UNA PROPUESTA TERAPÉUTICA EN LA ATENCIÓN DE SUJETOS “LOCOS” QUE VIVEN EN LA CALLE, EN BRASIL

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Angela Pagot
Berenice Couto

El siguiente artículo se refiere a la tesis de Doctorado intitulada De “locos” en Situación de Calle a Ciudadanos: La Comunidad como Agente de Atención en Salud Mental y Rehabilitación Psicosocial,UNLA,, 2008. Trata de que los “locos” que viven en la calle, no están vinculados a los Centros de Atención Psicosocial, CAPS y Unidades Básicas de la Salud, UBS, si no a las personas que viven en los barrios, allí donde se encuentran y, por las dificultades que ellos tienen para acceder al tratamiento, terminan circulando durante muchos años por las calles de las ciudades contemporáneas y de Porto Alegre, lugar en donde ubicamos a esta investigación. La tésis apunta hacia la necesidad de una revisión en las formas, estrategias y recursos, proponiendo, además del fortalecimiento de las políticas y de la red de servicios de la salud y de la asistencia gubernamental ya existente, la creación y el desarrollo de un trabajo en conjunto con la Comunidad.

Palabras clave: “locos” que viven en la calle, población de calle, redes sociales, comunidad, salud mental.


INTRODUCCIÓN


Creemos que la ciudadanía terapéutica sea posible en una ciudad-comunidad corajuda que enfrenta los retos de la presencia de un mundo multiétnico que refleja sobre las vidas clandestinas, sobre las vidas de los que no tienen donde vivir, sobre las vidas que se conducen por las autopistas (...) así como vidas que invocan instancias de justicia, de la solidaridad inteligente (...). Pensamos las ciudades-comunidad como siendo lugares de encuentros posibles, en las cuales todos puedan asumirse viviendo “junto con los demás” y sentirse parte activa y reconocida de un todo que va más allá además del individuo (...); en la cual el hombre esté en el centro de los proyectos y en la cual cualquiera que sea la política, la praxis y las ideas que las mueven, estén también orientadas para la promoción de la salud mental.


(OMS, CARITAS AMBROSIANA, PREFECTURA DE MILÁN – ITÁLIA,2002). (9)


La validación de esa afirmación fue el motivo principal de esta tesis, pues su objeto se ha constituido indagando la forma en la cual la comunidad que convive con los “locos” que viven en la calle, se relacionan con los mismos, entendiendo el papel de la comunidad, como potencial de Salud Mental y rehabilitación psicosocial de esa población, convirtiéndose en objeto de investigación.
Nos proponemos, entonces, investigar el universo del cual forman parte los sujetos “locos” que viven en la calle, desde el punto de vista de la comunidad de los barrios donde se ubican, considerando, entonces, que los sujetos en cuestión pasan por su mirada.
Consideremos que la interfaz “locos que viven en la calle – comunidad”, a través de miradas y acciones, es productora de Salud Mental de losl primeros y también la única forma posible de mantenimiento de una alianza con la sociedad, pues con el paso de los años, en la calle, esos sujetos van dejando atrás valores y modos de vida, que antes tenían como fundamentales en su existencia: vivienda, baño, comida, familia, lazos sociales.
Lo que pasa es que el “loco” en situación de calle está en donde lo vemos, pero además está en otro lugar, el de su delirio; circula, anda errante, sin orientación por la ciudad; resiste al acercamiento de extraños, menos de algunas personas de la comunidad, a quienes elige. Y, de esa forma, sigue existiendo, durante mucho tiempo o indefinidamente; casi nadie se ocupa de buscar los servicios de la asistencia social, para que se intente, de alguna forma, un trabajo de construcción de una salida, no necesariamente de un lugar, sino de una posición de exclusión psíquica y social.
En la medida en que esa población, que sufre de trastornos mentales graves, es excluida de su ciudadanía, principalmente por la propia sintomatología, lo que hace todavía más difícil su inclusión y, muchas veces, imposible la relación con el otro, terminan permaneciendo y estableciéndose en la calle. De esa forma, nos encontramos con personas que forman parte de un contingente en degradación, desde el punto de vista social, subjetivo, clínico y humano, cuando circulamos por la ciudad, al salir de casa.
Estos sujetos suelen permanecer durante años en el mismo lugar, marcando un territorio, en el caso de que no los echen. Y observamos que cuando eso pasa, rehacen su “hogar”, reordenan sus cosas otra vez y se mueven solamente de forma restricta, manteniéndose por las cercanías, en el barrio.
Son historias que se rompen; son vidas interrumpidas entre el antes y el después del brote y de la calle, siendo estas las dos condiciones a las cuales se fija el sujeto, de tal forma que no se sabe cuál de ellas dos habría sido desencadenante. Nada se sabe sobre sus historias de vida y lo que se puede saber sobre sus identidades es siempre con mucha investigación que se sigue, persistentemente, por hilos de información.
Usamos como ejemplo la historia de María, que permanecía adelante de un edificio; A esta señora, el equipo itinerante de atención psicosocial la internó. Al obtener el alta dijo: la calle se abrió y perdí de vista a mi familia. Cuando se ubicó a los familiares, los hermanos quisieron que  se fuera a vivir con ellos, pero no lo quiso. Vemos, en esa situación, como la vida se interrumpió para ella, aún fuera de las calles.
Los sujetos “locos” que viven en la calle, en general, no buscan los lugares de atención en salud tampoco las casas de convivencia, albergues y abrigos asistenciales, pues la salida para la calle, en la mayoría de las veces, no fue una elección, y sí una imposición, forzada y radical. Esto hace que el trabajo de los equipos itinerantes, en el sentido de que los mismos vuelvan a la condición de sujetos y de ciudadanos sea bastante lento y gradual.
Esa forma de presentación de la enfermedad exige que se escuche una demanda que no se habla, pero es real y hace pensar sobre otras formas de tratamiento en los que creemos que se debe incluir a la comunidad en un trabajo conjunto, pues mientras ellos permanecen en la calle, no solo pertenecen al Estado, sino también, a las personas del barrio en donde se encuentran.
La calle y la locura y, en consecuencia, la comunidad, se asocian no propiamente por una decisión o elección de estos sujetos, si no por una condición de salud mental y, en el caso de no existir intervención profesional de los órganos municipales, los mismos se naturalizan en esas condiciones, delante de todas las miradas.


INVESTIGACIÓN  


Nuestra propuesta, consistió en buscar las respuestas en lo dicho por las personas que conviven y que conocen los sujetos “locos” que viven en la calle, explorando los conocimientos de la comunidad sobre ellos.
Así, buscamos respuestas, haciendo los siguientes planteos:
- ¿Qué piensa la comunidad que ellos son? ¿Cómo la comunidad se posiciona a través de miradas y de acciones? ¿Qué posibilidades presentan los datos que afirman que la comunidad es efectiva en un trabajo en Salud Mental? El estudio de las representaciones sociales fue el instrumento a través del cual buscamos las respuestas.
Según la definición de representación social de la autora:


Es una forma de conocimiento, socialmente elaborada y compartida con un objetivo práctico y que contribuye para la construcción de una realidad común a un conjunto social. Igualmente designada como saber de sentido común o todavía saber ingenuo, natural, esta forma de conocimiento es diferenciada, entre otras, del conocimiento científico.(JODELET, 2001, P 22) (8)


La comunidad presenta un conocimiento acerca de los sujetos “locos” que viven en la calle y, a partir de ello, asume varias acciones, reacciones e iniciativas, siendo nuestro objetivo darlo a conocer.
Además de conocer la comunidad de Porto Alegre, a través de ese estudio, presente en las acciones desarrolladas junto a los “locos” que viven en la calle, estamos planteando y estableciendo un punto de reflexión que involucra distintos sectores de la sociedad: el gobierno, los profesionales y la comunidad.
Se busca, así, convertir en diálogo público la atención en Salud Mental y la rehabilitación psicosocial de los sujetos “locos” que viven en la calle, que creemos que es posible solamente a través de la construcción de alianzas, con el objetivo de recuperar la ciudadanía, la dignidad y la organización psíquica de estas personas que están excluidas de todos sus derechos.


LOCURA, CALLE, COMUNIDAD Y CIUDADANÍA 


Estos temas fueron desarrollados de forma secuencial, en este artículo, manteniendo presente la idea de un camino y de un movimiento que va desde la locura, la calle y pasando por la comunidad, hasta llegar a la ciudadanía planteado como una sola cuestión.
La sociedad y los grupos sociales resisten a la diferencia. Trabajamos aquí con diferencias que son muy antiguas. La historia de la locura nos demuestra tal hecho, es decir, por mucho tiempo permaneció errante por las calles de la Edad Media, hasta el momento en que, a partir que la psiquiatría adquirió una forma de pertenencia, en cuanto al paciente psiquiátrico con identidad construida dentro de este campo del saber. Evidentemente, se sabe que se trata de un status negativo, pero de cualquier forma, pasan a tener una posición, incluidos socialmente como enfermos mentales.
La locura en situación de calle está en una relación constante con el social, por lo tanto, se expone a los ojos de todos, aunque muchos puedan negar su presencia, haciéndola invisible. En trabajo anterior a este, referimos que “la locura en sus relaciones con el social asume un lugar que puede ser de una presencia excluida o de una exclusión en presencia” (Pagot, 2000, p. 28) (10). 
Tenemos, entonces, dos tipos de locura: la privada y la pública.
La locura privada está relacionada a los conocimientos terapéuticos del campo Psi; está visible, socializada y incluida, hasta donde es posible que la sociedad acepte a ésta diferencia u entonces, encerrada en su domicilio y sometida a una exclusión dentro de la propia familia.
La locura pública se encuentra en un lugar en el discurso social, que es el de una exclusión y asociada a la pobreza, a la mendicidad, a la vagancia, a la tragedia, a los desastres de la vida*. Sin ningún vínculo de tratamiento, sobrevive como una especie de resto de una edad pre-psiquiátrica, anterior a la denominación de la enfermedad mental; en el siglo XVIII, por lo tanto, antes de que surgieran los asilos. Esta es una de * La comunidad en su entorno acostumbra contar historias míticas de desastres y pérdidas, intentando explicar como esta persona terminó en la calle o de como enloqueció. Ferraz (2000, p. 117) refiere el poema de Jorge de Lima “Joaquina Maluca”, donde refiere la pregunta a cerca del porqué la personaje enloqueció – “¿es la locura la que lleva a vivir la vida miserable del loco en la calle o es la pobreza que enloquece una persona?” (4) las razones para que lo tratemos de “loco” y no psicótico, pues esta última es una denominación que adviene de las ciencias del campo psi.
Acá vamos a detenernos en la locura pública o “en situación de calle”, terminología que adoptamos por ser diferente a expresar o decir: “de calle” o todavía “en la calle”. Esa expresión designa un evento, un pasaje, movimiento y no un estado permanente.
En el papel no solamente de investigadora si no también de trabajadora con esa población, es de fundamental importancia ese espíritu de apuesta en el cambio de las condiciones actuales de vida; mantenernos presente un ideal de “yo”, que como hemos dicho, en el contacto con “locos” que viven en la calle ya no está.
Guerra (1995, p. 187) relaciona que “la calle es femenina porque recibe y es la madre de los huérfanos, cría a niños rechazados o a cualquier otro; y el padre debe ser la sociedad organizada que no los reconoce y los abandona”. (7) 
Desde el punto de vista psíquico, podríamos decir que la madre-calle es un útero, sin embargo, ella también resulta en la muerte, en la alienación, pues no hay fruto posible en ella y los sujetos resisten en dejarla; resulta en un lugar donde puede habitar la locura. Puede ser entendida como siendo depositaria, pues, de todo lo que la cultura dominante no puede aceptar. Conforme Broide (1993, p. 99) “la calle es espacio de muerte y un fuerte porta-voz del siniestro y del mal-estar de nuestra cultura”. (1) 
La calle entonces que aquí abordamos es ese espacio que acoge a sujetos “locos” cuyas prioridades en ese momento, en esa situación, son distintas de las anteriores, cuando poseían vivienda, vínculos familiares y un papel social, pasando entonces a subvertir la cuestión del público y del privado, cuya temática está directamente relacionada.
El “loco” en situación de calle pone en escena la carencia del privado, lo que nos sorprende, en la medida en que no entendemos cómo alguien puede vivir sin un mínimo de intimidad. Sin embargo, tales sentimientos se dan desde un punto de vista de nosotros que estamos afuera, desde el lugar de transeúntes, o sea, de gente que tiene una identidad constituida y que, en el momento, transitamos por el espacio público, solamente. Vale citar como ejemplo la charla de una paciente que refiere que no dormía en los albergues y abrigos porque en estos lugares no podía conciliar el sueño, por el hecho de que no estaba sola y cuando en su habitación, en su casa, al dormir sin nadie que estuviera junto a ella, sentía miedo. De esa forma busca en la calle privacidad y protección.
Intentando definir ambos términos, de acuerdo con el diccionario, Ferreira (1999) conceptúa el término privado como “de la orden del íntimo, así como de lo que tiene alguna privación”, y el término público quiere decir “conocido por todos, manifiesto, notorio, que se da en presencia de testigos, destinado a las personas, al colectivo, abierto a cualquier gente, concerniente al gobierno de un país”.
La comunidad estudiada es la que es compuesta por las personas que conviven con los sujetos “locos” que están en la calle, por el hecho de que residen o trabajan en ese lugar, diferentemente del Estado y profesionales que deben tomar para sí la responsabilidad, ella mantiene una relación espontánea, sin embargo siempre de visibilidad.
La comunidad elegida como población de investigación, en la realización de las entrevistas, caracterizase por conferir tal visibilidad al sujeto “loco” en situación de calle. Se entiende por visibilidad el hecho de que existen manifestaciones, reacciones de simpatía, desagrado, actitudes de comunicación, rechazo, ayuda, agresión, entre otras.
Tales actitudes son resultado de percepciones e sentimientos provocados por la visión del sujeto “loco” en situación de calle y que fueron construidas por determinaciones culturales históricamente vividas y que tiene que ver con el espacio y el tiempo en que se dan, confiriendo una característica de lo que se pasa actualmente, en la ciudad y barrios.
El término “comunidad” según Ferreira (1999, p. 517) designa “calidad o estado de lo que es común, comunión, concordancia, conformidad, identidad, obligación o derecho común”. (5)
Incluso, de acuerdo con el autor, también se refiere a “cualquier grupo social cuyos miembros habitan una región determinada, tienen un mismo gobierno y están hermanados por una misma herencia cultural e histórica”.
El autor (ibidem, 1999, p. 517) sigue, conceptuando como siendo un “grupo de personas que comulgan una misma creencia o ideal” y “agrupamiento que se caracteriza por fuerte cohesión basada en el consenso espontáneo de los individuos”. (5)
¿Cómo se puede entender, hoy, una comunidad o las posibilidades de existencia de la misma y con qué formato se presenta?
La comunidad adquirió muchas formas, pero en todas, ella provee la pertenencia que significa no solamente que seamos parte de ella, si no también que los otros nos reconozcan como tal; y hoy, la sociedad se complejizo, o sea, no se puede pensarse como algo estático vinculada únicamente al mismo tiempo y lugar.
¿Dónde está la comunidad? O ¿Qué ha quedado de ella? 
Conforme referimos, la comunidad contemporánea aparece vinculada a la formación de clanes, estableciendo relaciones diferenciadas de cooperación entre si, entre iguales. Así, ella no parte del principio universal de la humanidad, pero produce otro arreglo necesario para las personas. Salvo en situaciones de catástrofe o eventos fugaces, cuando todos se unen, temporalmente, hasta pasar el problema externo y, de ahí para adelante, todos retoman el alejamiento que existía entre los pertenecientes y los que están afuera.
En Brasil y en Porto Alegre no es distinto; el fútbol, por ejemplo, es capaz de unir a las personas para más allá de su propio círculo, produciendo un sentimiento fugaz de pertenencia colectiva; cuando, entonces, muchos pasan en los coches saludando a las banderas de otros pasantes, sin embargo, esa unión y capacidad de inclusión no durará más de 48 horas.
Existe una dualidad entre, por un lado aislarse y, por el otro, pertenecer a una comunidad, en un ir y venir homeopático. 
De acuerdo con el autor:


Esa gran tensión balizó la dualidad que marca la ciudad moderna: de un lado el deseo de libertarse de los compromisos comunitarios, en nombre de la libertad personal; por otro, las ganas de encontrar un local en donde todos se preocupan con cada uno. (…) hasta hoy la humanidad busca un medio que permita combinar individualismo económico y lazos comunitarios. (SENNET, 1997, p. 140) (11)


La necesidad de estar junto, entre “iguales” parece ser el principio que baliza la comunidad actualmente y que, a través de la construcción de condominios, shoppings, las personas se relacionan con lo que es diferente, pero hasta donde esa diferencia esté reducida al máximo.
Una característica de la sociedad contemporánea es el deterioro de los lazos comunitarios debido a la falta de estabilidad e incertidumbre, todo puede cambiar en cualquier instante, las raíces son frágiles, asociado a una búsqueda de serenidad y certezas. Las personas cambian fácilmente de lugares y nada es tan fijo. Así, el factor inseguridad asociado a la violencia urbana, provocó una sociedad victimizada y fragilizada y que toma iniciativas en el sentido de protegerse.
Las relaciones en lo cotidiano, en la mayor parte de las horas del día, asumen un carácter de impersonalidad, pues transitamos por lugares públicos, donde hacemos cosas importantes de nuestra vida como compras y pagos en tiendas, supermercados, bancos y locales de servicios, sin que las personas nos reconozcan o que les reconozcamos a los demás.
La construcción de lazos sociales es un ejercicio no siempre practicado por vecinos, compañeros y conocidos; su estrechamiento viene a ser un esfuerzo, pues todo conspira para que los mismos no ocurran.
Así, la comunidad posible del siglo XXI es entre rejas. Parece estar abolida la posibilidad de coexistencia y tensión entre diferentes mundos y, tal como el nazismo intentó, andamos en la búsqueda de un mundo perfecto con muchos equipos digitales y comodidad que puedan alejarnos de la pobreza y de la locura de las ciudades tan imperfectas.
Los “locos” que viven en la calle, por el contrario, tienen como regla un fuerte vínculo con la comunidad, aunque sea de forma indirecta y anónima, con aquél que simplemente pasa, pero que forma parte del paisaje y de la escena donde él se instaló. Estos lazos han sustituido a los que se establecían anteriormente y se presentan bajo la forma de una relación institucional y totalizadora.
El sentido que se establece para los habitantes de los espacios públicos, sus relaciones con el territorio geográfico en donde están, ilustramos, como sigue:


"La calle se convierte en depositaria de una gran cantidad de vínculos que en la mayor parte del tiempo, están mezclados por las pérdidas motivadas por las exclusiones sucesivas. Estos vínculos, ahora, tienden a condensarse de forma indistinta, configurando este espacio como siendo una institución fuertemente aglutinada." (BROIDE, 1993, p. 89) (1)


La comunidad que tratamos de conceptuar es la comunidad posible para los sujetos cuyos lazos fueron cortados y para quienes toda inclusión es problemática, de modo que el sentido de identidad y pertenencia debe ser entendido de formas distintas a las tradicionales para que sean incluyentes. Este estudio buscó saber cuál es la pertenencia posible entre la comunidad vecina y los sujetos “locos” que viven en la calle.
Se trata de la comunidad cercana en donde el “loco” vive; en la misma calle, donde hace su rutina, por donde pasa, donde se queda por la mañana, por la tarde y por la noche. Las personas lo conocen y hay quien le da el café, el cigarrillo, la comida; hay quien no lo quiere y lo echa de allí. La comunidad del barrio ya sabe que todos los días, en el mismo horario, él se encuentra allí, por la misma razón o quizás, por ninguna, pero allí se mantiene.
Así también, intentó conocer esa comunidad a la que nos referimos, para saber el modo en que ella podría proveer, a través de lazos socialesl, su colaboración en el sentido de la atención en Salud Mental y en la rehabilitación psicosocial de esa población.
La idea de ciudadanía hace referencia en las entrevistas a la cuestión de los derechos que han sido infringidos y por cuya causa, los sujetos “locos” en situación de calle están viviendo en estas condiciones de no ciudadanos. Relacionado a esto, buscamos la idea que trae el autor:
Para que haya ciudadanía plena es preciso que el incluido no se excluya de la presencia del excluido”. (FRANCO, 1998, P. 69) (6)


Nos apoyamos en el concepto de ciudadanía definido por Coutinho (2000) como íntimamente ligado al de democracia, tratándose de su mejor expresión. Según el propio autor: 
"Ciudadanía es la capacidad conquistada por algunos individuos o por todos, en el caso de una democracia efectiva de apoderarse de los bienes socialmente creados, de actualizar todos los potenciales de realización humana abiertas por la vida social en cada contexto históricamente determinado. (COUTINHO, 2000, p. 50) (3).


El autor referido utiliza como sinónimos los conceptos de “ciudadanía”, “soberanía popular” y “democracia” y afirma que ella no es un hecho permanente, sino el resultado de una lucha de las clases subalternas.
La no ciudadanía de los “locos” que viven en la calle se refiere a la ausencia de todos los derechos: civiles, políticos y sociales, pero lo que se está planteado inicialmente , concierne a los derechos últimos que se refieren a la salud y a las condiciones dignas de vida de los que están excluidos. Si, de acuerdo con el concepto, ella es una conquista, no hay cómo suponer que ellos puedan acceder por sí mismos, porque no se colocan como demandantes de estos derechos; de esa forma, necesitan cuidados de otros que demanden por ellos.
Aquí se trata de personas que no ejercen la ciudadanía y están sometidos a una exclusión moral por otros grupos; de acuerdo con Cardia (1994, p. 50), “en Brasil, grupos considerados al margen de la sociedad están viviendo ese proceso en función de la ausencia de una ciudadanía democrática y por la falta de poder de los gobernados sobre los gobernantes por su alineación, de la producción de las leyes y por la continua trasgresión de derechos sociales y económicos”. (2)
La ciudadanía de los sujetos “locos” en situación de calle es, dentro de ese contexto de país, un tema a ser pautado por los ciudadanos reconocidos como siendo un atributo que no debería ser perdido, por el hecho de que el sujeto esté enfermo y sin domicilio.


REPRESENTACIONES SOCIALES  


El análisis de los hallazgos de acuerdo a los gráficos 1 y 2, nos permite decir que la comunidad de Porto Alegre que se investigó asume posiciones contradictorias en relación a los “locos” que viven en la calle, pudiendo actuar de forma protectora o excluyendo a los mismos, en distintos momentos.
No fue posible identificar una representación exclusiva de la comunidad en relación al objeto de la tesis. Las respuestas referidas a participación e individualismo tanto como las correspondientes a la ambigüedad e impotencia circulan entre sí y están, al mismo tiempo, presentes en las personas entrevistadas y también en la comunidad portoalegrense, de la que los datos de este estudio fueron inferidos.
Esa situación queda bien ejemplificada, con lo que dice uno de los entrevistados: 
“Una mezcla de temor, un miedo de llegar cerca porque uno no sabe el tipo de reacción que él va a tener, una mezcla de repugnancia por el comportamiento, por el olor, por el estado deplorable y una mezcla de misericordia porque uno está mirando a un ser humano que esta peor que una cucaracha de cloaca”.


Gráfico 1. Representaciones sociales de la comunidad sobre los "locos" que viven en la calle.


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Fuente: Hallazgos de la investigación. Elaboración de las autoras.


Gráfico 1 Son distintas comunidades pues reaccionan y tienen distintas representaciones sociales delos “locos” que viven en la calle, pero que también se juntan siendo una sola comunidad. El elemento que intercepta a todas ellas y está siempre presente es la angustia que surge para todos, delante esta clase de personas que están cada vez más se haciendo presente en la ciudad.


Gráfico 2 Representaciones sociales de la comunidad sobre los "locos" que viven en la calle. Desencadenando miradas y acciones.


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Gráfico 2. En este gráfico, se puede ver algunas de las representaciones sociales de las distintas comunidades que encontramos, desencadenando miradas y acciones.


CONCLUSIÓN

Basándose en los hallazgos de la investigación, podemos afirmar que la comunidad revela tener potencial para el trabajo en conjunto con los profesionales de la Salud Mental y de la asistencia social de la municipalidad de Porto Alegre, en una acción conjunta con el Estado, porque dicha comunidad no está cerrada a una única postura de exclusión.
Nuestros resultados apuntar a que la visibilidad se hace presente, aunque de modo negativo. Por principio, nada es totalmente visible o invisible. Sabemos que los “locos” que viven en la calle pueden dar la impresión de invisibilidad. Trabajamos desde una propuesta de lo visible o sea, del reconocimiento de lo visible pues los “locos” que están en la calle tienen una presencia concreta; hay que cambiar la actitud delante de lo visible.
Ese trabajo puede, o no, llevar a una salida de esas personas de las calles y, tanto en un caso como en el otro, mientras el “loco” esté en la calle, la comunidad desempeña un importante papel en el sentido de ofrecerle más dignidad y protección; pudiendo, incluso, mantener lazos sociales de pertenencia en el barrio, hasta el límite permitido por la propia locura y por el grado de disponibilidad y envolvimiento de los que allí residen.
De esa forma, a partir de los hallazgos de la investigación, se sugiere incluir en el trabajo de atención en Salud Mental, a la comunidad del barrio, siendo la misma, suficientemente informada y apoyada por los equipos de los CAPS, PSFs y UBSs del mismo territorio geográfico; también por la Guardia de Salud Mental y de las Casas de Convivencia, o sea, por toda la red de servicios de salud y del trabajo social existente.
Proponemos, entonces, que el trabajo conjunto con la comunidad sea un dispositivo de Salud Mental, valorando las redes informales de protección que existen con relación a esta población y contribuyendo para que se construyan aún más.
Haciendo que la atención a personas con trastorno mental grave, en situación de calle, sea un diálogo con la ciudad, en los barrios podrían trasformarse las relaciones de la ciudad misma, con todo lo que le pertenece, incluso su propia locura.
No nos propusimos hacer una generalización de este trabajo más allá de los límites de la ciudad; pero sí ofrecer elementos para una mejor organización de los equipos. Desde nuestra realidad, nos interesa mantener un diálogo con los equipos de Buenos Aires y otras ciudades, sobre la misma temática y del trabajo con la población que vive en la calle.


BIBLIOGRAFÍA


1.BROIDE, J.
A Rua enquanto Instituição dá Populações Marginalizadas: uma abordagem psicanalítica através do grupo operativo. São Paulo: 1993. PUC-SP, Dissertação do Mestrado em Psicologia Clínica, Pontifícia Universidade Católica de São Paulo.2. CARDIA, Nancy.
Percepção dos Direitos Humanos: ausência de cidadania e a exclusão moral. In Spink, Mary Jane Paris (org.) A Cidadania em Construção: uma reflexão transdisciplinar. São Paulo: Cortez, 1994.3. COUTINHO, Nelson Coutinho.
Contra a Corrente: ensaios sobre democracia e socialismo. São Paulo: Cortez, 2000.4. FERRAZ, Flávio Carvalho.
Andarilhos da Imaginação: um estudo sobre os loucos de rua. São Paulo: Casa do Psicólogo, 2000.5. FERREIRA, Aurélio Buarque da Holanda.
Dicionário dá Língua Portuguesa. 3 ed. Rio de Janeiro: Nova Fronteira, 1993.6. FRANCO, Augusto de, ALMEIDA, Francisco Inácio, DE PAULA, Juarez.
Uma Nova Formação Política no Brasil, Instituto de Política, Brasília: ADN, 1998.7. GUERRA, Maria Emília Ferreira.
População da Rua do Ponto de Vista Teológico e Psicológico. In.: ROSA, Cleisa M. Mafei (org.).População da Rua: Brasil e Canadá. São Paulo: Hucitec, 1995.8. JODELET, Denise (org.)
Representações Sociais. Rio de Janeiro: EDUERJ, 2001.9. OMS, CARITAS AMBROSIANA, PREFEITURA DE MILÃO.
A Cidadania é Terapêutica: confronto sobre as boas práticas para a Saúde Mental no Mundo, carta de Intenções, Itália, 2002.10. PAGOT, Ângela M. O
Cotidiano da Loucura: palavras de inclusão e exclusão. Porto Alegre: 2000 UFRGS, Dissertação de Mestrado em Psicologia (Psicologia Social e Institucional), Universidade Federal do Rio Grande Do Sul.11. SENNET, Richard.
Carne e Pedra. Rio de Janeiro: Record, 1997.

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Sección
Articulos Cientificos
Curriculum del autor/a

Angela Pagot

angepagot@hotmail.com

Licenciada en Psicología.
Esp. en Psicología Clínica.
Ms. en Psicología Social y Institucional.
Dra. en Salud Mental Comunitaria, UNLA.
Docente de carrera en la Fac. de Ciencias y Letras, FAPA, Porto Alegre, Brasil; 
Técnica del Departamento de Salud de la Municipalidad de Porto Alegre, RS, 
Brasil.

Berenice Couto

berenice.couto@pucrs.br

Licenciada en Trabajo Social.
Dra. En Trabajo Social /PUCRS
Docente de la carrera de Trabajo Social en la PUC-RS, Porto Alegre, Brasil.