CLIMATERIO MASCULINO Crisis biográfica y subjetividad.

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Resumen

La existencia y alcance del climaterio masculino han sido deliberadamente ignorados, tanto por nuestra cultura como por los hombres que lo atraviesan, pues las modificaciones psicofísicas de esta etapa de la vida involucran una crisis de vitalidad, tanto como de virilidad, cuyo síntoma más evidente suele ser la pérdida del interés por el sexo y de la potencia eréctil. Pese a que el proceso pueda ser tan lento que parezca imperceptible, la declinación de los niveles hormonales del varón a medida que envejece, es progresiva y sostenida. Y aun cuando el climaterio sea una defensa adaptativa del organismo; su tránsito suele ser escondido por el mismo varón, quien, al no tolerar los cambios que se operan en su cuerpo, tiende a compensarlos con actitudes que, paradójicamente, ponen en riesgo su salud. Infinidad de hábitos perniciosos están arraigados a nuestra definición cultural de masculinidad; pero la verdadera “dificultad” del climaterio masculino reside en la pretensión de ocultarlo como si nada ocurriera.


Palabras Clave: climaterio-varón-crisis-virilidad-cultura.


Algunas cuestiones preliminares


Con la aparición del Viagra -a fines del siglo XX-, se produjo, en relación a la sexualidad masculina, una de las mayores transformaciones conceptuales en el imaginario social de occidente. La existencia del fármaco, que representaba una solución efectiva a las disfunciones eréctiles, permitió “pensar” en esta cuestión y “hablar” de ella -es decir: dar lugar a la existencia del problema-. Entiéndase bien, no es que no se hubiera advertido su manifestación con anterioridad; pero resultando la identidad masculina tan sensible a cuestiones vinculadas a la sexualidad, por lo general sus disfunciones eran consideradas como dificultades individuales y tratadas éstas -cuando lo eran- con la mayor discreción. La aparición delcViagra hizo posible entonces ver aquello que el prejuicio intentaba invisibilizar, y reconocer a éste como uno más en la serie de eventos que tienen lugar en el periodo medio de la vida del varón, al que hoy se conoce como climaterio. 


Consideremos esta cuestión -empero- algo más detalladamente: un siglo atrás, el climaterio mismo tampoco tenía entidad alguna. Con ello quiero decir no sólo que no formaba parte del interés científico en general, ni de la medicina en particular; sino además, que no era registrada su existencia en absoluto. Entre la madurez y la vejez no se advertía solución de continuidad, y sí -aunque sólo en el caso de la mujerun episodio habitualmente silencioso por el dramatismo que implicaba: la menopausia. 


No fue sino hasta la segunda mitad del siglo XX, y luego del advenimiento de los anticonceptivos químicos, que profundas transformaciones culturales -a las que no obstante no aludiré ahora- dieron lugar al reconocimiento del climaterio como un período de transición entre la vida adulta y el inicio de la vejez; una etapa que excede los cambios somáticos, con características tanto psicológicas como sociales que le son propias, que -como dije- no había sido tenido en cuenta hasta entonces. 


El cambio en la percepción social de esta transición fue tan manifiesto, que en las últimas décadas, incluso, no sólo se consideró el climaterio como un episodio en la vida de la mujer, sino también -habiéndose superado considerables resistencias- en la del varón. 


Las ciencias de la salud son en buena medida responsables de estas “novedades” en el pensamiento occidental; en efecto, cada vez son más los hechos vitales de los que éstas se ocupan, tanto que se ha acuñado el término “medicalización” para aludir al proceso progresivo, creciente y probablemente irreversible, de que son ocasión ciertos fenómenos humanos -en principio naturales-, que pasan a ser considerados de interés médico y abordados entonces por estas ciencias.


Definición de términos

Antes de avanzar en estas reflexiones es preciso ajustar los términos de referencia pues, así como el vocablo menarca designa a la primera menstruación de una mujer; la palabra menopausia alude estrictamente a la fecha de su último período menstrual. Etimológicamente derivada del griego -men [μέν = mes] y pausis [Rάυσισ = cesación]-, menopausia es entonces el cese permanente de la regla como consecuencia de la interrupción de la actividad folicular ovárica. Es un suceso ineludible que acontece normalmente en la vida de toda mujer alrededor de los 50 años(1).


Conceptualmente diferente, el climaterio es el período de transición que transcurre entre la madurez sexual y el inicio de la vejez, y comprende cambios biológicos, biográficos, psicológicos y sociales, entre los que se destaca la nvolución de la capacidad procreadora. La palabra klimater [κλίματερ] -también de procedencia griega- significa escalón, en referencia al séptimo año de vida y a cada uno de sus múltiplos considerados peldaños peligrosos en la existencia del hombre, haciendo referencia - en la antigüedad- a lo incierto del devenir humano.


De las definiciones previas se desprende con claridad que términos tales como “andropausia” o “viropausia” no tienen entidad alguna, y que la expresión “menopausia masculina” es en sí misma un absurdo, puesto que a pesar de que la capacidad fecundante del varón disminuye con la edad y sufre significativas modificaciones, no experimenta -sin embargo- una interrupción abrupta.


Biología y cultura

La representación social de la masculinidad es un ideal impuesto culturalmente; encarna - para los varones- un estado artificial y precario al que acceden luego de atravesar difíciles pruebas, y que sostienen con grandes esfuerzos. Parece razonable entonces que la sola idea de un climaterio masculino -que en cierto modo menoscaba esa construcción- sea resistida enérgicamente.


Durante décadas la existencia y alcance del climaterio masculino fueron desestimados. Definida como la transición entre las etapas reproductiva y no reproductiva de la vida, esta transformación multidimensional suponía involucrar tan solo la experiencia femenina(2) . Cierto es que las variaciones hormonales en el varón no son tan estridentes como en la mujer: mientras ella experimenta la esterilidad evolutiva, conocida con el nombre de menopausia; él en cambio, a medida que envejece, sufre una disminución progresiva en los niveles de sus hormonas sexuales cuyo proceso es tan lento que puede parecer imperceptible. Pero aún cuando la mayoría de los varones no pierden completamente la capacidad de engendrar, hoy sabemos que a partir de los 45 años -y tal vez antes- la producción de testosterona habrá decrecido al menos un 1,4% cada año (Diamond, 1999).


En suma, el climaterio -al que debiera considerarse una defensa adaptativa del organismoes tan real para hombres como para mujeres, ya que ambos experimentan, alrededor de la sexta década de la vida, idéntica crisis biográfica involucrando su identidad, con posibles modificaciones en los roles, las emociones, el cuerpo, la sexualidad, la percepción del tiempo, los juicios de valor y el proyecto de vida(3)  .


Ahora bien, el motivo por el que a menudo suele ser escondido por los primeros, consiste en que se trata para éstos de una crisis de vitalidad, tanto como de virilidad. Uno de sus síntomas más evidentes -que empero el varón intentará disimular cuanto le sea posible- es la pérdida del interés por el sexo y de la potencia eréctil: la dificultad para “alcanzar y mantener una erección durante el tiempo necesario para que la actividad sexual resulte satisfactoria”. Pero al mismo tiempo-y aunque parezca absurdo- muchos médicos, aún hoy, sólo tienen en cuenta una sexualidad que se inicia con la erección y culmina con la eyaculación, desestimando cualquier otra manifestación erótica.


La nuestra es una cultura que exige éxito y resultados inmediatos; frecuentemente el temor al “fracaso” desencadena tal estado de ansiedad que, la urgencia por llegar al orgasmo antes de perder la erección, provoca la eyaculación precoz. En ocasiones, el apremio de algunos varones por corroborar su virilidad, puede ser vivido como una opresiva exigencia por sus parejas, quienes se sienten avergonzadas y culpables por su “incapacidad para estimularlo”, ya que interpretan la incompetencia erectiva del compañero como una pérdida de los propios atractivos.


Nuestra sociedad, que ha desarrollado una extraordinaria sensibilidad a las disfunciones sexuales, se inclina candorosamente hacia las soluciones mágicas(4).


En estas circunstancias las crisis maritales son frecuentes y dado que para reconstruir una relación dañada hace falta tiempo y, a menudo, consejo profesional, no son raras las ocasiones en que parezca más fácil seducir y “satisfacer” sexualmente a una joven inexperta, que a una mujer madura que sabe lo que desea. Del mismo modo, las nuevas uniones -y paternidades- podrían resultar una consecuencia directa de la dificultad para afrontar la sexualidad emergente de hijos e hijas adolescentes. Aunque, ciertamente, el verdadero problema del varón durante el climaterio, insisto, no es la reproducción, sino la producción: siente declinar su rendimiento, ve acortarse sus horizontes y tambalea frente a “los jóvenes” y a “lo nuevo”. 


Subjetividades vulnerables

Como es posible advertir, entonces, la crisis de la mitad de la vida puede evidenciar en el hombre ciertos problemas con el poder y la herencia, una sensible disminución en las horas de sueño necesarias y una sensación subjetiva de aceleración en el paso del tiempo, acompañada -incluso- por la idea insidiosa de la propia muerte. En los casos en que cierta cuota de sexualidad ha sido reemplazada por aspiraciones de poder, nuevas ambiciones y realizaciones intentan desplazar el sentimiento de disminución de la autoestima.


Es una época de duelos, tanto por el cuerpo de la juventud como por la caída de los ideales juveniles; por el vigor que se percibe en descenso; por la muerte o enfermedad de los padres y aún de algunos coetáneos. Puede coincidir con la etapa en que los hijos emigran y nuevos miembros se incorporan a la familia (yernos, nueras, nietos), promoviendo nuevos roles (suegro, abuelo), conflictos generacionales y -circunstancialmente- vínculos pasionales e intensa rivalidad.


Existe además un sinnúmero de alteraciones subjetivas vinculadas -también en el varón- a los cambios del climaterio: fatiga, pérdida de la Subjetividades vulnerables(4) Aunque por cierto, ningún fármaco puede conseguir que un hombre egocéntrico se vuelva más sensible a las necesidades de su compañera. memoria y concentración, irritabilidad, mal humor(5). Como duerme menos, se levantadisgustado, está ansioso o deprimido; pero tiende a expresar sus estados de ánimo culpando a cualquiera o a cualquier cosa: a su esposa, su jefe, la economía o el gobierno de turno. Responsabiliza a otros por su frustración y descarga su malestar mediante la acción.


Infinidad de hábitos perniciosos están arraigadosa nuestra definición cultural de lo que significa ser varón. Paradójicamente éste es uno de los factores que hace a la menor longevidad masculina.


Los hombres enferman más y mueren antes que las mujeres -en primer lugar- porque se ocupan menos de su salud. Duermen menos; consumen más grasas saturadas, carnes rojas, café y alcohol, y menos fruta, vegetales y fibras. Su abuso y dependencia del tabaco son mayores. Contrariamente a la creencia popular, son menos activos físicamente que las mujeres, y aquellos que lo hacen desarrollan una actividad física infrecuente pero agotadora.


Mientras las modificaciones psicobiológicas que experimentan los hombres durante el climaterio promueven su temeridad y búsqueda de fuentes pulsionales externas, estimulando el machismo y la omnipotencia; la mayoría de ellos no es consciente de que la pérdida de masa y de fuerza muscular, el incremento de grasas corporales (sobre todo en el abdomen), el declive de las respuestas inmunológicas, el incremento del riesgo cardiovascular, y, por cierto, la reducción de la densidad ósea, son síntomas o condiciones que pueden -tambiénasociarse a bajos niveles de testosterona.


Con los años no sólo podrá experimentar pérdida del cabello o crecimiento de pelos en las fosas nasales y orejas, sino además será susceptible de contraer alguna de las enfermedades de la próstata que lo obligan a despertarse varias veces por la noche.(6) Aunque con frecuencia, tanto los problemas prostáticos y cardíacos, como otros trastornos somáticos sean desmentidos, tanto por la arrogancia individual como por los prejuicios culturales; cuando suponen que los excesos pueden compensar o disimular las limitaciones de la edad, los varones asumen más riesgos que las mujeres, son más propensos a conducir peligrosamente, practican deportes peligrosos y se involucran deliberadamente en situaciones de agresión y violencia física.


En suma, la pretensión de ocultar de algún modo el climaterio, como si nada ocurriera, da lugar a conductas compensatorias -supuestamente viriles- que, paradójicamente, hacen al varón más vulnerable. 


A modo de conclusión

Históricamente, las ciencias humanas y de la salud dieron por sentado que hombres y mujeres “proceden de planetas diferentes”, esforzándose por destacar aquellos rasgos físicos y emocionales que distinguirían a unos de otras.


No deseo insistir sobre lo obvio; señalaré - empero- una semejanza significativa que ambos comparten al vivir en una cultura en la cual la vejez no se valora y donde se ven obligados a soportar una constante presión vinculada a los horrores de la edad y a la absoluta necesidad de mantenerse jóvenes, atractivos y vitales.


Por cierto, también es consecuencia de la longevidad en las sociedades industrializadas, el que por primera vez en la historia de la humanidad tengamos la ocasión de protagonizar el ciclo de la vida en toda su extensión(7) .


En realidad nos hallamos en una etapa única de la evolución humana; pero no hemos terminado aún de explorar los mitos y prejuicios vinculados al envejecimiento en general y al climaterio en particular, quizá por ello resulten especialmente vulnerables quienes atraviesan esta crisis vital.


(1) La literatura en que se menciona que este suceso tiende a retrasarse en nuestros días, no es más consistente que una expresión de deseos, a la vez que reflejo de los prejuicios que aún rodean a la menopausia.


(2) Más aún, cuando finalmente accedió a involucrar en ella al varón, el imaginario social acuñó la expresión “crisis de la sexta década de la vida”, elipse discursiva que provoca la ilusión de aludir a sucesos de acontecer más tardío.


(3) Con el propósito de proveer de herramientas que permitieran superar la “crisis de la mitad de la vida”, elaborar su conflictiva y acceder a la propia identidad; así como responsabilizarse de las estrategias a adoptar en el cuidado de su salud, efectuando una cuidadosa valoración de los costos y beneficios relativos a cada tratamiento, se ofreció a mujeres en consulta por climaterio, la posibilidad de ser incluidas en grupos de reflexión. Los mismos formaron parte de una experiencia interdisciplinaria realizada durante tres años consecutivos en un Hospital General (con características de hospital privado de comunidad). Su diseño obedeció tanto a las necesidades, como a las limitaciones institucionales. Los grupos de reflexión evidenciaron la problemática relevante a esta crisis vital, resultando ser común a varones y mujeres.


(4) Aunque por cierto, ningún fármaco puede conseguir que un hombre egocéntrico se vuelva más sensible a las necesidades de su compañera.


(5) En general, son las mujeres quienes primero advierten en sus compañeros de mediana edad estos cambios, leves aunque insidiosos, que involucran todos los aspectos de la vida, y que -en alguna medida- son similares a los que ellas sobrellevan.


(6) Las principales enfermedades de la próstata son: a) prostatitis; b) hiperplasia prostática -también llamada próstata agrandada-; c) cáncer de próstata.


(7) Durante miles de años, los seres humanos morían apenas superado el período reproductivo.


Bibliografia

Diamond, Jed.La menopausia masculina. Barcelona. Paidos Ibérica. 1999.


Rodríguez, Beatriz M. Climaterio femenino. Del mito a una identidad posible. Buenos Aires. Lugar Editorial. 2000.


Rodríguez, Beatriz M. La estrategia del avestruz En: Cuerpo y vulnerabilidad. Apuntes de Psicosomática. Instituto Psicosomático de Buenos Aires. Año 1. N° 1. 2005.


Rodríguez, Beatriz M. Climaterio y medicalización. Reiteraciones de un viejo discurso.” En: Actas de la Vª Jornada de Actualización: “La construcción del Género a lo largo de los Ciclos Vitales Asociación de Psicólogos de Buenos Aires. Foro de Psicoanálisis y Género. Buenos Aires; 1 y 2 de Septiembre de 2000.

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Sección
Articulos Cientificos
Biografía del autor/a

beatrizrodriguez@fibertel.com.ar

Licenciada en Psicología. Especialista en Psicología Clínica.
Doctora en Psicología Clínica.
Co-fundadora del Equipo de Psicosomática del Hospital Español. Interconsultora en Esterilidad.
Docente Universitaria. Creadora y Coordinadora General de la Pasantía Hospitalaria para graduados recientes “
La Clínica Psicosomática” de la Facultad de Psicología - U.B.A. Secretaria Científica del Instituto Psicosomático  de Buenos Aires. 
Autora de: La femineidad y sus metáforas (Lugar Editorial. 2005); Climaterio Femenino (Lugar Editorial. 2000); 
El hijo inconcebible (Tekné. 1996) y de numerosos trabajos de su especialidad.

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