CULTURA DEL CUIDADO, EDUCACIÓN Y SALUD

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Maria Cristina Chardon
Maria Marcela Bottinelli

Este trabajo presenta algunas articulaciones conceptuales y reflexiones que venimos trabajando en la interfase salud -educación en las investigaciones UBACyT: Escuela,Salud y prácticas cotidianas; Educación para la Salud: Prevención de accidentes, y en particular en nuestro último trabajo de investigación sobre “Representaciones de salud y cuidado en padres y docentes de nivel inicial”.
La teoría de las Representaciones Sociales articulan la circulación de la información,el aprendizaje cotidiano y las pautas socioculturales de cada comunidad. La experiencia vivida y las prácticas abrevan la construcción identitaria con la presencia de un otro a quien cuidar que aparece en el espacio de lo público,como condición del propio empoderamiento y de la autogestión. El estudio de las representaciones sociales en el campo de la educación para la salud, pensada como la formación de hábitos saludables para una población en particular, nos permite comprender algunas articulaciones entre cultura,cuidado, aprendizaje y ciudadanía.


Palabras clave: cultura del cuidado, educación para la salud, ciudadanía.


 


INTRODUCCIÓN


El estudio de las representaciones sociales se muestra particularmente fértil en el campo de la educación para la salud. Históricamente planteada desde Alma Ata como una de las estrategias que permitiría llegar a la Salud para todos en el año 2000, la educación para la salud aparece como la formación de hábitos saludables para una población en particular (1).
La Carta de Otawa, OMS.(1986), señala que:“La salud es el resultado de los cuidados que uno se dispensa a sí mismo y a los demás, la capacidad de tomar decisiones y controlar la propia vida y de asegurar que la sociedad en que uno vive ofrezca a todos sus miembros la posibilidad de gozar de un buen estado de salud”.
“Educar para la salud implica construir una base conceptual que facilite a lo largo de la vida la elección de opciones saludables. La habilidad de discernir sobre hechos relevantes y luego aplicarlos a la toma de decisiones, requiere de procesos cognitivos de razonamiento y de lógica. Estos procesos incluyen modalidades de aprendizaje y posibilidades de asimilación diferentes para cada etapa evolutiva” (1).
Los temas de la educación para la salud se han vuelto álgidos en los últimos años, en el mundo globalizado: la necesidad de encarar la problemática del HIV SIDA, del consumo de cigarrillos, la construcción de hábitos saludables como el caminar, para la prevención de las llamadas enfermedades silenciosas, etcétera”.
Desde su planteamiento, la teoría de las Representaciones Sociales pone en juego las pautas culturales, la circulación de la información, el aprendizaje cotidiano y las pautas socioculturales de cada comunidad. Las investigaciones de Jodelet y Herzlich en Francia; Caplan y Murekian en la Argentina y otros investigadores en América Latina han puesto de manifiesto la íntima relación entre las concepciones de salud-enfermedad- educación y la cultura. 
En su investigación sobre las representaciones sociales de la locura, Denise Jodelet pone de manifiesto, a partir de un exhaustivo estudio etnográfico las sutiles articulaciones entre los contextos de reproducción cotidiana, las pautas culturales, las prácticas y las creencias ancestrales sobre las formas de propagación de las enfermedades. Jovtelovich (2), en el prólogo a la edición brasileña de Locuras y Representaciones Sociales, señala que la gran lección del texto de Jodelet es iluminar el hecho de que los efectos simbólicos, como los provocados por las representaciones sociales de la locura, son tan reales como los efectos materiales.
Por ello trabajar sobre las producciones simbólicas de lo cotidiano en las que se entretejen los saberes, las prácticas y los rituales repetidos de generación a generación y recreados por cada uno de los sujetos demanda no sólo un saber sobre lo real sino también sobre las construcciones identitarias, las tradiciones y los valores que cada modo de vida forma para la cultura.


LAS REPRESENTACIONES SOCIALES


“Se trata de un tipo de fenómenos cuyos aspectos salientes conocemos y cuya elaboración podemos percibir a través de su circulación por medio del discurso, que constituye su vector principal (3)”.
Hay que enfatizar que tal como plantea Arruda (4) las RS se constituyen en un sistema articulado que es trama de significados. Destaca la autora la dinámica y densidad de las representaciones sociales, su enraizamiento en la sociedad así como su aspecto creativo, autónomo y su carácter de teoría profana. Una representación social nunca es simple, ni se agota en la descripción de los elementos que conforman su núcleo central y/o periférico. Subraya así su intensidad, sus ramificaciones en el terreno en el que germina y la trama en su propio interior. Por eso es necesario explicar la RS en su inserción socio–cultural, en su condición rizomática, sea por su génesis, sea localizando su núcleo central o su principio organizador. Moscovici y Jodelet han hecho aportes sustanciales con referencia a las relaciones múltiples de las representaciones sociales con la ideología, la conciencia social, la alteridad y las themata entre otros. Si pensamos que las representaciones sociales son un sistema y que tienen una estructura jerárquica que implican tanto conceptos como valores, emociones, prácticas explícitas como implícitas, negociaciones de sentido, circulación, nos podemos preguntar teóricamente qué es lo que las mantiene coherentes y permite los cambios de sentido sin que pierdan su coherencia. Cuando Moscovici (4) sostiene que en la sociología y la antropología, los temas o los análisis temáticos expresan una regularidad de estilo, una repetición selectiva de contenidos que fueron creados por las sociedades y que permanecen preservados por ellas mismas, nos está dando una clave en este sentido. Se refieren así a posibilidades de acción o experiencias en común que se pueden transformar en concientes e integrarse en acciones y experiencias pasadas. “En síntesis, la noción de tema indica que la posibilidad efectiva de otorgar sentido va siempre más allá de aquello que fue concretizado por los individuos o realizado por las instituciones. Cuando todo está dicho o hecho los temas no pueden ser simplemente borrados, o puestos entre paréntesis, sino que son colocados siempre como fuente de constantes y de nuevos sentidos, o de combinaciones de sentidos si hubiera necesidad(5)”.
Otra clave posible en el análisis de la construcción identitaria que realiza Jodelet (2) se encuentra cuando se refiere a las complejas relaciones de sentido entre sí mismo y la alteridad. Jodelet plantea que la alteridad no solamente confronta con la presencia del otro, sino también de manera imprescindible con la diferencia, claro que no en términos de desigualdad y/o asimetría.
Por último, otra clave la encontramos en las consideraciones de Jodelet (6) acerca de la experiencia y su articulación con las representaciones sociales. En su artículo da cuenta de la manera en cómo,“la experiencia vivida (erlebnis)1: 1) es formada por las representaciones y las categorizaciones sociales que subyacen al darle sentido al objeto de experiencia; 2) interviene como mediación en la construcción de los conocimientos; 3) pone en juego los elementos emocionales que, aunque atravesando el conjunto de los sujetos que son implicados en una misma situación concreta o comparten un mismo destino, dejan el campo a los significados en el que las modulaciones son regidas por las posiciones ocupadas por los unos y los otros en el espacio social así definido; 4) puede ser construida en un modo imaginario por transferencia de representación, de una situación a otra donde se encuentra comprometida la identidad de los sujetos (6)”.
También señala que la experiencia vivida, tiene que ver con la elaboración de representaciones que favorecen u obstaculizan el cambio social. Esta es una idea-fuerza clave, que abre perspectivas originales y novedosas. La experiencia vivida puede asumir, en las situaciones nuevas o desconocidas hasta entonces, una función “revelante” que desemboca en la creación de nuevas representaciones como ésa que se produce en los ritos de iniciación o en el caso de conversión de creencias bajo la influencia de un grupo social. Hay allí todo un campo de investigación aún a ampliar del que se ocupa un programa de investigación dirigido por Jodelet con los colegas brasileños Bello,Mesquita, Pereira de Sá, sobre las representaciones asociadas, los significados prestados y la experiencia vivida en la práctica de ritos religiosos afro-brasileños.
Jodelet,(6) señala la necesidad de recurrir al análisis de la experiencia, como conocimiento y como vivencia, para comprender cómo se produce el sentido, en las situaciones y contextos sociales y espaciotemporales particulares, por elaboración de estados psicológicos y apuntalamiento en las representaciones sociales disponibles como recursos interpretativos y competencias cognitivas.
También pone de relieve, que la experiencia, entendida en sus dimensiones psicológicas y sociales, no puede analizarse más que a partir de los ámbitos y códigos suministrados por los sistemas de representación en vigor en una esfera social y cultural dada que remite a los valores y a las identidades de sus miembros. Eso no quita nada al hecho de que ella puede ser crisol de enriquecimiento, de descubrimiento y de creación; el sitio de una práctica transformadora donde lo ideal da forma a lo real.
Se puede ver en sus conceptualizaciones cómo en la experiencia vivida, entre el sentido y la representación, la estabilización de significados que se produce en la experiencia junto con el peso de las capas culturales como referentes de juicio emitido sobre la situación, el papel que juegan los ámbitos sociales en la construcción de la identidad y las normas de presentación de sí, muestran urdimbre y trama de las representaciones sociales.


CIUDADANÍA Y CUIDADO. ALGUNAS REFLEXIONES


En el marco de la investigación: “Representaciones de salud y cuidado en padres y docentes de nivel inicial”,2 hemos encontrado referencias empíricas que nos permiten relacionar ambos temas. Encontramos relaciones entre la construcción del cuidado hacia los otros y hacia sí mismos, con la participación ciudadana ya sea en partidos políticos o bien en organizaciones de la civilidad: sociedades de fomento, clubes o en colectivos organizados de manera contingente para la consecución de un beneficio común que autogestivamente peticionan a las autoridades.
Los datos aparecen en las entrevistas en profundidad.
1. Una mujer cuyo hijo fue atropellado por un auto al cruzar una avenida frente a un gran shopping, en la que todavía no había semáforos.
Su hijo está internado por las lesiones recibidas, en un Hospital Público del Gran Buenos Aires. El niño es un varón de 10 años.
Se realiza con ella una entrevista en profundidad,con el objetivo de indagar las representaciones sociales (RRSS) del accidente. Una de las preguntas intenta indagar en las modificaciones o cambios que las personas han pensado o imaginado a partir del accidente, en vista al futuro.
En este sentido ella señala que lo que piensa hacer es juntar firmas para que el Municipio ponga un semáforo frente al shopping, “para que a otro no le pase lo mismo que a mi hijo”.
2. Mujer con su hijo internado por traumatismo craneo encefálico con pérdida de conocimiento. El “accidente” se produce en el patio de una escuela de la Provincia de Buenos Aires, en medio de un partido de fútbol. El niño de 11 años hace de arquero y cuando una pelota pega en el palo, se produce la caída del travesaño, que le provoca el traumatismo.
En la entrevista en profundidad frente a la pregunta sobre el futuro dice: “voy a ir a la escuela, a hablar con la Directora, para que revisen el otro arco, así no le pasa a otro chico lo que le pasó al mío”.
En ambos casos en el futuro aparece la otredad, la alteridad, otro a quien cuidar. Pueden dejar de lado la situación traumática que están viviendo y el “otro”aparece en sus preocupaciones. Se pueden pensar a sí mismas realizando actividades ligadas con la resolución de problemas, en la disyuntiva autonomía/hetereronomía (Piaget, Castoriadis). Lejos de pensar en la fatalidad y la resignación, aparecen las posibilidades de cambios y ellas como actores sociales en esa situación construyendo herramientas para el cuidado de los otros. ¿Qué pueden hacer, cómo contribuir a que eso que les sucedió ya no suceda? Aparece lo que Valsiner llama el as if en el futuro, en el que la experiencia acumulada les permite instituir nuevas normas y leyes para la comunidad, subvertir el orden dado en el cuidado de otros.
¿Qué tienen en común ambas mujeres? Participan de colectivos de ciudadanía. Una de ellas pertenece a un partido político. Tiene participación político-partidaria, asiste regularmente a las reuniones de su grupo. La otra es de la sociedad de fomento de su barrio, que fue creada a partir de vivir en edificios de condominio a los que fueron erradicados/as habitantes de una “villa de emergencia”. Forma parte de esta organización que se ocupa del bien común de los habitantes del barrio.
Las prácticas aludidas en los discursos de estas mujeres que estamos analizando se encuentran sustentadas en representaciones que proveen a los sujetos de cuatro componentes que permiten representar las situaciones vividas: representación de sí, de la tarea, de los otros y del contexto en que actúan. Estos cuatro componentes determinan la significación de la situación para los sujetos y generan ciertos compor-tamientos y no otros, gestiones cognitivas de distinta naturaleza y relaciones interindividuales o intergrupos tal como lo plantea Abric (2001).
Elichiry (2004) señala que “los resultados de investigaciones recientes sobre el desarrollo de la mente en su contexto nos orientan a reconocer que el pensamiento evoluciona como sistemas integrales de motivos, objetivos, valores y creencias que están fuertemente atados a formas concretas de práctica social.
Hemos empezado a movernos hacia teorías que resaltan las interconexiones que hay entre prácticas sociales, mediación semiótica, relaciones interpersonales y la mente en desarrollo. Desde esta óptica, la perspectiva emergente y la investigación asociada con ella involucra una reconceptualización de la teoría psicológica sobre el aprendizaje y el desarrollo humano. Esta orientación puede permitir avances en los procesos de transferencia de la producción científica al medio social (7)”.
Desde nuestro punto de vista Moscovici reintroduce en la Psicología Social lo intersubjetivo, a partir de sus teorizaciones sobre las RS, en su trabajo original de los años sesenta en que estudia la apropiación de la teoría del psicoanálisis por el sentido común y su uso cotidiano. Retoma además a Vygotsky, al implicar la génesis social en el proceso de construcción y desarrollo de las RS. También anuncia y afirma la importancia de promover, estudiar y describir, situaciones que puedan ser compartidas con otras subjetividades y que en ese compartir pueden ser transformadas.Desde las investigaciones de Moscovici y Jodelet, se puede observar cómo existen articulaciones epistemológicamente posibles entre la Psicología Cultural y la Teoría de las Representaciones Sociales, línea que se ha venido desarrollando en la London School of Economics, Duveen, Farr Jovtelovich y también Wagner de la Universidad de Lintz.
Desde la perspectiva de las RRSS, Abric plantea que sería el ajuste de las prácticas a las circunstancias externas el motor de la transformación. Dicho ajuste determinaría cambios en los elementos periféricos de la representación, cuya función es tanto de estabilización de los elementos centrales, como la de constituirse en “fuerza de choque” preservando las características del núcleo central. Estas transformaciones generarían, con posterioridad, cambios a nivel de los elementos centrales de la representación.
Frente a los datos presentados, podemos señalar que las situaciones producidas actúan como disparadores de una interpretación semiótica desde la ciudadanía. Las prácticas de ciudadanía, la experiencia vivida, tal como hemos analizado más arriba que plantea Jodelet, sirven para construir sentidos que se asimilan a un esquema en el que la alteridad está presente. Liberado del individualismo, integrando a otro en prácticas compartidas, este proceso produce posibilidades de encontrar soluciones participativas con otros, permite pensar en un futuro de prevención. En tanto estructura habilita para pensar soluciones que superen el aislamiento que produce someterse al destino o a la desgracia. En ese sentido, creemos interesante incluir algunas conceptualizaciones sobre las themata (4) como la concepción del cuidado, que puede tener cada comunidad, ¿sobre cuál themata actuaría la construcción del cuidado? Vayamos por partes. El concepto de themata proviene de la filosofía de la ciencia (8; 9; 10), y fue introducido por Moscovici en la teoría de las RS para señalar que el sentido común posee taxonomías de carácter oposicional como libertad/opresión, continuidad/discontinuidad, hombre/ mujer, etc.(10) señala que “los temas han existido durante toda la historia y la cultura, pero las maneras en que han sido problematizados o tematizados han sido exclusivos de determinadas sociedades o culturas (10)”.
Uno de esos temas ha sido el de moralidad/inmoralidad. La autora considera que a través de la historia de la humanidad algunas dolencias y muertes estuvieron muchas veces envueltas en mitos relacionados con moralidad/inmoralidad.Ejemplo de ello son las sociedades antiguas en las que las dolencias eran representadas colectivamente como fuerzas sobrenaturales.
En nuestros datos encontramos familias que consideran el accidente como algo proveniente del destino, de Dios o de algo supremo contra el que no se puede luchar. Así, los accidentes y su prevención escapan a la temática de la salud pública/privada para mantenerse en una problematización casi religiosa, de fuerzas superiores como el destino y Dios.
Podríamos suponer que la construcción de la problematización sobre el cuidado surge en el área de moralidad/inmoralidad, solidariamente a la construcción del concepto de niño y familia que no es el objeto de este trabajo.
Sin embargo, vamos a retomar a Ulloa (11), psicoanalista argentino que plantea que la función fundamental de la familia es la de brindar los cuidados de alimentación, abrigo, ternura que permite transformar el largo período de indefensión del cachorro humano y su ingreso en la cultura. El cuidado se conforma así en una doble condición para la continuación de la vida y para el ingreso a la cultura, por la institución de la ternura.
Vamos a referirnos a lo que este autor considera la “institución de la ternura”. El término aplicado a “institución”, que califica la ternura la inicial materno infantil alude al hecho de que bien puede decirse de ella que se trata del oficio más viejo de la humanidad, del que todos hemos sacado tanto beneficio como perjuicio.
A la ternura se la identifica, en general, con la debilidad y no con la fortaleza, y se la refiere tanto a la invalidez infantil como a los aspectos fuertemente débiles del amor. Sin embargo, la ternura es el escenario mayor, donde se da el rotundo pasaje del sujeto nacido cachorro animal y con un precario paquete instintivo a la condición pulsional humana. Es motor primerísimo de la cultura, y en sus gestos y suministros habra de comenzar a forjarse el sujeto ético, que se abrirá luego a los derechos humanos. La ternura es un gesto transmisor de toda la cultura histórica que habrá de imprimirse en el sujeto infantil. Gesto transmisor que, tanto en la remota era de piedra como en la de las estrellas, siempre habrá de producir memoria que no hace recuerdos, pero sí el alma patria primera de los hombres, al decir del poeta (11).
En función de sus atributos básicos, la ternura será abrigo frente a los rigores de la intemperie, alimento frente a los del hambre y fundamentalmente buen trato, como escudo protector ante las violencias inevitables del vivir.La ternura va a producir, según el autor “empatía, miramiento y buen trato”. Consideramos que el cuidado es un tejido entramado de miramiento, buen trato y empatía. 
El tema del cuidado de sí ha sido consagrado por Sócrates. Castro (12) postula que la filosofía posterior retomó,y en la medida en que ella misma se concibió como el arte de la existencia, la temática del cuidado ocupó el centro de sus reflexiones. La problemática del cuidado se ubica en los bordes con otras disciplinas y alcanzó progresivamente las dimensiones de una verdadera cultura del cuidado.Foucault se ocupó de esta temática en la historia de la sexualidad.“La historia del cuidado y de las técnicas de sí,sería una manera de hacer una historia de la subjetividad, pero ya no a través de las separaciones entre locos y no-locos, enfermos y no–enfermos, delincuentes y no-delincuentes, sino a través de la formación y de las transformaciones en nuestra cultura de las relaciones consigo mismo, con su armazón técnica y sus efectos de saber (12)”.
El autor señala que entre las tácticas del cuidado de sí se encuentran los ritos de purificación, las técnicas de retiro y resistencia. Los que cuidan de sí son los que tienen el privilegio político de la ciudadanía. ”El cuidado de sí mismo en el mundo grecorromano ha sido el modo en que la libertad individual o la libertad cívica se refleja como ética (12)”.
Es relevante cómo el cuidado se construye como una ética que permite otorgar significaciones a las situaciones de la vida cotidiana. 
Las prácticas de ciudadanía son tomadas aquí en términos de participación popular (13) en la que la centralidad del concepto reside en que las iniciativas de participación son promovidas desde la clases subalternas, movimientos sociales, políticos o autoconvocados, incluyendo procesos de empoderamiento que tienden hacia la autodeterminación y la autonomía de los colectivos. 
Podemos comprender así el eje cuidadociudadanía como factor productor de creatividad en la tensión autonomía - heteronomía. La experiencia vivida y las prácticas abrevan la construcción identitaria con la presencia de un otro a quien cuidar que aparece en el espacio de lo público, como condición del propio empoderamiento y de la autogestión.
¿Tienen que ver con el anclaje y la objetivación? Recordemos lo que señala Jodelet“más complejo y fundamental de lo que ha podido parecer, el proceso de anclaje, situado en una relación dialéctica con la objetivación, articula las tres funciones básicas de la representación: función cognitiva de integración de la novedad; función de interpretación de la novedad y función de orientación de las conductas y las relaciones sociales”. 
Es esto una manera de plantear que existe de alguna forma una estructura jerárquica de las representaciones sociales o que estas se organizan alrededor de ejes. ¿Son las themata organizadoras de alguna manera de anclaje y objetivación? ¿Cómo y de qué manera está relacionada con la construcción identitaria que también ha trabajado la teoría de las representaciones sociales? Estos son algunos de los interrogantes que nos plantea el corpus a repensar y profundizar desde las teorías.


1.Vivencia en español y portugués, sin forma de nominación en francés.


2. Programación UBACYT 2003-2007. Facultad de Psicología .Universidad de Buenos Aires. Argentina Directora:Dra.María Cristina Chardon. Investigadores Lic.Marcela Bottinelli, Lic.Marcela Ferreyra; Lic. Juan de la Cruz Mayol; Lic. Livia García Lavandal, Lic Mariana Funes Molineri


 


BIBLIOGRAFÍA


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Sección
Articulos Cientificos
Curriculum del autor/a

Maria Cristina Chardon

crischardon@yahoo.com.ar

Profesora adjunta regular de Psicología Educacional Cátedra I UBA;
Profesora titular ordinaria Universidad Nacional de Quilmes- Departamento de Ciencias Sociales.Licenciada en psicología, UBA.Doctora en psicología, Universidad Iberoamericana de México. Investigadora UBACyT
Categoría 2 Directora del proyecto “Representaciones de salud y cuidado en padres y docentes de nivel inicial”

Maria Marcela Bottinelli

mmbottinelli@yahoo.com.ar

Profesora Titular regular de Metodología de Investigación UNLA Depto. Humanidades y artes;
Profesora Adjunta Regular de Psicología Educacional Cátedra I UBA
Licenciada en Psicología, UBA; Especialista en Metodología de Investigación científica UNLA;
Doctoranda en Salud Comunitaria UNLA – Red Maristan.
Investigadora UBACyT- UNLA