¿TRANSEXUAL? ¿TRANSGÉNERO? IDENTIDAD-IDENTIFICACIÓN El artículo pone en cuestión que pueda utilizarse el término transexual o transgénero para utilizarlo como una categoría clasificatoria. La perspectiva que aborda es la de la singularidad, el caso por caso, más allá de toda clasificación. Aun así describe características propias de los llamados transexuales y/o transgéneros, a saber: a) El problema de la identidad/identificación. b) La formula:“vivirenuncuerpoequivocado”. c) Una extraña certeza. d) Los problemas con el imaginario corporal en todos estos casos. e) La satisfacción-goce corporal que esta en juego.

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Luis Tudanca

Resumen

Fechade recepción 23/06/18                                                                          Fechade aceptación 30/7 /18


 


El término identidad pretende reunir lo imposible de reunir, convierte en común la ausencia de lo común, agrupa en comunidad las soledades.


Que lo consiga parcialmente no impide recordar que la identidad designa un vacío difícil de colmar. A la vez ofrece un nombre con el cual identificarse que reasegura en él algunos la individualidad de cada quién.


Partimos de esa base para pensar los términos transexual-transgénero y el pasaje del primero al segundo en los últimos tiempos.


La palabra género ¿qué designa? El par significante hombre-mujer. Pero eso lleva inmediatamente a distinguir entre género y sexo.


En principio distinguir con un sexo a alguien coincide con criterios biológicos. El género, en cambio, corresponde más a criterios culturales. Esta última perspectiva ha sido profundizada por las teorías de género y se ha utilizado para hacer patente que los comportamientos, los papeles, los semblantes, y en general lo masculino y lo femenino son construcciones socio-culturales.


Pero en la actualidad el término género estalla. Se comienza a afirmar que éste es múltiple, responde a una multiplicidad y a una diversidad crecientes y hace caer el modelo dualista hombre-mujer. Y aún más: la identidad de género es un proceso que nunca se resuelve de manera definitiva.


El término transgénero  aspira  a  resolver todas estas paradojas. Con el mismo se intenta albergar todo  aquello  que  signifique un rechazo a los ordenamientos sexuales establecidos. De allí que la palabra transexual ya queda un poco antigua en relación a las discusiones actuales sobre género y se deslice a transgénero. Pero aun así decidimos conservar ambos términos entre signos de interrogación. ¿Por qué?


Multiplicación de las clasificaciones


 El desplazamiento se observa de la proliferación de nombres (gays, lesbianas, transe- xuales, travestis, andróginos, intersexo) que darían una identidad, a una variación en la identidad misma ya que ninguna posición es fija, puede cambiar, sufrir transformaciones.


Esto conlleva una infinitización de clasificaciones que intentan atrapar algo que parece no dejarse atrapar del todo jamás: el cuerpo. Es este el que resiste toda clasificación ya que cualquier nombre que se elija no va a conseguir dar cuenta de cada cuerpo singular.


El intento de poner nombres a los cuerpos, confundiéndolos a veces con la práctica sexual a la cual se entregan, siempre singulares, el de cada quien, agruparlos, constituirlos en comunidad, traiciona dichos cuerpos, los obliga a caer dentro de un algunos que borra y olvida lo más propio (o lo más impropio) de cada sujeto individual.


Sin embargo es un hecho la necesidad de incorporación a algún grupo de pertenencia. No pertenecer a alguno, no identificarse a los principios de un colectivo nos deja aislados, caídos, deslocalizados, un poco locos.


Pero insistimos, no hay que confundir la identificación y/o la identidad con el cuerpo singular. Es a este último al que el psicoanálisis trata, sin importarle en lo más mínimo la práctica sexual en que se lo incluya o se lo evite,  ni las identificaciones que soporte, ni la identidad que reivindique, ni al grupo al que pertenezca.


Subrayamos que hay algo imposible en lo sexual sea este hétero, homo o trans.


Lo posible en ese campo deviene elección, invención, solución, y nadie escapa de ello. En ese punto lo primero que deberemos tener en cuenta: respeto por la solución que se encontró. El que escucha tiene la suya y es imposible dirimir la ventaja de alguna sobre otra.


No existe la fórmula de la relación sexual que asegure X R Y. No hay armonía ninguna preestablecida, lo que implica un desorden constitucional en lo sexual que cada uno resuelve como puede. Lo máximo de “orden” que logramos en lo sexual devendrá síntoma singular, solución individual para arreglárselas con el agujero de la estructura y allí es donde el psicoanálisis puede aportar lo suyo.


Inútil desviarse por los montajes que se suceden a partir de cada solución. Se trata siempre de arreglos en los que hay que escuchar el montante de sufrimiento que acarrea.


¿Pero hay algo específico que escape a lo singular? Efectivamente, pero obtendremos siempre el mismo borramiento de lo  singular.


Vivir en un cuerpo equivocado.


La frase “vivir en un cuerpo equivocado” aparece casi siempre. ¿Es “propia” o proviene del discurso social? Lo que es seguro: es tomada con una convicción indiscutible.


Por otra parte: ¿alguien nace con un cuerpo adecuado? La vivencia es la de un cuerpo que no les corresponde con el que se vive una experiencia de extrañeza radical.


El cambio de género, planteado la mayoría de las veces, aunque hay excepciones, si bien hay que alojarlo como perspectiva no es la cuestión principal.


Una extraña certeza


El sujeto rechaza definitivamente la anatomía que su nacimiento le impuso.


La diferencia de los sexos (hoy parece una antigüedad hablar en esos términos) es abordada más allá de la diferencia anatómica.


La certeza de vivir en un cuerpo equivocado se impone. No interroga al sujeto, no duda de ello.


El saber de quién escucha vacila. La experiencia acumulada francamente no sirve para nada. Ellos saben.


Aún la  identidad.  Querer  cambiarla  da  la ilusión de que se la puede definir. Pero ¿alguien puede definir con certeza qué es un hombre o una mujer?


Quizás la identidad existe más cuando se  la rechaza. Rechazarla (estoy en un cuerpo equivocado) le da mayor consistencia. Esa es la paradoja de estas posiciones.


Lacan afirma: “En cuanto a definir aquello propio del hombre o de la mujer, el psicoanálisis nos muestra que es imposible”


Ansernet cuenta de un paciente de 15 años que quiere hacer el pasaje de hombre a mujer pero conservar una posición andrógina, ambigua.


El imaginario corporal


Quizás esa sea la vía que en la que más haya que detenerse. Hay algo que pasa con la imagen en todos estos sujetos, con la imagen del cuerpo propio.


Se trata menos de elección de objeto o de sexuación que de desarreglos y fracasos en la constitución de un imaginario corporal consistente.


Al haber una falla estructural en eso vienen los intentos de armarse un cuerpo. Más que trasformar el cuerpo, eso está indudablemente, se trata de configurarlo.


Si decimos todo esto es porque tenemos que suponer las enormes dificultades en la constitución misma del imaginario corporal. Sin embargo no son fenómenos de fragmentación corporal a la manera esquizofrénica sino de pérdida de la imagen, de un imaginario que se cae, que se suelta.


La satisfacción-goce coporal


Es falso creer que en la problemática transexual se trata de la búsqueda de una mayor  o mejor satisfacción a través de la transformación del cuerpo.


Si esa cuestión está demasiado presente, especialmente en el caso de cuerpos anatómicamente hombres, hay que poder ubicar con un máximo de precisión si se goza o no con el órgano. Ya empezamos a acumular casuística de una gran decepción con la correlativa angustia después de la transformación hasta el arrepentimiento de la decisión.


En otros casos, diríamos que en la mayoría, manifiestan no obtener ningún placer, ninguna sensación, con el órgano.


Me detengo aquí, en este pantallazo general, aun sabiendo que muchos otros temas que el psicoanálisis aborda se aplican a estas problemáticas.


Conclusión


No hay “cura” del llamado transexual, sólo abordaje del síntoma. Ante la presentación “soy transexual” o “soy transgénero” la pregunta que debe realizarse uno es: ¿qué es lo que no funciona?


Se trata de apuntar al síntoma desde el inicio desde una perspectiva pragmática. No hay curación completa del síntoma pero si modificaciones sustanciales, reestructuraciones que lo transforman en algo más vivible para  el sujeto.


Buenos Aires, Mayo de 2018


Notas


  1. Lacan, Jacques: El Seminario, libro 19.... o peor. Paidós. Argentina. 2012.

  2. Ansermet, Francois: “Elegir el propio sexo: usos con- temporáneos de la diferencia sexual”, en Virtualia N 29 revista digital de la EOL.

 

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Sección
Articulos Cientificos
Biografía del autor/a

Luis Tudanca

Tudancaluis@fibertel.com.ar

Ame de la EOL yde la AMP. AE (2010-2013)

Director de la EOL (2016/17). Miembrodelconsejo de la AMP (2011/2015)

Docente en la Maestriaenclínicapsicoanalítica de la UNSAM. Docente del ICDEBA (Instituto clínico de Buenos Aires).