las críticas que Deleuze y Guattari hacen al complejo de Edipo del psicoanálisis. En este sentido es central la referencia al pliegue para dar cuenta del recorrido moebiano entre lo familiar y lo social. Se trata de un mismo borde y lado que pasa de “interior a exterior”, pero que en su recorrido produce pliegues, que introducen una geografía de relieves en un recorrido. Manuelseñala “¿Qué es eso que es no-neurótico, no-edípico, pero que tampoco es la psicosis ni la normalidad? El deseo” (Murillo, M. 2019 p.86), y también la posibilidad de la pregunta por los pliegues y refugios del padre. La pregunta y orientación clínica que acá se formula es ¿cómo puede un analista oír y ver otra cosa en eso que está, que es el Edipo? Se trata acá de lo que constituye el carácter revolucionario y rizomático del deseo. “El deseo no sólo es reprimido porque implique relaciones incestuosas, sino porque toma formas revolucionarias. Y no porque acostarse con la madre sea revolucionario, sino precisamente porque no hacerlo lo es” (Murillo, M. 2019 p 104).


Estos recorridos suponen preguntas y puntos de abordaje de conceptos fundantes de la práctica del psicoanálisis, como son el inconsciente, la represión, el deseo como falta y la castración. En cada uno de esos puntos, el autorse detiene para abordarlos con una curiosidad que no es avidez de novedades sino disposición a seguir pensando. Acá reside gran parte del valor del recorrido que nos propone el libro, en donde las preguntas que se formulan se disponen para abrir y no para hacer consistir en un cierre prejuicios previos.


Para concluir, si Lucrecia Martel dice que el deseo es un caldo, Deleuze y Guattari dicen que es un puchero, o sea, un guiso hecho de cortes de carne, de verduras y otras cosas… pero también el sustento cotidiano de alguien. Los invito entonces a servirse de esta lectura, que sabe bien.


Notas


[1] Para Deleuze y Guattari, los límites del capitalismo más que señalar una crisis, lo llevan a desplazarse y crecer.


[2] En este sentido, el de las máquinas deseantes, resulta oportuno deslizar que el camino abierto en la escritura de Deleuze y Guattari, establece conexiones con la lectura y escritura de Manuel Murillo. Y, entonces, el trabajo “entre los dos” alcanza también a un “entre otros”.

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Verónica Buchanan

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Psicoanalista. Lic. en Psicología (UBA). Maestranda en Psicoanálisis (Facultad. de Psicología, UBA)Jefa de Trabajos Prácticos de la cátedra II de Psicopatología, Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Docente de Maestría y Doctorado, Facultad. de Psicología, UBA. Miembro del Comité Editorial de la revista Huellas. Psicoanálisis y territorio. Ex Psicóloga residente del Hospital B. Rivadavia. Investigadora UBACyT y PROINPSI.  Terapeuta de la Fundación PROSAM.