ENVEJECIMIENTO. ASPECTOS DEMOGRÁFICOS, SOCIALES Y PSICOLÓGICOS Fecha de recepción 31/5/2010                                                                                      Fecha de aceptación 5/7/2010

Contenido principal del artículo

Sara Chapot
Patricia Guido
Marcela Lopez

El siguiente trabajo analiza los aspectos demográficos, sociales y psicológicos del envejecimiento en la actualidad. Realiza un recorrido de las últimas proyecciones sobre el envejecimiento poblacional mundial, en Latinoamérica y el Caribe, y en la Argentina. Se evidencia el incremento de la población de adultos mayores como resultado del aumento de la expectativa de vida en concordancia con los avances científicos y tecnológicos. Cada cultura determina un modo particular de envejecimiento teniendo en cuenta tanto los ideales y los valores como los niveles de desarrollo socio-económicos. Existen diversas teorías sobre el envejecimiento que describen cómo se desarrollan los cambios en los sujetos a medida que envejecen. En la sociedad actual prevalecen aún representaciones y estereotipos sociales negativos que tienen incidencia sobre los adultos mayores. En la vejez el sujeto deberá llevar a cabo un proceso de adaptación y adecuación a los cambios biológicos, psicológicos y sociales. El envejecimiento normal y patológico no está predeterminado por la presencia o ausencia de enfermedad física o psíquica, sino por la capacidad adaptativa del sujeto para afrontar las situaciones que le tocan vivir y que determinan los diferentes modos de envejecer. 



Palabras clave: Envejecimiento poblacional, Teorías sociales, Proceso de envejecimiento, Aspectos psicológicos, Adultos mayores.


INTRODUCCIÓN


El presente capítulo tiene como objetivo delinear un panorama actual sobre aspectos demográficos, sociales y psicológicos del envejecimiento. 
Las últimas proyecciones a nivel mundial y en Latinoamérica y el Caribe, ponen en evidencia el incremento de la población añosa y la necesidad de optimizar los recursos para abordar las problemáticas emergentes de esta franja etárea.
Es de conocimiento general que en los últimos años se produjo un aumento de la población de adultos mayores debido al incremento de la expectativa de vida, como resultado de los avances científicos y tecnológicos que ocuparon un lugar relevante en la prevención y el tratamiento de las enfermedades. Asimismo, cada cultura va determinando un modo particular de envejecimiento teniendo en cuenta tanto los ideales y los valores como los niveles de desarrollo socio-económicos. 
Durante el proceso de envejecimiento el sujeto está expuesto a vivir situaciones de pérdidas, duelos, enfermedades, cambios socioeconómicos, que pueden ocasionar la aparición de diversos trastornos, los cuales estarán en directa relación con los antecedentes históricos, biológicos, psicológicos y sociales, que determinarán diferentes modos de envejecimiento. Los progresos científicos generan recursos permanentes para afrontar las diversas problemáticas, pero no siempre estos avances se corresponden con un mejoramiento en la calidad de vida.  
La formación continua y la investigación posibilitan el trabajo en prevención, en diferentes niveles. No se trata de evitar el envejecimiento, ya que el mismo no es una enfermedad, sino de trabajar en los modos de afrontamiento de situaciones conflictivas que pueden plantearse en esta etapa del curso vital. 


1. ASPECTOS DEMOGRÁFICOS 


1.1. EL ENVEJECIMIENTO DE LA POBLACIÓN MUNDIAL Y LA TRANSICIÓN DEMOGRÁFICA (26) 


La disminución de la natalidad y el progresivo aumento de la esperanza de vida de las personas impactan directamente en la composición por edades de la población, al reducir relativamente el número de personas en las edades más jóvenes y engrosar los sectores de las edades más avanzadas. La natalidad y mortalidad de la población mundial han sufrido un considerable descenso, particularmente durante la segunda mitad del siglo pasado. 
Los cambios en la mortalidad de la población mundial se reflejan en una mayor sobrevivencia, la cual aumentará considerablemente en la primera mitad de este siglo, al pasar de alrededor de 65 años en 2000-2005 a 74 años en 2045- 2050. Actualmente, la esperanza de vida de las mujeres (67.6) es superior en alrededor de cinco años a la que registran los varones (63.3). Cabe resaltar que en los países más desarrollados, la esperanza promedio de vida al momento del nacimiento es de casi 76 años en el quinquenio 2000-2005, la cual podría aumentar a 81 años a mediados de este siglo, a la vez que en los países en desarrollo se estima que aumentará de 63.4 a 73.1 durante el mismo periodo. 
En la historia de la humanidad la población creció muy lentamente. Debido a la reducción del ritmo de crecimiento demográfico total, se estima que la población mundial alcanzará su máximo tamaño algunos años después de 2050, con una población aproximada de 9 mil millones.
Entre 1950 y 1980 el porcentaje de adultos mayores con respecto a la población total se mantuvo alrededor del 8%, mientras que en el 2000 ascendió al 10%. Bajo las tendencias previstas del envejecimiento demográfico mundial, se estima que en 2030 este porcentaje ascienda a 16.6% y en 2050 a 21.4%. En tanto en el año 2000 una de cada diez personas en el mundo era un adulto mayor, a mitad de siglo será una de cada cinco personas.
Entre los adultos mayores el grupo que crece a mayor ritmo es el de las personas de más edad. En el año 2000 había alrededor de dos adultos entre 60 y 69 años por cada adulto de 70 años o más; en el año 2050 esta proporción se igualará e incluso será ligeramente superior para las personas de edades más avanzadas.


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Se estima que a mediados del siglo XXI la edad mediana será de 49.9 años en los países desarrollados y de 41.3 años en los países en desarrollo, por lo que la brecha que los separará será solo de ocho años. En los países menos desarrollados la edad mediana en el año 2000 ascendía a 18.5 años; se espera que aumente a 30.1 a mediados de siglo, por lo que todavía será muy inferior a la de los países desarrollados y en desarrollo. 
El envejecimiento de la población también se aprecia en la proporción que representa el grupo de 60 años y más respecto del total de habitantes de los países. Los países europeos, junto con Japón, son los que se encuentran más avanzados en este proceso. En la mayoría de ellos, al menos una de cada cinco personas tiene 60 años de edad o más. Se estima que para el año 2050 alrededor de uno de cada tres sean adultos mayores en esos países, mientras que en muchos países de las regiones menos desarrolladas los adultos mayores representarán a más de uno de cada cuatro habitantes. 
A pesar de las diferencias, todos los países apuntan a tener mayores proporciones de adultos mayores. En el año 2000, uno de cada diez países tenía una población de adultos mayores que superaba o igualaba al 20%; mientras que en el año 2050 serán alrededor de seis de cada diez, como se hace evidente en las proyecciones realizadas. 
A excepción de la mayor parte de los países africanos, donde la transición demográfica está actualmente en un proceso incipiente, el resto de los países estarán enfrentando un envejecimiento avanzado de su población. 
La mayoría de los adultos mayores se encuentra en los países menos desarrollados, a pesar de que éstos se sitúan en una fase menos avanzada del proceso de envejecimiento demográfico. En el año 2000, el número de adultos mayores en los países menos desarrollados alcanzó los 375 millones, lo que equivale al 62% del total de adultos mayores en el mundo, pero solo al 7.7% de la población de estos países. En cambio, 232 millones de adultos mayores residían en los países desarrollados, solo el 38% de la población mundial mayor de 60 años, pero el 19.4% de su población total. Se espera que el porcentaje de adultos mayores que reside en países en desarrollo se incremente aún más en las próximas décadas, de tal forma que casi el 80% de los 1900 millones de personas de 60 años o más que habrá en el año 2050 residirá en los países que hoy tienen menores niveles de desarrollo.

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El incremento del envejecimiento poblacional mundial transforma sustancial y progresivamente la situación de la salud de los individuos y, al mismo tiempo, influye sobre la estructura y la dinámica de la familia.


1.2. EL ENVEJECIMIENTO POBLACIONAL EN LATINOAMÉRICA Y EL CARIBE (28)


Los estudios realizados en las últimas décadas sobre el envejecimiento poblacio-nal evidencian que la población Latinoamericana y del Caribe, en mayor o menor intensidad, ha experimentado un aumento considerable en el número de personas mayores de 60 años. Con la modificación de las estructuras demográficas, las personas de edad adquieren una mayor representación numérica. 
En el año 2000 la población regional de 60 años y más era de 43 millones de personas, cifra que irá en aumento hacia el año 2025, cuando las personas de edad alcancen los 101,1 millones. Para el año 2050 la población de esta edad podría llegar a los 186 millones de latinoamericanos y caribeños, superando ampliamente las cifras observadas hacia fines del cuarto del siglo anterior.
Entre los años 1975 y 2000 el porcentaje de la población de 60 años y más pasó de un 6,5% a un 8,3% en América Latina y el Caribe. Para el año 2025 se espera que esta cifra sea cercana al 15,1%, lo que sin duda hará que este grupo adquiera una mayor notoriedad al interior de la población. Y para el año 2050 las personas de edad representarán aproximadamente el 25,5% de la población, de tal manera que una de cada cuatro personas tendrá 60 años o más. Por lo tanto, el incremento de las personas mayores está acompañado de un aumento en el peso relativo de este grupo respecto del total de la población.
En los países donde el proceso de envejecimiento se encuentra más avanzado, tales como Uruguay, Argentina, Cuba, Chile y otros, la proporción de personas mayores de 60 años será superior al 20% en el año 2025. En aquellos con un envejecimiento más tardío como Bolivia, Paraguay y Nicaragua, entre otros, el porcentaje de personas de edad se ubicará alrededor del 10% para esa misma fecha.


1.3. EL ENVEJECIMIENTO POBLACIONAL EN ARGENTINA


Argentina presenta niveles de envejecimiento poblacional propio de los países desarrollados pero en condiciones adversas. La calidad de vida del adulto mayor se ve afectada por la falta de un espacio social reconocido, a lo que se suma la amenaza de la pobreza y la soledad. No obstante esto, en los últimos años se observa un interés en esta problemática, que abarca tanto el ámbito de la salud como el de las políticas sociales. Esto se ve reflejado, en todo el país, a través de programas destinados a promover un envejecimiento activo y con mayor protagonismo del adulto mayor. Actualmente se utiliza el concepto de empoderamiento para hablar de las diferentes formas en que los adultos mayores se ocupan y utilizan sus recursos en la búsqueda de soluciones de sus problemáticas. 
Según los datos del último Censo Nacional de Población del año 2001, la población de más de 65 años es de 9,9%. En 1991 este porcentaje era de 8,9%, en tanto en el año 1895 (primer censo nacional), el porcentaje de adultos mayores fue del 2,5%. Otro dato demográfico relevante de este censo es que en el país, en el sector de 65 años o más, cada 100 varones hay 146 mujeres.
En la Capital Federal, el censo de 2001 revela que el 17,2% de la población supera esa edad, en tanto se infería que en el año 2010 el porcentaje alcanzaría el 22%. El censo del INDEC advierte que la población de Argentina se encuentra atravesando un proceso de envejecimiento poblacional, con una proporción creciente de adultos mayores y una decreciente proporción de jóvenes. La Organización de las Naciones Unidas considera que una sociedad está envejecida si más de un 7% de su población es mayor de 65 años.
En nuestro país el incremento de la población adulta mayor se manifiesta significativamente en los periodos censales comprendidos entre los años 1869/2001. (14) 
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Teniendo en cuenta los datos estadísticos mencionados, tanto a nivel mundial como en  Latinoamérica y el Caribe en relación al incremento demográfico de la población de adultos mayores, las naciones tienen el desafío y la responsabilidad de generar recursos económicos, biomédicos y sociales para afrontar las necesidades emergentes.

2. ASPECTOS SOCIALES 


Cada cultura determina un modo de envejecimiento. Las pautas culturales y socio-económicas construyen los modelos de desarrollo, participación y autorrealización de los adultos mayores.
Las políticas sociales gerontológicas actuales, enfatizan la necesidad de establecer nuevos modelos de envejecimiento. Estas concepciones ideológicas consideran a los adultos mayores como agentes y beneficiarios del desarrollo, basadas en un modelo de participación activa.
La Organización Mundial de la Salud, a finales de los años 90, define: “El envejecimiento activo es el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen”. (21) Establece los 65 años como la edad cronológica de inicio de la vejez para los países desarrollados y los 60 años para lo países en vías de desarrollo.
Existen diferentes conceptualizaciones que definen el envejecimiento ya sea como: normal, patológico, saludable, funcional, competente, satisfactorio, exitoso, óptimo. Las mismas coinciden en la necesidad de optimizar los recursos con los que cuenta el individuo a lo largo de su historia para afrontar las vicisitudes y cambios propios de esta etapa.
El concepto de envejecimiento activo potencia en el sujeto la posibilidad de una mayor autonomía e independencia con el propósito de lograr una mejor calidad de vida. 
Naciones Unidas en las sesiones preparatorias para la Segunda Asamblea Mundial sobre Envejecimiento realizada en Madrid en el 2002, remarcó la importancia del proceso de adaptación a lo largo de la vida del sujeto y la presencia de un entorno que brinde asistencia y apoyo como condiciones que permitan llegar a la vejez en un estado de bienestar y buena salud.


2.1 LONGEVIDAD Y GÉNERO  


Lalive d’ Epinay plantea que “Los viejos más viejos constituyen actualmente el grupo de edad con crecimiento más rápido dentro de la población de las sociedades industriales. En contraste con lo que sucede con otros grupos, existen sin embargo, muy pocos estudios sobre el modo en que la gente sobrelleva su vida durante la vejez avanzada”. (15)
Los mayores de 80 años, en los próximos 30 años, constituirán el 30 % de los adultos mayores en los países desarrollados y el 12 % en los llamados en vías de desarrollo. 
Estas personas que hoy tienen más de 80 años, nacieron en el primer cuarto del siglo pasado con la fuerte influencia victoriana de fines del siglo XIX. La visión represiva y puritana de aquella sociedad en la que nacieron se contrasta, entonces, con los nuevos paradigmas sociales generados por la globalización y el significativo avance tecnológico, con una fuerte valorización de lo bello y lo joven planteado por la cultura occidental.
Este intenso contraste va acompañado también de una marcada diferenciación de roles tanto para el hombre como para la mujer. La mujer se ocupaba de la crianza, del cuidado de sus hijos y de los adultos mayores de la familia. El hombre, en cambio, centraba su interés en el trabajo y la productividad.  
Los estudios de género enfatizaron la efectividad de las “relaciones de poder” para construir modalidades subjetivas, vinculares y para explicar tendencias diferenciales entre varones y mujeres. En las generaciones mayores de occidente, cuya crianza ha sido tradicionalista, se manifiesta más claramente. 
La familia ejerció un poder diferente sobre hombres y mujeres. A los hombres se les exigía trabajar para atender las necesidades de la familia, mientras que a las mujeres que accedían al mercado laboral se las acusaba de abandonar esa misma familia por un salario complementario. Los hombres “entraban en carrera”; las mujeres, en cambio, “desertaban del hogar”.
Así se fueron conformando momentos históricos con marcadas diferencias entre un ámbito privado (doméstico) y otro público. Es a partir de la Revolución Industrial que la mujer comienza a ocupar un lugar social más calificado. 
A partir de la inclusión de la mujer en el ámbito publico, las relaciones familiares se vieron modificadas significativamente. Los roles comienzan a ser intercambiables entre ambos sexos. 
La transformación de la familia se debe, principalmente, al cambio ascendente de la esperanza de vida, en especial entre los individuos más ancianos, y a la disminución de la natalidad, que acentúa esta tendencia provocando que las familias sean “más ancianas” que en otros tiempos. 
Esta realidad, que evidencia un incremento de adultos mayores muy envejecidos y con mayor posibilidad de presentar fragilidad, tiene como correlato el hecho de que a medida que la familia envejece, surgen nuevas preocupaciones y ocupaciones en el horizonte familiar: cuidar durante años a padres ancianos y frágiles.
El efecto de la longevidad y la posibilidad de envejecimientos más frágiles generan incertidumbre en todos los integrantes de la familia. Cinco generaciones deben afrontar relaciones familiares desconocidas hasta el momento y desempeñar nuevos papeles y funciones.


2.2. TEORÍAS DEL ENVEJECIMIENTO (13)


Existen diversas teorías sobre el envejecimiento que buscan dar cuenta en qué forma se desarrollan los cambios en los sujetos a medida que envejecen. Cada una de ellas pone de manifiesto diversidad de lecturas, atravesadas por concepciones histórico-sociales, psicológicas e ideológicas. 


2.2.1. TEORÍA DE LA DESVINCULACIÓN


Esta teoría se basa en la disminución de contactos sociales que ocurren con la vejez. “...El envejecimiento normal se acompaña de un distanciamiento o ‘desvinculación’ recíproca entre las personas que envejecen y los miembros del sistema social al que pertenecen -desvinculación provocada ya sea por el mismo interesado o por los otros miembros de este sistema.” (Cumming)
La desvinculación está relacionada con tres causas principales:


- La pérdida de roles.


- El aumento de la conciencia de finitud. (Kalish)


-Los cambios biológicos no permitirían mantener conductas activas.


Es importante señalar que los autores consideraban que este retiro tenía fines adaptativos tanto a nivel individual como social, porque posibilitaba el recambio generacional. 
Esta teoría recibió fuertes críticas a nivel científico e ideológico, debido a que incentivaba la segregación de este grupo etáreo.

2.2.2. TEORÍA DE LA ACTIVIDAD   


Plantea la importancia de los contactos sociales y de las actividades que realicen los sujetos. Presume que existe una relación entre la satisfacción vital y la actividad social. (Havighurst)
Describe tres tipos de actividades:
- La informal, con amigos y vecinos.
- La actividad formal, el participar en grupos voluntarios o socio-recreativos.
- La actividad solitaria, que se realiza de forma independiente.


Entendían que las actividades informales fortalecían, al mismo tiempo que contribuían a reafirmar los roles de un sujeto y a restablecer las miradas positivas sobre el sí mismo. 
Es necesario destacar que no es la actividad por sí misma la que resulta beneficiosa, sino lo que para el individuo tiene sentido de realización y disfrute.

2.2.3. TEORÍA DE LA CONTINUIDAD  


Propone que no hay ruptura absoluta ni transición brusca entre la edad adulta y la tercera edad, sino que se trata de cambios azarosos como consecuencia de las dificultades de la adaptación a la vejez. Se mantendría una continuidad y estabilidad entre estas dos etapas. (Rosow; Neugarten; y Atchley).
Esta teoría se basa en dos premisas básicas:


- El paso a la vejez es una continuación de experiencias, proyectos y estilos de vida del pasado.


- Las personas, cuando envejecen, aprenden a utilizar diversas estrategias de adaptación.


2.2.4. EL ENFOQUE DEL CICLO VITAL  


Incluye diversas teorías desde una perspectiva más abarcativa. Sus precursores fueron Erikson y Neugarten, siendo retomadas por múltiples investigadores, como Baltes, Lehr, Birren o Thomae.
Se basa en los siguientes postulados:
- El envejecimiento entendido como proceso de diferenciación progresiva. 
En los seres humanos, a medida que envejecen, la variabilidad interindividual aumenta por razones genéticas y del ambiente (Pedersen; Neugarten; Thomae; Lehr; Neugarten y Datan; Baltes y Mayer).


- Reconceptualización del desarrollo y el envejecimiento.


El desarrollo y el envejecimiento deben entenderse como procesos simultáneos y permanentes durante la vida, en los cuales se conjugan ganancias y pérdidas, así como múltiples influencias y orientaciones (Dulcey Ruiz y Uribe Valdivieso).


-Irrelevancia de la edad cronológica.
Berenice L. Neugarten consideraba que la edad cronológica es relativa como factor causal, descriptivo u organizativo de la vida humana. La importancia radica  en aquello que ocurre durante ese tiempo y no en el tiempo transcurrido.
-Multidimensionalidad, multidireccionalidad, plasticidad y discontinuidad. (Thomae, Lehr, Birren, Neugarten, Baltes).


La continuidad y la discontinuidad están presenten en la vida de todos los individuos. Pedersen señala con respecto a la plasticidad que “en términos absolutos el efecto genético es estable”, “Si la varianza del entorno se incrementa y se distribuye en forma equivalente, la importancia de la genética no se incrementa”.


2.2.5. SELECTIVIDAD, OPTIMIZACIÓN Y COMPENSACIÓN - SOC


Baltes y Staudinger, desde el enfoque de la psicología positiva, señalan que el ciclo de la vida implica multidimensionalidad, multidireccionalidad y también selectividad (S), optimización (O) y compensación (C).
-La selectividad se refiere a darse cuenta de las oportunidades y las restricciones en los diferentes dominios de funcionamiento (biológico, social e individual) y proceder de acuerdo a éstas.


-La optimización implica identificar los procesos involucrados en la adquisición, la aplicación de medios para alcanzar las metas.


- La compensación está relacionada con la búsqueda de alternativas para superar las pérdidas sin tener que modificar las metas.


2.2.6. TEORÍA DEL INTERCAMBIO SOCIAL 


Dowd y Bengtson y Dowd consideraban que el motivo de la disminución en la interacción entre los viejos y los jóvenes, era la consecuencia de los escasos recursos de los viejos para ofrecer en el intercambio social.
Una posición diferente sostenían Pillemer, Moen, Wethington y Glasgow al considerar que los lazos promueven la integración social, facilitando oportunidades de participar en la vida social. Cuando la integración social es insuficiente y escasa genera falta de integración en la comunidad.


2.2.7. TEORÍA DE LA SELECTIVIDAD SOCIO - EMOCIONAL  


Cartensen plantea que los cambios en la red social no se deben al resultado de una pérdida, sino a un cambio motivacional en las metas sociales. Las personas prefieren interactuar con quienes mantienen relaciones más estrechas. La disminución de la red social es interpretada como una elección de objetos más significativos para el sujeto.


2.2.8. TEORÍA DEL APEGO 


Bianchi (1992) retoma este concepto de Bowlby. Por apego entiende la idea de un vínculo afectivo muy fuerte. A partir de este vínculo, el sujeto reconoce la propia existencia. Puede tomar las formas extremas del amor de objeto y de identificación, que comprenden tanto el odio como el amor.
En la sociedad actual prevalecen aún representaciones y estereotipos sociales negativos que tienen incidencia sobre los adultos mayores. El “viejismo” es el prejuicio que existe sobre el adulto mayor por el simple hecho de ser viejo. Subyace en el “viejismo” el miedo a envejecer que hace que esta franja etárea, pueda ser segregada y discriminada en las diferentes esferas sociales.
Todas las culturas tienen un cúmulo de conductas negativas hacia las personas viejas; inconcientes algunas veces, pero muchas veces concientes y activas. 
Las teorías más actuales sobre el envejecimiento tienden a modificar la mirada social sobre el adulto mayor, ubicando al sujeto envejecido en una posición de mayor valoración y reconocimiento de sus recursos y potencialidades.
Los medios de comunicación, como representantes de la sociedad, tienen una gran responsabilidad en la imagen que se tiene sobre los adultos mayores y, por lo tanto, sobre la propia percepción que los mayores tienen de sí mismos. 


3. ASPECTOS PSICOLÓGICOS   


Diferentes autores plantean que el proceso de envejecimiento está determinado por variables intrasubjetivas e intersubjetivas, que generan diferencias entre un individuo y otro. 
“La variabilidad interindividual implica que a medida que se envejece las personas tienden a ser más heterogéneas, más distintas unas de otras en el funcionamiento psicológico, fisiológico o social (…). Las personas mayores presentan más diferencias entre sí que una muestra comparable de personas más jóvenes. Además, los cambios que se producen asociados al envejecimiento no tienen porqué aparecer en el mismo momento y grado en todas las personas mayores”. (28)


“La edad cronológica, no es un indicador exacto de los cambios que acompañan el envejecimiento”, “Envejecer es un largo proceso de extraordinaria variabilidad interpersonal: podría decirse que existen tantas formas de envejecer como número de habitantes, en un determinado contexto de referencia.” (18) 


“…Las personas no maduran y envejecen de la misma forma, sino que cada individuo presenta una trayectoria evolutiva única debido a la influencia de su herencia genética, de su historia de aprendizaje, de su estilo de vida e historia particular.” (17) 

Los autores mencionados hacen referencia a las variables individuales en el proceso de envejecimiento. La historia de vida, las condiciones de salud y enfermedad, la personalidad previa, la modalidad vincular, determinan el modo de envejecimiento personal. La subjetividad subyace a lo largo de la vida de las personas, existiendo una estrecha relación entre cómo se envejece y cómo se ha vivido.
Es a partir de la mediana edad que comienzan a manifestarse en el sujeto las primeras percepciones de los cambios corporales que forman parte del proceso de envejecimiento. “…Un poco antes de la mediana edad se comienza a tener registro de una serie de diferencias entre el esquema e imagen corporal y las practicas y eficacia del cuerpo…”. (22).
Neugarten (20) plantea que en la mediana edad se evidencian tres rasgos intrapsiquícos: la progresiva toma de conciencia del paso del tiempo, el incremento de la interioridad, y la personificación de la muerte, que confrontan al individuo con su propio envejecimiento: 


-El cambio en la percepción del tiempo, se refiere a la inversión que se produce al pensar el futuro como aquello que queda por vivir.
-El incremento de la interioridad supone una mirada introspectiva e implica un balance vital acerca de uno mismo.
-La personalización de la muerte, con la muerte de pares y amigos, hace que ésta se convierta en una posibilidad real para el sujeto.


En la vejez, el sujeto debe realizar un proceso de adaptación y adecuación a los cambios corporales y psicológicos. Se impone un trabajo de duelos difíciles: pérdidas de partes del cuerpo (disminución funcional), del Yo (debilitamiento de sus defensas) y del rol social y familiar, en el que el sistema narcisístico se ve involucrado.
La percepción del paso del tiempo, la declinación funcional, la cercanía de la muerte, generan sentimientos de incertidumbre e inseguridad que hacen al sufrimiento existencial. El incremento de los duelos y la conciencia de finitud confrontan al sujeto con aquello que se tiene y aquello que se pierde en el devenir del ciclo vital. Cada duelo marca el registro del antes y del después. La resignificación del pasado y la aceptación de la realidad actual permiten proyectarse hacia un futuro de acuerdo a sus posibilidades. 
Cuando el paso a la representación psíquica del proceso de envejecimiento se ve impedida, surge una ansiedad inespecífica, no representable ni verbalizable, que deja al sujeto expuesto a un aumento de tensión y a su consecuente angustia desorganizante. 
El envejecimiento no está predeterminado por la presencia o ausencia de enfermedad física o psíquica, sino por la capacidad adaptativa del sujeto para afrontar las situaciones que le toca vivir y que determinarán la calidad de vida y los modos de envejecer. 
El concepto de normalidad conduce a otro gran tema que es el de la salud. En 1946 la Organización Mundial de la Salud (OMS) planteó en el preámbulo de su constitución: “La salud es un estado de completo bienestar físico mental y social y no solamente la ausencia de enfermedad. Se hace mención al derecho fundamental de la salud y al grado máximo que un ser humano puede lograr”. Alrededor de la década de los ‘50 comienza a incluirse el concepto de bienestar frente a la enfermedad y, junto con esto, la aparición del constructo “calidad de vida”, que mide el grado de bienestar desde un registro más integral. (9)
Desde el punto de vista funcional en 1959 el ADVISORY Group de la OMS planteó que “…La salud de lo viejos es mejor medirla en términos de función, (...) el grado de ajuste más que la falta de patología debe ser usado como la medida del monto de servicios que el viejo requiere de la comunidad”. (24)
El envejecimiento es un proceso dinámico que comienza a esbozarse a partir de los primeros cambios que acontecen en la mediana edad. El sujeto deberá adaptarse a una serie de modificaciones en su cuerpo, en sus conductas y en los roles a desempeñar. Cuando este proceso se desarrolla, el adulto mayor logra un sentimiento de integridad personal, de confianza en sí mismo y de optimización de sus recursos frente a lo disruptivo que pueda suceder. La soledad, el aislamiento, el sentimiento de pérdida no es patrimonio de la vejez; sin embargo, la acumulación de pérdidas, la probabilidad de mayor soledad y la disminución de nuevos objetos aumenta las condiciones de vulnerabilidad.
La representación psíquica de los cambios acontecidos permiten al sujeto la concientización de su historia. Este movimiento promueve en el adulto mayor, tanto la capacidad de búsqueda de nuevos objetos a investir, como así también la inclusión de éste como trasmisor dentro de la cadena generacional.


 Buenos Aires, mayo 2010.


  BIBLIOGRAFÍA


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Articulos Cientificos
Curriculum del autor/a

Sara Chapot

chapotsara@fibertel.com.ar

Licenciada en Psicología, Profesora Regular Adjunta de la Cátedra de Psicología de la Tercera Edad y Vejez de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Directora del Área de Adultos Mayores de la Sociedad Hebraica Argentina. Miembro del Área Adultos Mayores de Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires. Presidente de la Asociación Latinoamericana de Psicogeriatría y Psicogerontología. Ex terapeuta del Equipo de Psicogeriatría de la Liga Israelita Argentina. Terapeuta de adultos, adultos mayores y del área de inter-consultas de la Fundación PROSAM. Autora de artículos de la especialidad en diversas publicaciones científicas. Co-compiladora del libro: Temas de Psicogerontología: investigación, clínica y recursos terapéuticos. Buenos Aires, Ed. Akadia, 2009.

Patricia Guido

patriciaguido@fibertel.com.ar

Licenciada en Psicología. Docente de la Cátedra de Psicología de la Tercera Edad y Vejez de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Profesora Titular de Psicología en la Maestría en Gerontóloga Clínica del Instituto Universitario de Ciencias de la Salud de la Fundación Barceló. Coordinadora del Equipo de Psicogeriatría de la Liga Israelita Argentina 1994-2000. Vice-Presidente de la Sociedad Argentina de Gerontología y Geriatría 1999-2002. Miembro de la Asociación Latinoamericana de Psicogeriatría y Psicogerontología. Terapeuta de adultos, adultos mayores y del área de inter-consultas de la Fundación PROSAM. Autora de artículos de la especialidad en diversas publicaciones científicas. Co-compiladora del libro: Temas de Psicogerontología: investigación, clínica y recursos terapéuticos. Buenos Aires, Ed. Akadia, 2009. 

Marcela Lopez

marcelablopez@fibertel.com.ar

Licenciada en Psicología. Miembro Fundador de la Asociación Instituto Psicosomático de Buenos Aires. Miembrode la Asociación Latinoamericana de Psicogeriatría y Psicogerontología. Psicoterapeuta del equipo de Psicogeriatría de la Liga Israelita Argentina 1984-2004. 
Ex coordinadora del Hospital de Día Geriátrico de la Liga Israelita Argentina 1992-1994. Coordinadora del Equipo de Psicogeriatría de la Liga Israelita Argentina 2000/2003. 
Psicoterapeuta del Área de Adultos y de inter-consulta de la Fundación PROSAM. 
Autora de diversos artículos publicados en libros y revistas científicas. Co-compiladora del libro: Temas de Psicogerontología: investigación, clínica y recursos terapéuticos. Buenos Aires, Ed. Akadia, 2009.