Revisión de novedades bibliográficas Psicofármacos y Salud Mental La ilusión de no ser

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El autor es médico psicoanalista, miembro fundador de la Red Maristan (universidades de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, España, Portugal). 


Dirige el Doctorado en Salud Mental en la Universidad Nacional de Lanús Argentina. Investigador, docente, prolífero escritor de artículos y libros especializados en Salud Mental, cultura y subjetividad.
Su formación fenomenológica (Husserl, Jaspers, Dilthey) lo lleva a la comprensión del sufrimiento del ser humano, y a agudas críticas a los postulados e intervenciones de la psiquiatría positivista de los siglos XIX y XX.
Con lecturas comprensivas de lo biopsicosocial, presta especial atención a autores provenientes de la sociología, la cultura y la filosofía (Hopenhayn, Wittgenstein, Zizek, Habermas) con quienes dialoga y también polemiza.
En este texto, gira sus ideas y teorizaciones, alrededor de la Psiquiatría, la Salud Mental y la subjetividad.


l. Aborda la Psiquiatria, su historia, su lugar en la razón moderna, el positivismo en la corporación médico-psiquiátrico, su poder en la actual medicalización del malestar psíquico y la hegemonía del valor preformativo de la misma.
Estos conceptos, los desarrolla en los capítulos 1 y 2, allí historiza la Psiquiatría en el terreno de la medicina, una forma de especialidad médica, que va adquiriendo autonomía, especialmente de la neurología. Hace referencia a la primera legitimación, en manos de Esquirol.

Examina algunas de las condiciones de su aceptación social, desde los enunciados performativos, el poder simbólico y el discurso de denegación.

Advierte sobre los riesgos actuales de una regresión al período positivista, como una ilusión que siempre retorna, la de encontrar en la biología la explicación sobre lo que somos, prescindiendo del sujeto e ignorando el conflicto que se expresa a través de los síntomas, en ese sentido dice “tristezas, insomnios, miedos, dudas, etc., son abordados como enfermedades, pasibles de ser tratados por medios técnicos artificiales como son los psicofármacos”.

Postula que dentro de la medicina positivista, la medicalización, avanza sobre dimensiones cada vez más amplias de la vida: malestares vistos como enfermedades, llevan a consumos culturales, que responden a hábitos extendidos en la cultura: ansiolíticos para calmar la ansiedad, antidepresivos la tristeza, hipnóticos para dormir, otros para mejores rendimientos sexuales, etc., generando así la ilusión de que para cada malestar de la existencia, hay un remedio adecuado para eliminarlo, sin necesidad de preguntarse sobre las razones del mismo.

Observa que estas drogas sociales se insertan en el creciente proceso de desubjetivación de las personas, acorde a los nuevos rasgos socioculturales, correspondientes a la posmodernidad: pensamiento liviano, inmediatez y velocidad, dominio de la imagen sobre el pensamiento y la palabra, en los que el fármaco es la solución tentadora, que alivia, a la vez que silencia los conflictos del ser humano.
Define la desubjetivación como “enajenación que permite devenir otro de lo que se es, ilusiòn de no ser, de que podemos ser otro de lo que somos, renegación ética, ajena al dominio de la experiencia humana de sentido, emoción y sentimiento”.
Trata de comprender el funcionamiento social, en el cual el poder de la industria farmacológica, es funcional a los poderes económicos de los nuevos capitalismos.
No cuestiona el valor de la investigación y la ayuda financiera que la industria proporciona a la misma. Tampoco desconoce el alivio que los fármacos producen en muchas personas, pero trata de comprender el funcionamiento social real de ese poder en el campo de la salud mental, en el que sigue siendo de suma importancia el valor de la palabra, tema que profundiza en los capìtulos 3 y 7.


2. En los capítulos 5y 6, se ocupa de la Salud Mental: sus fundamentos, el espacio social a su llegada, realiza propuestas, desarrolla su Programa de Salud Mental, se refiere al papel de la política.
Ahonda sobre la falta de un campo teòrico y un cuerpo de prácticas sistematizadas y la dispersión y heterogeneidad de prácticas profesionales.
Propone el desafìo de lograr coherencia epistemológica y metodológica, en la que se pueda transmitir los conocimientos y experiencias producidas.
Para llegar a ello, dice, previamente deberàn resolverse los conflictos y contradicciones entre las disciplinas, para dar lugar a la construcción transdisciplinaria.


3. En los capítulos 3 y 7, se aboca a temas de la Subjetividad, su lugar y destino en la psicopatología y Salud Mental, efectos en la misma de las nuevas culturas y el mundo simbólico en que se vive, los nuevos malestares psíquicos de la existencia.

Plantea tensión y debate entre objetivistas y subjetivistas, recuerda que para los primeros, el cuerpo es causa y origen de los trastornos mentales, basándose en Descartes, se incorporan vía Augusto Comte al positivismo médico. En cambio, para los subjetivistas, más ligados a la filosofía y la psicología, la subjetividad constituye al individuo, la biología estará en interacción con la cultura y el mundo.

Hace referencia a la Fenomenología y al Psicoanálisis, quienes toman en cuenta la subjetividad como objeto de estudio, en el que la palabra es el instrumento terapéutico.

Invita a salir del dualismo sustancial cuerpo-alma, en el que los diferentes discursos interpretan una misma sustancia, con la imposible totalización en una sola disciplina.
El desafío es aceptar la totalidad de los discursos.
Su propuesta es pasar de un momento intrasubjetivo del conocimiento, a otro transubjetivo, para llegar a la subjetividad transdisciplinaria, concepto clave en sus planes y programas de Salud Mental.


Afirma que los malestares actuales, reciben diferentes nombres diagnósticos, pero comparten algunos rasgos de funciones psíquicas, que describe como prototípicos de las consultas actuales: personalidades con pobreza, escasez o ausencia de palabras para expresar sus malestares y síntomas: angustia, ansiedad, decaimiento, insomnio, etc. que viven como extraños a sus vidas, no explicables dentro de funcionamientos psìquicos normales. Vienen con la premura del deseo de suprimirlos, a buscar el remedio y no a interrogarse por su mundo interno y tampoco a que alguien los comprenda y ayude. La cultura posmoderna los incentiva a la medicalización de sus vidas.
Se pregunta: ¿es posible el optimismo sobre esa cultura?.
Opina que la ingenuidad, impotencia y resignaciòn de profesionales y teóricos, ha dado origen a tres posturas: optimismo ingenuo, pesimismo, escepticismo.
Su posición en cambio, es la de un pensador profundo y crítico, posición constante a lo largo de este texto y que viene sosteniendo desde la mayorìa de sus producciones anteriores.|

Cree en “la construcción humana de sentidos, en la que el mundo y la historia son procesos, cuyas direcciones serán el resultado de la acción concreta de los hombres, en la que el deseo de entender y explicar, serà acompañado por el de transformar”.
Psicofármacos y Salud Mental, es sin duda una obra de sumo interés para nosotros, los profesionales de la posmodernidad. Tiene además el mérito de haber sido escrita por unreferente agudo, crítico de gran formación y trayectoria, como lo es el Dr. Galende.

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Curriculum del autor/a

revistadiagnosis@fundacionprosam.org.ar

Formación de post grado: Psicología Clínica. U. B.
Estudios Psicosociales de Género. U.B.A.
Docente universitaria: U.B.A U.C.E.S.
Integrante de la Comisión Directiva de A.P.R.A
Integrante del Comité Editorial de la Revista Diagnosis. Fundación Prosam.
Psicoterapeuta Fundación Prosam.