RESILIENCIA Y VULNERABILIDAD EN ADOLESCENTES. PARTE III Fiabilidad y validez del IRP (Inventario de Recursos Personales). Detección de riesgo potencial en adolescentes. Resultados finales y conclusiones de una investigación.

Contenido principal del artículo

Nora Soraci
Maria Cristina Estebanez
Eduardo Lacava
Nora Lang
Graciela Malfettani

Esta investigación está centrada en el aporte de la psicoterapia al tratamiento integral del paciente con cáncer. La población estudiada perteneció a una institución de salud mental privada de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Fueron 100 pacientes consecutivos no seleccionados atendidos entre el 1º de marzo de 2003 y el 31 de julio de 2009. El diseño utilizado fue exploratorio y descriptivo con análisis retrospectivo. Se evaluaron tratamientos psicoterapéuticos focalizados en el cumplimiento de objetivos coconstruidos entre paciente y psicoterapeuta desde tres modelos de abordaje: Cognitivo-conductual, Sistémico-estructural y Logoterapéutico. Se identificó y correlacionó información sobre: diferentes canales de derivación, edad, sexo, estado civil, ocupación, momento de consulta al psicooncólogo, diagnóstico psiquiátrico DSM-IV, nivel de instrucción, eficacia de los diferentes abordajes, adherencia al tratamiento instituido, cumplimiento de objetivos llevados a cabo en sesiones semanales “cara a cara” y el acompañamiento familiar. Para lograr un cumplimiento adecuado del tratamiento psicoterapéutico en pacientes oncológicos se observó la interacción de distintos factores, entre ellos su nivel de instrucción, el canal de derivación, como así también el acompañamiento familiar. Se pretende favorecer una toma de conciencia y difusión en el médico oncólogo y profesionales de otras especialidades para lograr una consulta temprana al área de psicooncología y cuidados paliativos, con el fin de aliviar el sufrimiento del paciente, su familia y/o entorno y preservar su calidad  de vida.
Palabras Claves: Riesgo - Adolescencia – Recursos – Inventario – Resiliencia - Vulnerabilidad


Introducción

Continuando con lo publicado en los ejemplares anteriores de la Revista Diagnosis se informará sobre los resultados finales y las conclusiones de la Investigación sobre Resiliencia y Vulnerabilidad en Adolescentes. 


A partir del interés por abordar un problema cada vez más frecuente en nuestra clínica diaria, riesgo en la adolescencia, surgió la necesidad de evaluar, precisar y transmitir observaciones acerca del grado de vulnerabilidad en los adolescentes y poder dar cuenta de las diferencias en la capacidad de afrontamiento.(Diagnosis I) 


Teniendo en cuenta que la complejidad de los casos ha ido cambiando notoriamente, sobre todo en estos últimos tiempos, y que los motivos de consulta aparecen cada vez más teñidos de una problemática social; la comprensión de las conductas de riesgo en los adolescentes requiere ir más allá del estudio psicológico individual, incluyendo las condiciones del contexto y la trama social en la que se nutren (Diagnosis II) 


Nuestra hipótesis inicial fue que era posible evaluar el grado de vulnerabilidad y las diferencias en la capacidad de afrontamiento.(Diagnosis II) 


Con este fin utilizamos cuestionarios que evalúan la percepción subjetiva, por un lado del impacto emocional frente a variables de riesgo o adversidad (Escala de Sucesos), y por otro de recursos personales (cognitivos y afectivos) y sociales (interacción con pares, familia, escuela) para evaluar fortaleza yoica, factores protectores y redes de apoyo (IRP). (Diagnosis II) Luego de administrar los cuestionarios, se analizó estadísticamente la conexión entre variables de riesgo y factores protectores, que pueden compensar o proteger los efectos del riesgo. La Escala de Sucesos surge de la adaptación que hicimos de un instrumento ya existente (Escala de Sucesos de Vida. M. Casullo 1991). 


El IRP es un inventario diseñado por nosotros, que ha sido validado recientemente. El cuestionario que podemos presentar actualmente es el resultado de distintas versiones, a las que llegamos después de revisar y modificar varias veces el contenido, la cantidad y la distribución de los ítems, con el objetivo de ajustar la capacidad de discriminación de los mismos. 


Es un cuestionario original, en la construcción del cual no tomamos como base ningún otro instrumento preexistente. Partimos de aquellos ítems que según nuestra experiencia clínica podrían ser relevantes para investigar y medir aquello que nos proponíamos.  


En relación al lenguaje, tuvimos en cuenta las expresiones típicas de los adolescentes de nuestro país, es decir nuestro contexto sociocultural. Por este motivo tomamos distintas pruebas piloto para obtener más información y evaluar la consistencia lingüística. 


Solicitamos la opinión de colegas y docentes, y administramos un cuestionario a padres. 


Realizamos una toma a 621 adolescentes de escuelas públicas y privadas de Capital Federal y Provincia, y a los dos meses retest al 20% a fin de analizar el grado de fiabilidad de la prueba. 


Posteriormente reunimos una muestra de 103 pacientes con el fin de verificar si existían diferencias significativas entre adolescentes supuestamente sin problemas y adolescentes con problemas ya declarados.


El IRP se tomó conjuntamente con el Cuestionario a Padres, ACS (Escala de Afrontamiento para Adolescentes) y Escala de Sucesos, a fin de evaluar la validez concurrente, discriminante y divergente.  


Desarrollo

A) La utilidad de un instrumento de medición: 


Spielberg (1992) señala que a partir de los sesenta se observa una pérdida de interés manifiesta por los temas relacionados con las tareas de evaluación, tendencia que comienza a revertirse hacia mediados de los ochenta debido a un reconocimiento de que la evaluación psicológica brinda un soporte importante en la implementación de intervenciones más eficaces, un mayor interés en la comprensión de características psicológicas personales en áreas no clínicas como en Psicología Laboral y Educacional y la necesidad de su uso en la concreción de tareas de Investigación.(1)


En el ámbito clínico, en la medida en que se valoriza la posibilidad de llevar adelante tratamientos focalizados, que apuntan a obtener resultados terapéuticos eficaces en tiempos acotados; se hace cada vez más necesario contar con instrumentos que brinden información cuantitativa y cualitativa desde un comienzo del tratamiento. 


B) Cómo decidimos investigar riesgo


Entre los terapeutas de adolescentes un tema  en común era la inquietud por un problema cada vez más frecuente en nuestra clínica diaria: los adolescentes en riesgo, los riesgos en la adolescencia. (Diagnosis I).  


Es muy importante recordar que el momento en el que decidimos iniciar este trabajo coincidió con una grave crisis social, económica y política de nuestro país. (Diagnosis I) 


La mayoría de las investigaciones sobre riesgo focaliza en individuos que tienen problemas concretos como drogadicción, fracaso escolar, actividad delictiva.(7.


Nuestra intención fue evaluar riesgo en general, y a diferencia de otras investigaciones en las que el énfasis estaba puesto en la psicopatología, decidimos focalizar sobre los recursos y las condiciones que dificultan o impiden disponer de los mismos.


La salud absoluta no existe, biológica, psicológica ni socialmente considerada; dado que tal concepción se contradice con la capacidad propia de todo sistema viviente de desequilibrarse y cambiar. Por ello es más apropiado referirse al proceso salud-enfermedad, que nos remite a la idea de acción frente al conflicto, de la posible transformación de la realidad.(1)


C) Por qué pensamos en recursos y factores protectores. 


El uso tradicional del concepto de riesgo ha sido esencialmente biomédico, en tanto que el desarrollo de la epidemiología social ha permitido la búsqueda de factores de riesgo en el ámbito familiar, psicológico y económico. Al considerarse el comportamiento como factor de riesgo se ha incorporado la psicología social y la psicología del desarrollo a los estudios epidemiológicos tradicionales (biomédicos). Se observó que comportamientos similares en distintas circunstancias, pueden favorecer o perjudicar el desarrollo psicosocial del adolescente. De allí surgió la idea de los factores protectores como un complemento de los factores de riesgo considerados en el modelo tradicional. Se pasa entonces de un modelo de riesgo basado en las necesidades y la enfermedad a un modelo de prevención y promoción basado en las potencialidades y recursos que el ser humano tiene en sí mismo y a su alrededor.(11)


D) Por qué elegimos investigar en adolescentes.


Consideramos a la adolescencia como una etapa de crisis. Según Webster crisis es un estado de cosas en el que es inminente un cambio, en un sentido o en otro.(16)


Las transformaciones biológicas de la pubertad, los cambios que acompañan el despertar de la sexualidad, las relaciones cambiantes con la familia y los pares, el pensamiento abstracto para considerar diferentes dimensiones de los problemas y para reflexionar sobre si mismos y los demás representan un momento crítico del desarrollo humano(11)  y por ende un momento de particular vulnerabilidad. 


La adolescencia es un período de psicosis normal al decir de Pittman. En ninguna otra época de la vida del individuo se tiene tanta conciencia de la crisis y el cambio. En esta etapa hay una conciencia de las deficiencias personales, aún de las más leves y una preocupación constante por la posición que se ocupa entre los pares.(16)


Es el momento en que las identificaciones sexuales suelen sellar de manera definitiva la forma y el modo de elección del partenaire erótico. Proceso fundamental en la construcción del propio proyecto y fuente de múltiples conflictos en esta etapa. 


En la adolescencia se adquieren nuevas capacidades, se fijan conductas y habilidades y, lo más relevante, se empieza a elaborar un proyecto de vida personal. En este período la persona ya cuenta con un tipo de pensamiento formal que le permite confrontar, reflexionar, debatir, analizar y sacar sus propias conclusiones consecuentes con su realidad. Por todo esto, es esta etapa el momento oportuno para fortalecer el desarrollo, potenciar los factores protectores y prevenir las conductas de riesgo, reforzando los potenciales resilientes.(10)


Algunos autores sostienen que entre los 14 y los 16 años se actúa más en términos de consecuencias próximas o inmediatas que distantes o mediatas. (1) A esta edad existe una tendencia a tener una visión optimista, no realista de sí mismos. Exageran sus percepciones de control personal, creyendo estar menos en riesgo que otros. (Weinstein 1980. Van del Velde, 1992).(12) 


Las estadísticas arrojan cifras cada año más  alarmantes, de muertes jóvenes cuyas causas se hallan íntimamente ligadas a conductas de riesgo. Más del 40% de muertes jóvenes entre 15 y 24 años conciernen a accidentes de tráfico, homicidios, ahogamientos y sumersión accidentales, suicidio y lesiones autoinfringidas. (Programa de Estadísticas en Salud, 1996).(12)


E) Algunas aclaraciones sobre el concepto de adaptación. 
Es importante diferenciar el concepto de adaptación de lo que podría entenderse como una mera conformidad social. La adaptación positiva o normal puede entenderse como la capacidad del aparato psíquico para tener en cuenta la existencia de una realidad ajena al propio funcionamiento mental (corporal o intersubjetivo), y la posibilidad de realizar acciones para transformar en algún sentido aquellas realidades. Es decir, la capacidad de hacer una apreciación crítica de esa realidad y también accionar para su transformación. 


La desadaptación, propia de las neurosis y psicosis implica fracasos en algunas de esas instancias o en ambas.


Hay sobreadaptación cuando se produce una adecuación exagerada a la realidad que la vida social impone, produciendo una suerte de adicción a la realidad externa en detrimento de la realidad psíquica. 


Se designa como Paraadaptación el caso de las personas que por determinadas carencias o excesos traumáticos, tienden a la descarga sin tener en cuenta la realidad externa, o creando neorrealidades. Se trata del estilo adaptativo propio del campo de las adicciones, los estados fronterizos, etc., donde predomina la desmentida y la confusión. (Zukerfeld 1998) (11)


F) Cómo incorporamos el concepto de Resiliencia.


Una creciente cantidad de estudios realizados en los campos de la Psiquiatría, Psicología y Sociología pone en tela de juicio la idea de que el stress y el riesgo (incluyendo abusos, pérdidas y abandono) inevitablemente condenen a las personas a contraer psicopatología, o perpetuar ciclos de pobreza, abuso, fracaso escolar o violencia. De estos estudios surge el concepto de resiliencia, es decir que las personas pueden sobreponerse a las experiencias negativas y a menudo hasta se fortalecen en el proceso de superarlas.(7)


Existen algunas condiciones que refuerzan la resiliencia, como la capacidad de buscar y dar colaboración, confianza en sí y en los otros, habilidades comunicacionales, capacidades expresivas, habilidades en la resolución de conflictos, capacidad de autoestima y autocontrol, capacidad de compromiso y participación, acceso a las emociones ligadas a la esperanza y al optimismo, la alegría, el humor, la flexibilidad, la capacidad autorreflexiva (10) 


Sólo es posible hablar de resiliencia si se ha producido un trauma que se haya visto seguido por la recuperación de algún tipo de desarrollo. El trauma inscripto en la memoria forma parte de la historia del sujeto y le acompaña como un fantasma.(5)


En sí mismo el dolor carece de sentido. Es una señal biológica que se transmite al cerebro o que se puede bloquear. Sin embargo el significado que adquiere esa señal depende por igual del contexto cultural y de la historia del niño. Al atribuir un sentido al acontecimiento doloroso, modificamos lo que se experimenta. El sentido se compone tanto de significado como de orientación.(4) La empatía nos permite ponernos en el lugar del otro, es sin duda un factor esencial de la resiliencia.(5)


Como psicoterapeutas de adolescentes podemos a través del logro de un vínculo adecuado ser agentes de prevención y promoción de resiliencia.


El conjunto constituido por temperamento personal, significación cultural y sostén social explica la asombrosa diversidad de los traumas.(4) 


Para iniciar un trabajo de resiliencia debemos  iluminar de nuevo el mundo y volver a conferirle coherencia. La herramienta que nos permite este trabajo se llama narración. La narración produce un doble efecto porque ejerce una función de identidad y posee la función de reorganizar las emociones. (5)


La resiliencia no es innata, es una capacidad dinámica. Se puede estar más que ser resiliente. Frente a circunstancias de mayor vulnerabilidad surgen ideas, habilidades, intuiciones, conocimientos e impulsos que permiten crecer y desarrollarse aún en situaciones difíciles. 


Descripción de la muestra

En la publicación anterior (Diagnosis II) dimos cuenta de los datos estadísticos de la toma realizada en colegios. La muestra fue de 621 adolescentes. Si descartamos todos aquellos protocolos en los que hubo alguna omisión o no se respondió adecuadamente según las instrucciones establecidas, el Alpha de Crombach es de 0.72 para una muestra de 374 (el Alpha oscila entre 0 y 1, los valores por encima de 0.70 son adecuados). 


Teniendo en cuenta que en los procedimientos estadísticos habituales para la evaluación de inventarios, cuando no se responde a una pregunta se asigna un puntaje neutro a ese item, a fin de no distorsionar los resultados; pasamos a trabajar con una muestra de 511 adolescentes. de alumnos menores de 15 y mayores de 18 años, es decir que la muestra comprende mayoritariamente el rango de entre 15 y 18 años. 


De esta manera contamos con datos de una muestra suficientemente grande como para considerar muy estables los resultados. El Alpha de Cronbach es de 0.83. 


Con respecto a la distribución por sexos esta es equitativa, con un total de 56.2 % de varones y 43.8% de mujeres. (Tabla I).


La distribución entre escuelas públicas y privadas en distintos barrios de Capital Federal y Provincia de Buenos Aires, nos permite afirmar que la muestra se corresponde de manera proporcional a la población en su conjunto, teniendo en cuenta las diferencias socio culturales y económicas. 


Del total de la muestra el 63.4% corresponde a escuelas públicas y el 36,6% a escuelas privadas. (Tabla II). 


Durante los meses de Septiembre a Diciembre de 2005 se obtuvo una muestra de 103 pacientes. La distribución de los casos correspondió de manera arbitraria a la población que consultó o reconsultó en ese período, estando en una fase inicial de Tratamiento, realizando una Evaluación (Psicodiagnóstico, Orientación Diagnóstica) o en proceso de Orientación Vocacional. Las tomas se realizaron en consultorios de Capital Federal y Provincia de Buenos Aires. Fueron administradas por miembros del equipo de investigación y otros profesionales de la Institución que se ofrecieron a colaborar, y a los que agradecemos, ya que de no haber contado con su ayuda nos hubiera llevado más tiempo reunir esa cantidad de protocolos. 


En todos los casos se preguntaba al paciente si estaba dispuesto a responder a los cuestionarios que formaban parte de una investigación, el terapeuta leía la consigna en voz alta y posteriormente el entrevistado completaba los formularios en forma individual. El profesional no respondía si el paciente tenía dudas o interrogaba sobre como contestar algún item para no influir en la respuesta.


Se excluyó de la toma a todos aquellos adolescentes que no estuvieran dentro del rango etario establecido, como así también a pacientes con retraso mental o patologías graves como psicóticos descompensados. 


Los protocolos fueron numerados para preservar la identidad del paciente, detallando el tipo de prestación realizada, el nombre del profesional que administró los cuestionarios y el diagnóstico presuntivo de acuerdo a los códigos del DSM IV. 


La correlación entre esta muestra y la anterior, tomada a población general fue significativa. Quiere decir que el IRP discrimina patología y potencial riesgo. (Tabla VIII) 


Resultados:estudios de fiabilidad y validez

A) Fiabilidad


Además del análisis de consistencia interna, cuyos datos han sido expuestos en una publicación anterior (Diagnosis II) se evaluó la fiabilidad del IRP con el método test-retest, esto es realizando una segunda administración de la misma técnica a los mismos sujetos habiendo transcurrido un cierto tiempo. Estas dos administraciones conforman dos conjuntos de puntajes independientes que luego se correlacionan entre sí. Los valores hallados en el caso de las dos tomas realizadas con el IRP a los adolescentes indican una importante estabilidad de las puntuaciones a lo largo del tiempo (r=0.69, p<0.01) (Tabla III). 


La fiabilidad del IRP fue realizada sobre una muestra de 129 adolescentes con la técnica test-retest- Las dos evaluaciones se realizaron con 8 semanas de intervalo. (Tabla III) 


B) Validez


La validez de una prueba es un índice del grado en que esa prueba mide lo que dice medir. Existen distintos tipos de validez, y consecuentemente distintas formas de evaluarla: 


A) Validez concurrente


Consiste en comparar las puntuaciones de la prueba con otros indicadores paralelos o criterios externos. 


Correlación con Escala de Sucesos: Sobre esta muestra de estudio, la correlación r de Pearson observada entre el IRP y la Escala de Sucesos es de 0.30. (Tabla IV)


Correlación con el ACS: Sobre esta muestra de estudio se observan correlaciones positivas entre el IRP y las Escalas: Falta de afrontamiento (Na), Reducción del tensión (Rt), Ignorar el problema (Ip), Autoinculparse (Cu) y Reservarlo para si (Re) del ACS. Estos datos indican que cuanto más altas son las puntuaciones del IRP (es decir cuando los recursos psicológicos son más bajos) se observan puntuaciones que también lo indican en el ACS. (Tabla V y VI)  


B) Validez divergente


Sobre esta muestra de estudio se observan correlaciones negativas entre el IRP y las Escalas: Buscar apoyo social (As), Concentrarse en resolver el problema (Rp), Esforzarse y tener éxito (Es), Preocuparse (Pr), Invertir en amigos íntimos (Ai), Buscar apoyo espiritual (Ae), Fijarse en lo positivo (Po), Buscar ayuda profesional (Ap) y Distracción física (Fi) del ACS. Esto significa que a medida que aumenta la puntuación del IRP (recursos psicológicos bajos) disminuyen las puntuaciones que indican un afrontamiento positivo a los problemas. (Tabla VII) 


C) Validez discriminante


Para estudiar la validez discriminante del IRP se compararon las puntuaciones con las del grupo de pacientes (N= 102) con adolescentes de población general (N= 101). Se llevó a cabo un estudio de diferencias de medias (t de Student) para conocer la capacidad discriminante del IRP sobre los dos grupos mencionados. Los datos indican que el IRP diferenció adecuadamente entre ambos grupos. Los resultados obtenidos permiten establecer la utilidad de esta prueba para diferenciar entre pacientes y no pacientes. (Tabla VIII)  


Conclusiones

De acuerdo a los resultados expuestos en las tablas sobre los estudios de fiabilidad y validez estamos en condiciones de afirmar que el IRP es un instrumento válido para medir recursos en la población adolescente, y que el cruzamiento con los puntajes de la Escala de Sucesos pueden dar cuenta del grado de vulnerabilidad y recursos con los que cuenta un adolescente. En este sentido pueden detectarse aquellos que potencialmente podrían ser considerados Adolescentes en Riesgo


La revisión final de los ítems nos llevó a realizar una última modificación. Decidimos eliminar dos ítems. El ítem 2 (Pienso que me gustaría parecerme a alguien) y el ítem 30 (Me gusta tomar cerveza o algún trago) dado que en la mayoría de los protocolos los adolescentes respondieron en la misma dirección, por lo cual son ítems que no discriminan adecuadamente. Al sacarlos no se modifica la consistencia del cuestionario. 


Con respecto al ítem 2 durante las tomas piloto habíamos notado que en general los chicos más chicos (15 años) tendían a responderlo en forma positiva, mientras que los más grandes (18 años) lo respondían negativamente. En nuestra opinión la diferencia en las respuestas seguramente se relaciona con los distintos momentos en la constitución de la identidad. 


En relación al consumo de alcohol, creemos que es una práctica que actualmente está muy generalizada entre los adolescentes, con lo cual la mayoría responde afirmativamente y no es posible discriminar si se trata de un consumo normal o abusivo.  


El IRP fue bien aceptado tanto en las tomas colectivas como en las individuales. En general los adolescentes mostraron buena disposición y entusiasmo frente a nuestro interés para que respondan sobre sus conductas, pensamientos y sentimientos más frecuentes. La ventaja de ser un cuestionario escrito es que el nivel de exposición es menor que en el caso de ser oral y frente a la mirada del entrevistador, favoreciendo una expresión más amplia. La Escala de Sucesos en cambio los movilizó más, ya que las preguntas apuntan a situaciones adversas. Por este motivo es importante tener en cuenta en que momento se lo administra. 


Si bien el primer paso planteado fue el diseño del IRP, el objetivo final era la correlación entre los puntajes del IRP y la Escala de Sucesos y analizar estadísticamente la conexión entre variables de riesgo y factores protectores que pudieran compensar o proteger los efectos del riesgo (Diagnosis I). 


La evaluación de los resultados obtenidos nos permite afirmar que es posible detectar riesgo potencial en adolescentes, de acuerdo a nuestra hipótesis inicial. 


Consideramos importante poder transmitir a otros profesionales dicho hallazgo, ya que ambos son instrumentos de medición cuantitativa que pueden ser administrados y puntuados rápida y fácilmente, brindando asimismo información cualitativa. 


La administración de ambos instrumentos (IRP y  Escala de Sucesos) puede ser útil para tomar decisiones de diagnóstico, es decir identificar habilidades, deficiencias o errores particulares en el rendimiento de una persona, con el objetivo de emprender algún tipo de intervención o tratamiento, y para tomar decisiones de consejo, es decir decisiones que un sujeto puede tomar con ayuda de un psicoterapeuta en relación a aspectos importantes de su comportamiento futuro.


Las conclusiones obtenidas nos muestran claramente que la investigación y la clínica no son compartimientos estancos, separados y opuestos. A pesar de las resistencias que frecuentemente tienen los profesionales que se dedican a la clínica para incluir pruebas psicométricas o recolectar información por escrito, consideramos importante tenerlas en cuenta como un recurso posible para indagar activamente y recolectar datos que quizás no surjan espontáneamente, de manera rápida y sencilla,. Dichos datos pueden ser de utilidad para precisar diagnósticos, estrategias terapéuticas y pronósticos. Actualmente estamos trabajando en la construcción de Baremos y diseño del Manual del IRP. 


Comentarios y agradecimientos

No fue fácil para nosotros llevar a cabo la tarea de investigar. En primer lugar por nuestra inexperiencia, ya que básicamente nos hemos desempeñado siempre en el área clínica, como psicoterapeutas de adolescentes. Este obstáculo probablemente haya sido un motor, en la medida en que para todos y cada uno de nosotros el investigar se presentaba como algo enigmático y atractivo.  


Hoy creemos que este desafío dio sus frutos a pesar del tiempo transcurrido desde el inicio. Como facilitador contamos con nuestra experiencia clínica que nos aportó una cuota importante de intuición en la construcción de los ítems del IRP, que enriqueció la elaboración teórica.


También es importante destacar que fue indispensable contar con el apoyo de la Fundación Prosam, y de las profesionales que se ocuparon de la ardua tarea estadística y de supervisión: Lic. Frederique Vallar y Lic. María Elena Brenlla. 


IRP (Inventario de Recursos Personales)

Lic. Nora Soraci, Lic. María Cristina Estebanez, Lic. Eduardo La Cava, Lic. Nora Lang, Lic. Graciela Malfettani. Año 2003 


A continuación te presentamos una serie de preguntas sobre distintos temas, como la familia, la escuela, los amigos, etc. El objetivo de estas preguntas es conocer si pasaste por algunas de estas situaciones , cómo actuás o pensás habitualmente. No hay respuestas correctas ni incorrectas; es importante que respondas lo más sinceramente posible a todas las preguntas y no dejes ninguna sin responder. No dediques mucho tiempo a cada respuesta, tratá de poner lo primero que se te ocurra.


Deberás marcar con una cruz en cada pregunta, la opción que elijas entre "SIEMPRE; CASI SIEMPRE; A VECES; CASI NUNCA O NUNCA", y luego marcar la o las otras alternativas con la o las que te sientas identificado/a o te veas reflejado/a. 


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Bibliografía


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17) Serfaty, Edith.
Factores de riesgo en la adolescencia. Alcmeon Vol. V.
1996. Buenos Aires

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Sección
Articulos Cientificos
Curriculum del autor/a

Nora Soraci

cedante@speedy.com.ar

Psicóloga. Terapeuta de niños y adolescentes. Trastornos alimentarios.

Maria Cristina Estebanez

mcestebanez@hotmail.com

Psicóloga. Terapeuta de niños y adolescentes.

Eduardo Lacava

eduardolacava@yahoo.com.ar

Psicólogo. Terapeuta de niños y adolescentes.

Nora Lang

lang_nora@hotmail.com

Psicóloga. Terapeuta de niños y adolescentes.

Graciela Malfettani

olive@house.com.ar

Psicóloga. Terapeuta de niños y adolescentes 

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