TIEMPO Y SUBJETIVIDAD...PARTE 2

Contenido principal del artículo

Juan Alfonso Samaja

SECCIÓN SEGUNDA
IV. Subjetividad ampliada y ontología dialéctica de la complejidad en Juan Samaja


Samaja, junto a la tradición del materialismo dialéctico, sostiene sistemáticamente que la subjetividad, no debe ser concebida como sustancia inerte, es decir que no está ella dada de por sí, más bien llega a constituirse en la medida en que surge como un acto, entendido este acto como un posicionamiento activo y trascendental frente al medio externo, con el cual conforma un sistema inestable en equilibrio. De allí que afirme, siguiendo la máxima hegeliana, que la subjetividad debe concebirse no sólo como producto, sino fundamentalmente como proceso (Samaja, Juan; 2005).
[…] por donde quiera que encontremos seres vivos ellos se nos presentan como sujetos activos cuya diferenciación respecto del resto del ambiente, del resto de los procesos y fenómenos materiales se logra a través de un incesante recambio y transformación de las sustancias que lo integran, al propio tiempo que persigue y produce las condiciones propicias para proseguir ese mismo ciclo […] (Samaja; 1979 IIª parte (cont); p. 36)
Este proceso de autoafirmación (de reproducción de lo mismo a partir de la producción de lo distinto) se desplegará de maneras diversas según el tipo de sujeto que se esté afirmando en ese acto: acto como afirmación del cuerpo (acción a través del cuerpo), acto como afirmación de la tradición (acción a través de símbolos), como  afirmación del sujeto racional (acción a través de la reflexión racional o intelectual), y como afirmación del sujeto de libre contrato o individual-societal (acción a través de las mediaciones tecnológicas). (Samaja; 1979; 2000; 2004 y 2005).


Los modos de posicionamiento de la subjetividad


Retomando una iniciativa de Charles Peirce acerca de los métodos de fijación de las creencias (aunque inspirado en la exposición dialéctica de las nociones de totalidad y filiación  genética de los conceptos que desarrolla Hegel en la Fenomenología del espíritu) Samaja expone estos modos de producción del conocimiento, asociando, por un lado, cada uno de ellos a un modo particular de posicionamiento subjetivo, y estableciendo, por otro, los nexos internos entre dichos métodos con el objeto de revelar el carácter de sistema que ellos conforman. En este punto, la tesis central que desarrollará Samaja es la estricta correlación entre el modo de producción y el modo de existencia para cada uno de los sujetos, insistiendo con ello que son precisamente determinados contextos materiales los que hacen posible ciertas formas de organización social y de apropiación real del sentido en la forma de conocimientos objetivos del sujeto.


Es importante subrayar que la Comunidad, el Estado y la Sociedad Civil no son meros lugares o espacios en que los habita cada uno de los sujetos genuinos, sino que esas mismas instituciones constituyen genuinamente posicionamientos subjetivos; de hecho, los individuos que integran dichas totalidades no existen ya de un modo abstracto sino en relación con ellas, conformando una relación dialéctica de contrariedad, siendo modelados precisamente por su participación en esas formas singulares de la existencia; como sujeto cultural o sujeto hablante, sujeto ciudadano o sujeto escriturante3, o como sujeto propietario o sujeto contractuante.


Samaja presenta cuatro métodos o formas de producción de las creencias o conocimientos  a los que denomina el ser o estrato de la  tenacidad o método de la intuición; estrato o ser de la tradición o método de la autoridad; estrato o ser de la metafísica o método reflexivo; ser o estrato de la eficacia o método de la ciencia4.


1. Tenacidad o método intuitivo


Con este término se denomina al modo de adquirir y sostener una creencia por medio de una actitud propioceptiva, es decir, por la sola referencia a los impulsos corporales propios. De este modo, el sujeto tenaz se define como aquel que hace lo que siente en su fuero más íntimo posible, sin atender a nada que no sea el sí mismo. De hecho, este método halla su ser oponente en todo aquello que se le presenta como externo o como lo otro, y su estrategia precisamente es la obstinación tenaz, es decir, la resistencia. El sujeto se manifiesta incapaz de admitir una creencia que no surja de sí mismo, y por lo tanto, incapaz de ser modificado desde fuera de sí. El sujeto que se sostiene en este método es el organismo viviente, entendido como sujeto biológico corporal o corporeidad somatocentrada.


2. Autoridad o método de la tradición
Es aquella actitud por la cual un individuo adquiere una creencia (o conserva la ya adquirida) apelando a la fuerza simbólica que otro ejerce sobre él. Es decir, un sujeto cree en lo que otro dice que debe ser creído porque este último tiene sobre el primero un poder de coerción simbólica que opera como el fundamento de la relación social en la que ambos se han constituido. A diferencia del método anterior, se advierte en este último que el sujeto, en lugar de seguir sus propios impulsos espontáneos, se siente -por alguna razón- motivado a creer que la creencia de su autoridad (de un sujeto-otro) es mejor que la  suya propia. El tipo de subjetividad que puede emerger de este modo singular de posicionamiento, por el cual cada quien define su creencia propia por la creencia de otros, es la comunidad de hablantes o el sujeto cultural sociocentrado.


3. Metafísica o método filosófico
Samaja denomina método reflexivo, metafísico o de la filosofía al procedimiento por el cual un sujeto admite una creencia determinada (suya o ajena) en la medida en que la
puede considerar razonable, luego de haberla evaluado a partir del libre uso de su razón. No admitirá su creencia de modo espontáneo (como en el sujeto de la tenacidad), pero tampoco creerá acríticamente lo que otros le digan, sin importar cuánta autoridad estos otros puedan tener para él. El sujeto que se considera racional, en el estricto sentido en que se le da a este término, jamás admitirá una creencia por mero capricho: ni el capricho propio, ni el ajeno; el sujeto racional es aquel que utiliza la razón universal para someter a la prueba de su propio intelecto las diversas creencias que se disputan el podio de la verdad. A diferencia del método anterior, aquí el cuestionamiento y el debate no son sólo posibles, sino necesarios y obligatorios; el sujeto que se niega a usar la razón para ejercer su autonomía, se niega a sí mismo como racionalidad y como hombre libre. El sujeto que se produce y reproduce por medio de este método reflexivo-crítico-racional es el sujeto del Estado o el Estado como sujeto, y su contraparte, el Ciudadano o Sujeto Político, es decir, el sujeto logocentrado.


4. Eficacia o método de la ciencia
En este último método, el sujeto admite y/o sostiene una creencia (propia o ajena) sólo cuando ha podido hacer su propia experiencia personal, no sólo apelando a los Fundamentos teóricos que su intelecto le dicta (en esto se parece al método anterior), sino exigiendo una prueba de hecho, es decir, solicitando a cada posicionamiento epistémico (hipótesis) una coherencia particular con la realidad empírica. Al atender especialmente a la dimensión sensible, este método en particular sostiene su validez por la capacidad operatoria, es decir, por la capacidad que presume tener para controlar y transformar la realidad en la que el sujeto existe. De allí que el núcleo teórico que sostiene a las hipótesis deba siempre controlarse por la vía empírica, y eventualmente ser permeable a las acomodaciones que la realidad sensible exige al sistema de los conceptos. El sujeto que se produce por medio de este posicionamiento es el sujeto de la Sociedad Civil, Sociedad Civil o sujeto tecnocentrado.


Modos del conocer, modos del ser, modos de temporalizar
A raíz de la propuesta de Samaja sobre los métodos para fijar creencias podemos inferir las siguientes premisas:


  •  Cada uno de los modos en que se objetivan las creencias, supone por el mismo movimiento una forma singular de subjetivación. Dicho de otro modo: el ser del conocer objetivo se funda en una forma determinada del ser subjetivo y objetivo; o bien, la epistemología objetiva expresa -y al mismo tiempo es función de- una ontología objetiva como subjetiva.

  • El proceso de subjetivación implica un posicionamiento activo en dirección de la auto-regulación; es decir, representación de estados necesarios y deseables del ser en oposición a los estados existentes en tanto reproducción de las condiciones objetivas materiales de subsistencia.

  • Cada posicionamiento subjetivo implica un modo correlativo en el conocer (un método propio para un sujeto propio). Dicho de otro modo, la ontología subjetiva y objetiva se expresa como una función de una epistemología objetiva.

Que cada forma singular de organización del conocimiento implica una ontología específica para un sujeto específico quiere decir, básicamente, que al interior de cada contexto y método, el sujeto define las condiciones de existencia en las que él mismo se ha constituido y al mundo que lo constituye, y que pasa a conformar la representación del único mundo para ese sujeto. En este sentido, podemos decir que para cada sujeto/método se define un universo de ontologías posibles como condiciones de reproducción del ser5: lo vivido o la sensación para el sujeto de la corporeidad;  lo nombrado por el lenguaje para el ser de la cultura; lo escrito para el sujeto estatal o de la juridicidad; aquello que puede  transformarse en una técnica, es decir, aquello que puede ser codificado como una operación universal para el sujeto de la ciencia.
Es crucial advertir que detrás de esos términos “vivido/sentido”; “nombrado”; “escrito”; “tecnologizado” están los sistemas reificados de las prácticas que han hecho posible a cada materia propia la realización de su “sentir”; de su “nombrar”, de su “escribir”, y de su “operacionalizar”.
Estos últimos no son sólo su antecedente, sino su fundamento actual en cada acto en el que el sí mismo se pone allí en su objeto.
Si se analiza con cuidado cada uno de estos estadios de la subjetividad, no será difícil advertir que entre ellos se establecen complejas relaciones de auto engendramiento, por las cuales las formas superiores y siguientes llegan a la existencia sólo a partir del movimiento de ascenso (levantamiento) de las anteriores y más simples. El sujeto que observa con nociones requiere de aquel otro que es capaz de producirlas reflexivamente a partir de axiomas; este último requiere de aquellos otros que son capaces de instituir axiomas para otros hombres, que serán capaces de admitirlos como propios; y éstos a su turno requieren de un cuerpo biológico capaz de sentir la evidencia de las creencias, así como de resistirse contra todo aquello que los aleja de una creencia o intuición vital.
Ahora bien, este permanecer de las formas previas presenta una diferencia sustantiva, diferencia que permite interpretar las formas posteriores como algo más que un meroamontonamiento de los modos del posicionarse; en efecto, las formas anteriores persisten pero no de la misma manera exactamente, es decir, están las mismas formas del posicionamiento anterior, pero en sentido estricto no son las mismas, pues ellas no sólo están contenidas, sino también organizadas, y por lo tanto, limitadas (funcionalizadas) en la lógica de la totalidad más amplia de la que ahora forma parte6.


Hasta aquí hemos visto que, según Samaja, cada método no sólo implica un modo del conocer, sino también un modo del Ser, es decir, una forma de posicionarse y constituirse el sujeto en el mundo. Pero esta forma del ser no está dada de una vez y para siempre; no sólo debe ser algo, sino que debe seguirlo siendo a pesar de los obstáculos que el noser le pone adelante; en otras palabras: su modo particular de existencia, su producción, no puede concebirse sino como incesante reproducción (Samaja; 2005). Esto último quiere decir que la forma en la que el ser se manifiesta (y permanece) es la de re-hacerse el Ser que se ha alcanzado, es decir, que el Ser-Ser, para seguir siendo en el tiempo lo que ya es en el espacio, debe transformarse en un Hacer- Ser (hacer-se-el ser por medio de su hacer), debe proyectar su ser-existente en el tiempo, debe durar. Debe temporalizarse. El Ser, en consecuencia, no se expresa tan sólo como sustancia, sino fundamentalmente como proceso, como devenir. El Ser es también movimiento. 
En tanto hemos dicho que los modos del conocer y del ser son distintivos y singularizantes, es decir, no idénticos en su forma del posicionarse y del conocer, por lo mismo deberán ser distintivos y singulares los procesos en los que cada uno ha llegado a ser y por los cuales cada uno se conserva; debe ser propio el modo particular de re-hacerse y de manifestarse en el tiempo cada una de las formas de la subjetividad.
Si bien esta última tesis no está explícitamente enunciada en los trabajos posteriores en los que Samaja desarrolla su teoría ampliada de la subjetividad (2000; 2001; 2004;
2005 y 2007), en sus escritos iniciales (1979) sí lo consideró relevante al intentar definir objetivamente la profunda noción con la cual la concepción dialéctica pretende describir el proceso y el ser del viviente en dirección a los grados de libertad de la materia: la categoría de medio interno.



(…) Estas dos categorías (espacialidadexterioridad y temporalidad-procesualidad) son las nociones primitivas de la cual resulta la síntesis espacio-temporal que contiene la categoría de “medio interno”, puesto que ésta encierra la simple significación de ser un “proceso cuya temporalidad  y ordenamiento espacial” le han permitido sustraerse a la homogeneidad espacial, y la heterogeneidad temporal de los procesos químicos generales,  logrando con ello delimitar un espacio propio para un tiempo propio (…) Lo que distingue al trabajo de una máquina es el desplazamiento mecánico de sus distintas partes en el espacio. Por eso, el elemento esencial en la organización de una máquina es,  precisamente, la disposición de sus piezas. El proceso vital tiene un carácter completamente distinto. Su principal manifestación es el recambio de sustancias, es decir, la  Interacción química de las distintas partes que integran el protoplasma. Por eso, el elemento más esencial de la organización del protoplasma no es la disposición de sus partes en el espacio (como ocurre en la máquina), sino un determinado orden de los procesos químicos en el tiempo, su combinación armónica tendiente a conservar el sistema vital en su conjunto” (…) El término final de una reacción química está prefijado por el agotamiento de las sustancias que entran en reacción, consumida, la reacción cesa, se apaga. El ser viviente, en cambio, absorbe del exterior las sustancias necesarias para proseguir el ciclo de sus reacciones, y elimina las sustancias degradadas, en un ciclo cuya temporalidad ya no tiene la fijeza de los procesos meramente químicos.” (Samaja 1979 IIª parte; p. 32, 35-36).7


Nos hemos permitido extendernos en la cita con el objeto de mostrar que Samaja no sólo ha tenido en cuenta la noción de tiempo en sus reflexiones iniciales sobre la subjetividad, sino que la considera esencial en la diferencia que existe entre el organismo vivo y el mecanismo inerte. En particular nos interesa destacar la tesis defendida por él según la cual el proceso de subjetivación supone una transformación sustancial en la relación entre la materia y el tiempo que podemos asociar con la autodeterminación, es decir, con “levantar” la forma del tiempo externo hacia la forma siguiente del tiempo propio en la que el tiempo externo ha pasado a ser una mera función dentro de un sistema total más amplio (Samaja; 1979).
Hemos dicho que Samaja no explicita en sus escritos posteriores este vínculo trascendental con la categoría de tiempo, insistiendo en cambio en las correlaciones entre los  diversos modos del ser y los modos del conocer. Sin embargo creemos que la dimensión temporal ha quedado levantada e incorporada, en la noción de Ser y de Sujeto, de modo  que el sujeto en tanto modo de posicionamiento supone por sí mismo un carácter temporal que lo ha constituido, en una dimensión, y desde la cual constituye en otra. 
Según esta hipótesis, el núcleo profundo del acto de autoafirmación de la subjetividad se manifestaría como asimilación del tiempo externo al organismo propio, o como  transformación del tiempo externo en tiempo interno. La conciencia, como objetividad, se expresaría y se concretaría en el mundo como subjetividad a través de la manipulación del tiempo en función de su autopreservación, constituyéndose ella misma como tiempo subjetivado. De modo tal que ella no sólo se expresaría en esa manipulación sino que se constituiría allí mismo en el acto de internalización del tiempo. Dicho de modo más contundente: la manipulación del tiempo (en cualquiera de sus formas) es la manera en que la subjetividad se autoenuncia8 y se desenvuelve en lo real.
En el caso específico de la Ciencia, encontramos no sólo un tiempo actuado, sentido, observado, incorporado, pensado, etc. sino fundamentalmente un tiempo operacionalizado, transformado en una operación técnica. La necesidad de las mediciones temporales y la creación de artefactos para tal fin, cuya lógica y concepción a la vez que miden el tiempo, lo constituyen como fenómeno. 
Para medir el tiempo se requieren procesos reproducibles. ¿De dónde tomarlos? A nadie se le ocurriría tomar el tiempo atmosférico o las olas del océano para semejante propósito. Existe afortunadamente un proceso que parece reproducirse muy bien en la naturaleza: la rotación de la tierra. Pero éste no resultaapropiado para la medición de  duraciones cortas. Así, la tarea consistió, no en la búsqueda de procesos reproducibles, sino en su construcción. El relojero como artesano se hizo necesario y el mecanismo de
relojería se convirtió en el ideal de los procesos reproducibles (…) este nuevo concepto físico de tiempo definido mediante relojes no implica nada de lo que noso-tros, como seres humanos, llamamos el “ahora”. Estos “ahora” no se dan en teoría física alguna, puesto que ningún reloj puede decirme cuáles de sus procesos ocurren “ahora”.10 El ahora interviene en la física sólo en virtud de nuestro trabajo como físicos, es decir, como superartesanos (Ludwig, Günter; 1992: p. 42).


11-07-2019_11-46-09_a-m-1.png


De esto se puede derivar la siguiente interpretación: cada forma de existencia de la subjetividad es anudamiento del sí mismo que se configura en la internalización de un tiempo externo, que deviene en tiempo propio, y que expresa empíricamente como manipulación temporal. 


(…) Y, en el mismo sentido en que la lengua hace ingresar al orden del ser entes que no existirían fuera de ella, idénticamente, la ESCRITURA hace ingresar al orden del ser dimensiones ontológicas (regiones de entes) absolutamente inhallables e imposibles en un mundo sin escritura. Comenzando con la facultad Legislativa que exige la vida en sociedades con Estado, y siguiendo con los Calendarios y sistemas de intercambios, la lista de regiones ontológicas que inaugura el mundo escritural es inmensa y de enorme relevancia para el hombre tal como lo conocemos actualmente. (Samaja, J; 2004, p. 39)


En un trabajo anterior sobre la dinámica de la historia de las tecnologías y, en particular, del fenómeno cinematográfico (Samaja, J.A; 2013), tuvimos ocasión de mostrar cómo
el desarrollo del dispositivo cinematográfico (lo que se denomina el pasaje de lo mostrativo a lo narrativo), manifiesta una transformación considerable de la temporalidad, a saber: desde una temporalidad dependiente del referente externo, hacia el desarrollo de una temporalidad propia que se expresa precisamente como manipulación temporal como función del relato fílmico. Este proceso no es exclusivo del fenómeno cinematográfico y también se da en el caso radiofónico, con el pasaje del modo transmisión al modo emisión (Fernández, J.L y Fraticelli, D.; 2008).
Se mencionan estos ejemplos sólo a los efectos de exponer que el movimiento de subjetivación que se despliega en un nivel como dependiente de un tiempo externo, y luego como internalización y producción de tiempo propio y por lo tanto levantamiento del tiempo anterior en la forma que asume la temporalidad nueva, se expresa como un movimiento universal no sólo de los posicionamientos subjetivos, sino también de las corporeidades inorgánicas en las que se inscriben esa mismas subjetividades.


Consideraciones finales sobre el estudio del Tiempo y su relación con el proceso de subjetivación
Quisiéramos finalizar este escrito dejando como una reflexión abierta algunas cuestiones que se desprenden de la metáfora espacial con la que pretendemos graficar de modo absoluto el ser del Tiempo, a saber: la línea recta horizontal. En efecto, nuestra concepción occidental del tiempo está ligada a un tiemplo sucesivo de desplegamiento que no expresa o expresa mal la integración de lo anterior en lo siguiente, reduciéndolo a una mera asociación de antes-después, y que en el mejor de los casos pretende tematizar vínculos de causa-efecto. En cualquier caso, lo que antes era ya no es, lo que antes fue causa ya no lo es, etc. Los extremos de la línea expresan el movimiento desde el Ser hacia la Nada.


11-07-2019_11-38-09_a-m-1.png



La concepción que hemos pretendido articular a partir de los autores expuestos nos permite ver, por el contrario, que el Tiempo como experiencia es en verdad la confrontación de dos movimientos superpuestos y no de uno sólo que va desde el ser hacia lo que ya no es; frente al movimiento externo que es un puro transcurrir, se contrapone el ciclo  orgánico, cultural, social y societal de la vida en todas sus manifestaciones. Este segundo movimiento inaugura una dimensión de existencia nueva que se expresa en su  posicionamiento subjetivo como apropiación del tiempo externo y levantamiento en el tiempo propio el cual se exterioriza finalmente en la forma de una manipulación en relación  a la temporalidad que ahora ha quedado abstraída. Este ciclo puede ser graficado como la realización de constante de recurrencias sobre un continuo, que expresa el conflicto entre la línea que persiste en el dejar de ser y la trama de bucles que persiste en el seguir siendo lo que se es.


11-07-2019_11-38-42_a-m-1.png



Podríamos ensayar una segunda graficación realizando un cruce de dos ejes: un eje en extensión y otro en profundidad. El Tiempo, como secuencia, podría pensarse no sólo en una dirección plana-horizontal, sino también en profundidad, donde cada uno de los integrantes o eventos de la secuencia tendrían relación antes después pero sobre un mismo punto en el espacio plano, y varios puntos en el espacio profundo, como la superposición pictórica que desarrolló el Cubismo. Si esto último fuese plausible, podríamos proponer la sugerente idea de que el Tiempo Subjetivo o Psicológico, por el cual una conciencia se siente una y la misma en la diversidad de sus experiencias, estaría vinculada con este Tiempo con profundidad de campo, y no sólo a un tiempo plano de desplegamiento fluyente en una sola dirección. Mientras el plano horizontal podría adjudicarse a la diversidad de las experiencias realizadas en diferentes puntos del tiempo y el espacio, el vertical (trazado sobre un mismo punto pero en profundidad) podría ser adjudicado a la representación del Yo en su mismidad.


En cualquier caso es importante advertir que en ambas graficaciones espacializadas del tiempo, queda siempre reificada (y ocultada) la dinámica real del Tiempo que no se
expresa realmente en el espacio simultáneo, y cuya única posibilidad de concreción es la de trazarse e inmovilizarse. El Tiempo, entonces, no es la línea y los eventos colocados sobre ella, ni la línea aislada, ni la combinación de líneas, y ni siquiera los bucles que se resisten gráficamente a la línea recta; el Tiempo es la trayectoria que se recorre de un punto al otro. Una vez recorrida, ya es Espacio. A su vez, queda explícito en estas últimas graficaciones que el Tiempo de la Subjetividad no es el de la línea aislada, sino el de la confrontación entre movimientos, donde el ser del segundo subvierte el ser del primero: el bucle subvierte la recta, como la profundidad subvierte la extensión.
Fue la gran conquista kantiana el haber advertido que la condición trascendental para toda experiencia posible es que el Yo acompañe siempre a cada una de sus representaciones.  La intuición del Tiempo, dice Kant, es lo que hace posible la intuición externa como interna de la duración o la representación pura de la mismidad que permanece en el cambio. A partir de todo lo que hemos desarrollado aquí podemos ahora advertir que el “acompañamiento” del Yo no es una presencia estática y pasiva frente a la diversidad, sino una operación que hace de lo diverso una operación sintética del juicio. El Yo kantiano podemos interpretarlo ahora como una operación de subversión de la temporalidad externa en la que él mismo se reconstituye como Temporalidad propia, temporalidad intuida, mismidad. 
Siguiendo esta propuesta kantiana, retomada por Hegel, Samaja sostiene que la subjetividad no debe concebirse como una  sustancia inerte y dada de por sí, sino sólo y en la medida en que ella surge en acto, entendido el acto como un posicionamiento activo frente al medio externo. (Samaja, Juan; 2003). Nosotros pensamos que el núcleo profundo de ese acto de autoafirmación -por el cual se constituye toda subjetividad- se manifiesta como asimilación del tiempo externo al organismo propio, o como transformación del tiempo externo en tiempo interno. En esta internalización del tiempo externo, en este replegamiento de la temporalidad, se advierte la condición general de posibilidad de transformar todo medio en finalidad, y por ende, de sustituir el objeto de deseo, por el deseo de la regla que regula los objetos.


En síntesis, la conciencia como subjetividad se expresa en la manipulación del tiempo, en función de su autopreservación, constituyéndose ella misma como tiempo
subjetivado. De modo tal que ella no sólo se expresa en esa manipulación sino que se constituye allí mismo en el acto de internalización del tiempo. La manipulación del tiempo (en cualquiera de sus formas) es la manera en que la subjetividad se autoenuncia. Es necesario discriminar dos dimensiones de esta manipulación temporal, sobre todo en el grado de subjetividad más compleja, que es la subjetividad moderno-burguesa asociada al experimento narrativo-ficcional: la manipulación del tiempo que, como acto consciente, representación mental y hecho deliberado y tematizado, expone un autor para organizar la historia en términos de una cronología estricta o de una ruptura de esa cronología (vgr. Las anomalías temporales y los saltos hacia delante y atrás en el tiempo). Por otro lado, una manipulación no consciente y fundante, que deviene en apertura del acto; acto por donde se cuela la subjetividad. Esta última ni es consciente, ni es intencional (en el sentido reflexivo), ni es representación mental o discursiva, es puro acto. 


11-07-2019_11-39-10_a-m-1.png
Por lo tanto, si tomamos en serio esta propuesta de la subjetividad ampliada, entonces debe revisarse la tesis kantiana de un único tiempo (el lingüístico o de la físico-matemática), proponiéndose en cambio que cada forma de subjetividad no sólo establece una forma de posicionamiento (cognoscitiva) y una concepción del mundo (ontología), sino que además inaugura temporalidades específicas. En otras palabras, no habría una sola forma de intuición del tiempo, sino tantas formas como como sujetos se afirman en ellas, y que la intuición del tiempo, tal como la propuso Kant, sólo constituye la forma más compleja de la temporalidad, donde compleja significa que contiene y recapitula las formas previas de la temporalidad. 


Buenos Aires Octubre 2016


Referencias Bibliográficas
AGUSTIN (1956) Tratado de la Santísima Trinidad, La Editorial Católica, Madrid. (1999) Confesiones. Lumen, Buenos Aires.
BENVENISTE, ÉMILE. (1977) Problemas de Lingüística General (Tomo II) y (1993) (Tomo I). Siglo XXI, Buenos Aires.
CAILLOIS, ROGER (1963) “Tiempo circular, tiempo rectilíneo”. Diógenes. El Hombre y la noción de Historia en Oriente. Revista trimestral. Año X N° 42. Edit. Sudamericana,
Buenos Aires.
CORNAVACA, RAMÓN (2010) Presocráticos. Fragmentos III, Losada. Buenos Aires.
DESCARTES, RENÉ (1965) Discurso del Método. Meditaciones Metafísicas. Editorial Schapire, Buenos Aires.
FERNÁNDEZ, JOSÉ LUIS (2008) “La construcción de lo radiofónico. Modos de producción de la novedad discursiva”. En La construcción de lo radiofónico. Fernández, J.L. (Dir) La Crujía, Buenos Aires.
FRATICELLI, DAMIÁN (2008) “El nacimiento de las transmisiones deportivas o de cómo la radio comenzó a construir acontecimientos sociales en directo”. En La construcción de lo radiofónico. Fernández, J.L. (Dir) La Crujía, Buenos Aires
HEGEL, G.W.F (1997) Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio. Alianza, Madrid.
KANT, I. (1957) Crítica de la razón pura. Losada, Buenos Aires.
LAMANNA, E. P. (1960) Historia de la Filosofía II. El pensamiento en la Edad Media y el Renacimiento. Hachette. Buenos Aires.
LUDWIG, GÜNTER (1992) “Microsistemas, macrosistemas y determinismo”. En Proceso al azar. Tusquets-Matemas, Barcelona.
MONDOLFO, R. (1966) Heráclito. Textos y problemas de su interpretación. (1942) El pensamiento antiguo (I). Losada, Buenos Aires.
SAMAJA, JUAN (Inédito) “Parte I. Los caminos del conocimiento”. En Semiótica de la Ciencia. (2007) Epistemología de la Salud. Lugar Editorial, Buenos Aires. (2004) Proceso, diseño y proyecto. JVE, Buenos Aires. (1979) “Lógica, Biología y Sociología Médica”. Revistas de la Ciencias de la Salud. Distribuido en 7 números consecutivos (se desconoce el dato específico del número de la edición). Consejo Superior de las Universidades Centroamericanas (CSUCA), Tegucigalpa, Honduras.
SAMAJA, JUAN ALFONSO (2013) “Del Cinematógrafo al Cine. Historia del Tiempo y la Subjetividad Cinematográfica”. Escritos de Audiovisión, Núm. 5. Edunla, Buenos Aires, Argentina.


Notas
1. Nótese que referimos al apriori respecto de la experiencia bien diferenciada de la observación científica (donde el sujeto establece una distancia conceptual o perceptual
respecto del objeto) y no de la experiencia indiferenciada en general, donde tal distancia no puede darse . El apriori kantiano sólo antecede a la observación concepto-
empírica que es propia de la ciencia, pero es consecuencia de la praxis en general, es decir de la experiencia protagónica y vivencial del sujeto y de su constitución
como tal en el marco de esa trama en la que emerge el Yo como acuerdo inter y trans subjetivo. Es importante no confundir a Kant con el innatismo cartesiano.
La Filosofía de Kant está en sintonía con el Historicismo y la Filosofía de la Praxis que encuentra en G.V. Vico a un primer exponente destacado.
2. Véase en la segunda sección de este trabajo la cita de Günter Ludwig sobre los procesos reproducibles en el campo de la Física.
3. Utilizamos este neologismo, en lugar de escribiente, no sólo por el deseo de conservar la unidad fónica y morfológica de las terminaciones, sino porque que la terminación ante implica, a nuestro entender, una actividad instituyente de la acción sobre el sujeto que actúa, que no se percibe en la terminología alternativa. Si escribiente es el “ser que tiene por oficio el arte de escribir aquello que se le dicta”, nosotros queremos connotar por escriturante, al “ser que se constituye en el acto de la escritura y por el acto de escribir”. Este sujeto escriturante no sólo escribe, sino que se escribe, y por lo tanto existe por medio de la escritura; utilizando una metáfora cartesiana, diremos que este sujeto “porque escribe, existe”.
4. La terminología que emplea Samaja recupera la que propone Peirce. Pero a diferencia de la exposición que realiza el lógico norteamericano, el epistemólogo argentino
propone una relación de auto engendramiento entre los estratos que se mueve desde los niveles inferiores más simples a las formas superiores menos simples, de modo
tal que cada uno de los métodos establece y funda las condiciones de realización no sólo de sí mismo, sino de su propia contradicción o limitación, y –por lo tanto- el
pasaje a su contrario (Samaja; 1979 y 2005).
5. Si bien Samaja no emplea de modo explícito estos términos que utilizaremos a continuación, creemos que ellos se desprenden (en cuanto al contenido) de la tesis principal del autor (Cfr. Samaja; 2004 y 2005).
6. Samaja en su texto de 1979 propone adoptar como síntesis de este triple movimiento al que refiere la terminología alemana Aufhebung, el término propuesto por el filósofo argentino Carlos Astrada “Levantar”. En efecto, este término presenta la misma triple acepción que la jerga hegeliana: “la sanción ha sido levantada” (suprimir); “se levantó la cosecha” (conservar); “levantó el promedio” (superar). Desgraciadamente en idioma coloquial, el término “levantar” está excesivamente desbalanceado hacia un sentido unilateral y físico, de “subido a” que no expresa fácilmente el sentido de la supresión que transforma en el mismo movimiento a la cosa misma que se levanta. Sin embargo, encontramos casos creativos notables en los usos idiosincráticos y especializados; el genio de nuestro lunfardo argentino ha llevado a utilizar esta misma palabra para una acción que, según nuestra interpretación, sintetiza los mismos tres momentos de la dialéctica: «levantarse a una mina». En efecto, levantarse a una mina, supone,
por un lado, conseguirla para sí (conservarla o apropiarla), pero esa conservación sólo es posible en tanto se ha suprimido su estado anterior de soltería, es decir, sólo si se ha negado su forma anterior de persona sin pareja. Finalmente, el levantamiento supone que esa mujer que antes estaba sola, ahora esta no-sola porque está formando una nueva unidad con otro sujeto, es decir, su existencia anterior se encuentra re-significada por la nueva totalidad en la que ella –como el otro sujeto que la levanta- existe de modo real y completo como consecuencia de la acción del levantamiento.
7. Los destacados en negrita son del original. 
8. Es necesario discriminar dos dimensiones de esta manipulación temporal, sobre todo en el grado de subjetividad más compleja, que es la subjetividad moderno-burguesa asociada al experimento narrativo- ficcional; en el contexto de un relato ficcional, habría que distinguir, por un lado, la manipulación del tiempo que, como acto consciente, representación  mental y hecho deliberado y tematizado, expone un autor para organizar la historia en términos de una cronología estricta o de una ruptura de esa cronología (vbgr. Las anomalías temporales y los saltos hacia adelante y atrás en el tiempo). Por otro lado, una manipulación no consciente y fundante, que deviene en
apertura del acto, acto por donde se cuela la subjetividad. Esta última ni es consciente, ni es intencional (en el sentido reflexivo), ni es representación mental o discursiva,
es puro acto. 
9. La capacidad de anoticiarse el todo de un perjuicio de sus partes parece darse a partir de las formas de la vida animal, y por lo tanto quedar la vida vegetal excluida de esta capacidad (Cfr. Hegel; 1997: p. 406). Si asociamos el dolor con la capacidad de estar el todo en la parte dañada, se torna evidente que la existencia aún no individualizada de sus partes en el vegetal impide que el dolor se concrete en su plenitud, ya que la sensación no se da únicamente con la identidad del todo y la parte, sino también en su diferenciarse, pues allí donde la subjetividad (la parte) y la objetividad (el todo) están indefinidos no existe el dolor. “Así [como] la araña, dice, que está en el centro de su tela, tan pronto como una mosca rompe alguno de sus hilos, lo percibe y corre velozmente hacia allí como si sintiera dolor por el corte del hilo, así el alma del hombre, herida en algún lugar del cuerpo, va de prisa como si no soportara la herida del cuerpo, con el cual está unida firmemente y según proporción” (Heráclifo, fragm. 67A; 2010: 163).
10. Cfr. Nuestros comentarios en las páginas anteriores sobre el hecho de que el presente como dimensión temporal es en rigor un producto del Tiempo Lingüístico.

Detalles del artículo

Sección
Articulos Cientificos